El daño del daño antropológico: notas críticas desde la antropología política
Si nuestras miserias provienen de un daño social compartido que nos ha quebrantado el espíritu y parte de nuestra esencia, y si ese daño continúa siendo validado por los cubanos de la Isla y la diáspora, entonces el destino de nuestra nación quedará indefinidamente en manos de supuestos salvadores que decidirán por nosotros. Si no estamos antropológicamente rotos, ¿qué hacemos con todo lo que sí está roto?
El daño antropológico y el sujeto sano: notas críticas desde la antropología política
El daño antropológico cumple una función retórica comprensible: nombra un sufrimiento real y le da forma narrativa, pero presenta (o permite presentar) ese sufrimiento como evidencia de lo que somos, en lugar de como consecuencia de lo que hemos vivido. La alternativa no es negar que exista sufrimiento, deterioro o costo psíquico bajo la dominación prolongada, sino reemplazar la pregunta totalizante: «¿está dañado este pueblo?», por preguntas más precisas y verificables: ¿qué pasa con la salud mental, la esperanza de vida, la libertad de prensa, el número de protestas, las tasas de migración, aquí y ahora?
Luisma, la conga y el daño antropológico
¿Cómo en un país sin medicinas, sin corriente, sin comida y sin futuro hay gente sudando, bebiendo, cantando obscenidades? ¿Cómo Luis Manuel Otero, tras cinco años de celda, salió riéndose, hablando de trabajo y de sexo como cualquier ser vivo? Hay quienes miran esa vitalidad desde el exilio y sienten que les desmiente el desastre; hay quienes la miran desde el poder y encuentran confirmada su tesis de siempre. Eso no es pueblo, es lumpen. El poder del exilio necesita a Cuba convertida en fotografía de hambre; el otro, al pobre convertido en agente acéfalo.
Del meme al cacerolazo: la infrapolítica en Cuba como límite y posibilidad
¿Qué sucede ahora que sí se protesta, cuando en otros momentos, probablemente, había razones para hacerlo y sin embargo no se hacía? Porque tener motivos para protestar no equivale per se a sentirse capaz de hacerlo; sentirse capaz no implica reconocer que otros comparten el mismo malestar; y reconocer ese malestar compartido tampoco garantiza la capacidad de organizarse para protestar.
Vindicación del cacerolazo
Si el camino más largo comienza con el primer paso, los cacerolazos pueden representar el primero hacia la formación de un verdadero ciudadano para una república verdaderamente democrática. El 11 de julio lo fue, aunque en apariencia se frustró, y lo fue antes el 27 de noviembre, que sirvió para demostrar que también en una parte de la intelectualidad cubana están naciendo el compromiso y el concepto de ciudadano.
A 5 años del 11J: una tormenta perfecta
A cinco años del 11J, las causas que originaron el levantamiento nacional noviolento no solo persisten, sino que se han agravado. Esto empuja a un número cada vez mayor de personas desde las zonas de apatía o indiferencia hacia zonas de activismo. Se han producido miles de mini 11J desde 2021 hasta el presente, por lo que la probabilidad de un nuevo evento macro a nivel nacional es cada vez más cercana. Una nueva tormenta, posiblemente más perfecta, se está gestando a diario dentro de la Isla.
Ceder es también patriotismo
Ninguna ideología puede estar por encima de la vida útil y beneficiosa de la nación y de sus habitantes. En tiempos de dificultades, todo lo que limite el vencimiento de obstáculos, así como la consecución de mejoras palpables, debe ser relegado. Que quede apenas como una advertencia para no volver a transitar por esos senderos de infertilidad.
La pregunta por el mañana: ¿hay adónde volver?
La Cuba perdida es algo concreto. Se extrañan caras con personalidad; barrios con historias; recuerdos personales. Lo que identifica a uno no tiene por qué hacerlo con otro. Entonces se necesita llegar a un acuerdo y partir de bases comunes: asumir el trauma, y desde allí, reconstruir un imaginario que abarque todos los elementos unificadores. Eso empieza a ser «lo cubano».
Dignidad y discontinuidad humana
Toda estructura de poder debería preguntarse en qué momento preservarse comienza a producir más daño que estabilidad. Llevar a alguien a dudar de sí mismo, a no sentirse merecedor de una mirada y una vida plenas, es una forma de abuso sostenido y una de las reducciones más dolorosas de la condición humana.
Biotec, Faxon, Starlink y el ágora de la Cuba Transnacional
La pregunta no es solo si Cuba tendrá Internet. La pregunta es qué tipo de país puede nacer alrededor de esa conexión: otra concesión administrada desde arriba, o una red de municipios conectados, productivos y capaces de aprender, cooperar y pensar por sí mismos. Tal vez la respuesta dependa de si logramos convertir la conexión en ágora imperfecta, conflictiva, cubana, transnacional y necesaria.
La geopolítica y el hombre nuevo en Cuba
¿Se debe optar por el cambio en virtud de las acciones de terceros foráneos, o es la opción ciudadana viable en el escenario actual? Si echamos una ojeada analítica a la historia, nos muestra que la última opción es siempre posible, aunque no siempre se cumpla. Un paso apropiado en esa dirección sería zanjar la brecha entre la intelectualidad y el activismo, articulando una «visión combinada del mañana» capaz de reflejar las aspiraciones de todos los que anhelan un cambio genuino.
El choteo político en Cuba, o de qué nos burlamos los cubanos
Si todo es susceptible de ser reducido a chiste, entonces la posibilidad de construir consensos mínimos se vuelve compleja. Es la ambivalencia que ya señalaba Mañach: el choteo como forma de crítica, pero también como límite. Nos tocará superarlo, o al menos entenderlo, para lidiar con él.
Creer sin excluir: una tarea pendiente del evangelio en Cuba
La mayoría de quienes hoy usan el lema «Cuba para Cristo» lo hacen desde el legítimo deseo de encontrar esperanza en medio del naufragio. El problema no es que ellos tengan esperanza en Cristo; el problema radica en cuando esa esperanza se formula de tal manera que, sin buscarlo, excluye a otros cubanos que también esperan, aunque la nombren de forma distinta. Porque Cuba no es solo de los cristianos. Necesita una espiritualidad que una, no que divida; que convoque, no que expulse.
La palabra como delito. El grupo de los cuatro: «la Patria es de Todos»
Actualmente se judicializa la protesta espontánea, incluso de personas sin historial político. Ello refleja una radicalización del control estatal, pues el disenso ya no necesita ser articulado ni ideológicamente estructurado para ser castigado. Se acusa siempre de «mercenarismo y financiamiento de potencias extranjeras», aunque solo se trate de la expresión de un descontento legítimo que reclama el cambio. Sea, la palabra como delito.
Cuba: Un puente que hay que construir
La Cuba del futuro tendrá que construirse como un puente y levantarse desde dos orillas al mismo tiempo. No hay otra manera. Una sola orilla construyendo hacia el vacío no produce un puente, sino un muelle, una plataforma de salida, una estructura que solo sirve para alejarse. El puente requiere que las dos orillas trabajen hacia el centro simultáneamente.
El Servicio Militar y los que no regresaron
¿Qué son, si no presos, los jóvenes obligados a cumplir un servicio militar que no eligieron, sometidos a trabajos forzados, expuestos a la violencia y privados de toda capacidad de decisión sobre sus propias vidas? Un preso político y un recluta no son lo mismo, pero comparten el mismo principio: la privación de libertad sin consentimiento ni garantías.
Habermas en La Habana
En Cuba, las organizaciones sociales y de masas, lejos de constituir actores autónomos de la sociedad civil, funcionan como mecanismos de movilización y control político. Esto contrasta con la concepción de Habermas de una sociedad civil vibrante y plural, capaz de generar opinión pública crítica y de influir en la toma de decisiones políticas.
El hombre piensa como vive
José Martí escribió: «La patria es ara y no pedestal». Tal vez quiso recordarnos que la nación no es escenario para el ego, sino espacio sagrado de responsabilidad compartida. Si la entendemos como un lugar de cuidado y no de exhibición, quizá podamos mirarnos con menos sospecha y más humanidad.
Identidad en suspenso. Exilio, trauma colectivo y normalización del daño
En ese punto reaparecen las preguntas que acompañan al exilio prolongado: ¿empezar de nuevo?, ¿callar?, ¿irnos otra vez?, ¿a dónde? No es indecisión individual, sino expresión de una condición persistente de precariedad simbólica, de esa forma de extranjería que no termina de resolverse y que devuelve, una y otra vez, la conciencia de nuestra condición de parias.
Morón en perspectiva: el fin de la excepcionalidad cubana
En Cuba no ocurre nada excepcional. En cualquier época y contexto en que un gobierno ha empobrecido a la gente, desconocido la voluntad popular y reprimido con violencia; la protesta social ha sido la respuesta. Esta es una crisis eminentemente política. Nos creyeron invisibles; no lo somos. Para ellos no existimos; pero estamos aquí.