Morón en perspectiva: el fin de la excepcionalidad cubana
En Cuba no ocurre nada excepcional. En cualquier época y contexto en que un gobierno ha empobrecido a la gente, desconocido la voluntad popular y reprimido con violencia; la protesta social ha sido la respuesta. Esta es una crisis eminentemente política. Nos creyeron invisibles; no lo somos. Para ellos no existimos; pero estamos aquí.
El discurso en una habitación silenciosa
La población ya no se reconoce en el monólogo y cada día, cada noche, ha comenzado a construir su propia plaza pública en los márgenes digitales o en las calles de los barrios, donde el control narrativo del Estado se disuelve entre escasez y gritos de libertad.
La oposición cubana y la unidad
Un frente común para conseguir el fin del régimen actual, no implica que nadie deba abandonar sus ideas o disolver organizaciones; solo significa que articulemos las voces hasta lograr la caída de la dictadura e instaurar un sistema democrático en Cuba. Una vez conseguido este objetivo, cada cual será libre de posicionarse política e ideológicamente donde lo desee.
«Para que volvamos todos», el 18 de febrero y sus lecciones
Somos los cubanos, de la Isla y del exilio, quienes debemos exigir justicia, libertad y democracia, pero, sobre todo, los que debemos velar porque estos principios lleguen a consolidarse en el futuro. Quizás entonces podamos decir, volviendo la vista atrás, que una tarde de febrero, en Madrid, se respiró el aire de una Cuba libre tras más de seis décadas de intransigencia y exclusión.
¿Lavado de cerebro o un simple enjuague?
El pueblo está reaccionando como debe: exigiendo que se respeten sus derechos y se atiendan sus necesidades más elementales. Muchos han estado encarcelados por esto, y aún lo están. Aunque cabe avalar que aquellos que desde el principio lograron entender la verdadera naturaleza autoritaria del grupo de poder, dieron ejemplos de lucha y sacrificios que entonces no fueron reconocidos debidamente como patriotas. Sus nombres han sido borrados o los mancillaron llamándolos «traidores» y «vende patrias».
Cuba ¿derrumbe o agotamiento acelerado? Claves para no errar en la solución
Cuba no comenzará a transformarse el día en que cambie un gobierno, sino cuando se modifique la comprensión colectiva de cómo se genera prosperidad y soberanía. El verdadero desafío no es predecir el colapso, sino prepararnos para el rediseño. Y el rediseño empieza por algo básico: entender que sin pluripartidismo, respeto a los derechos humanos, democracia y competitividad económica, no hay soberanía sostenible.
Una isla que aprende a dudar
Hoy, en las grietas del sistema educativo cubano, aparece algo nuevo: estudiantes que preguntan sin levantar la mano, docentes que insinúan más de lo que dicen, familias que ya no creen del todo. El cambio no vendrá; ya está aquí, aún sin los cambios curriculares que serán necesarios, sino con algo más modesto y radical: la existencia de una duda ante la realidad. Y ahí están el 11 de julio y las mil y una protestas de estos tiempos para probarlo.
Petición ciudadana por una Ley de Amnistía en Cuba
La libertad de nuestros presos políticos, en medio de la crisis humanitaria que vive el país, es un tema urgente que interpela hoy a la responsabilidad, el sentido de justicia y el humanismo de cada cubano, y es, asimismo, un punto que ha logrado articular a un espectro amplísimo de opiniones. Esta no es solo una petición amparada en la ley y el ejercicio de un derecho, sino una acción simbólica y cívica.
!Por la Amnistía YA!
Esta petición nace del dolor silencioso de muchas familias cubanas y de la convicción de que ningún conflicto justifica prolongar el sufrimiento humano. Ponte en sus zapatos. Que nuestros presos no sean nuestro escarmiento, sino nuestra inspiración. Firmar por la liberación de nuestros presos políticos es firmar por la libertad de todos los cubanos.
Ser diferentes: del estigma al enigma
Los recientes movimientos en Serbia, París, Nepal, Madagascar, Marruecos, Indonesia, Perú y México, por sólo citar los últimos casos, muestran a poblaciones de diferentes continentes, culturas, razas y religiones, compartiendo características como la bandera pirata con sombrero de paja del anime One Piece, la movilización no violenta en la mayoría de los casos, y el desapego a las formas tradicionales de identidad política.
Legado en ruinas
El nuevo año 2026 será el del centenario de Fidel Castro y, paradójicamente, llega cuando las dos columnas fundamentales de su legado aparecen en ruinas. Por un lado, el relativo bienestar que el régimen construyó durante décadas como base material de su pacto social se ha desmoronado ante los ojos de todos. Por otro, el sistema de control, represión y culto al poder que sostuvo a ese modelo muestra signos claros de agotamiento.
La paradoja de 2025
2025 nos enseñó que el desgaste físico del régimen comparte una raíz con el surgimiento de una crítica política más consciente y amplia. En las grietas del colapso material hemos visto florecer formas de compromiso que aspiran a transformar Cuba. Esa tensión entre ruina y posibilidad es, quizás, la trama más significativa de este año que dejamos atrás.
El desprecio como forma de gobierno
El castrismo se fundó sobre una premisa ambiciosa y peligrosa: el pueblo cubano —con sus hábitos, creencias, aspiraciones y límites— no era adecuado para el proyecto político que se pretendía construir, por ello era necesario transformarlo, corregirlo, sustituirlo. De ahí la tesis del «hombre nuevo», presentada como ideal ético al que aspirar, pero utilizada en la práctica como coartada para reprimir al hombre existente.
La esperanza como acto cívico
En esta penumbra que atravesamos, desde CubaXCuba insistimos en algo esencial: cuidar la vida, la verdad y la dignidad es una forma concreta de disputar el futuro. A través de actos de solidaridad y resistencia —a veces silenciosos o en apariencia mínimos— hemos logrado que el país que anhelamos empiece a nacer en medio de las ruinas de un régimen que se muere. Esa es, hoy, la certeza que defendemos y la que nos sostiene.
Adiós al 2025
Casi finaliza el 2025, año de carencias extremas y sacrificios inútiles que no son compartidos por los que nos mal gobiernan desde hace tanto, descansando, protegidos supuestamente por una ideología. El año nuevo está a la vuelta de la esquina. Por eso pienso que la única «consigna» justa que debiéramos repetir ahora, sería hacer realidad aquello que a menudo deseamos en estas fechas: Feliz y próspero 2026. No sé el cómo, pero tal vez este año sea el cuándo.
De la estricta observancia de los derechos humanos
No se adquieren derechos por adoptar, seguir o defender determinados principios establecidos por organizaciones o individuos investidos de poder. Al ser humanos, no podemos ser tratados de otra forma que humanamente, con independencia de nuestras opiniones políticas.
«Yo no sabía», el himno moral de nuestro tiempo
Del mismo modo que muchos ciudadanos del Reich optaron por no ver las cenizas que caían sobre los vidrios de sus ventanas, o fingieron no escuchar el sonido de los trenes que regresaban vacíos de los campos de exterminio, la indiferencia hacia la suerte de los presos políticos cubanos está lejos de ser un gesto neutro. Es, por el contrario, una forma de colaboración pasiva con el engranaje que los priva de libertad.
La Isla en hueso
Sea porque se borran, sea porque redundan (y no dicen nada), la Patria y el Socialismo que nos dibujaron —que nos prometieron— tras la oleada revolucionaria de 1959, cada vez más son solo eso, un vago y triste dibujo, una promesa falaz que yace bajo el peso abrumador de la única certeza: la muerte.
No son 18, somos millones los que queremos un cambio en Cuba
No son solo 18 directivos de El Toque, somos millones quienes aspiramos a una Cuba próspera, plural y democrática, millones que sabemos que el futuro no se forja silenciando voces, sino escuchándolas. Nuestro respaldo es un compromiso con el derecho de todos a pensar el país que queremos sin pedir permiso a ningún poder.
Por la dignidad de todos, todos
El proyecto de homogeneizar a la totalidad de los ciudadanos bajo el rubro de «revolucionario» o «comunista», sin considerar la natural variedad de modos de ser de los humanos y, sobre todo, prescindiendo de que estos pudieran formar parte normal de nuestra existencia socio-política, lesionó en gran medida el desempeño ecuánime y benéfico de nuestra sociedad.