Transformar la economía exige transformar el poder
El horizonte que proponen, una economía social de mercado sustentada en un Estado democrático de Derecho, es lo contrario de lo que el poder ha ofrecido: cambiar el modelo económico para no cambiar nada en lo político. Para los autores, la crisis cubana no es solo económica, sino la expresión del agotamiento de un arreglo institucional que concentra el poder económico y político, y que por ello exige la sustitución del modelo vigente, no su retoque.
Crónica de una metamorfosis anunciada: el Cangrejo que quiere ser mariposa
Que el Cangrejo no se confunda, y que no se confundan tampoco quienes lo acechan desde las dos orillas. Si algo va a revitalizar a Cuba, si algo la ha revitalizado siempre, no es el caparazón que muda, sino el pueblo que resiste debajo, el que llegó al límite de la resiliencia y todavía está de pie. Ese pueblo no necesita que le administren la próxima apertura; necesita que, por primera vez en sesenta y siete años, nadie se la robe.
Élites, continuidad y cambio político en Cuba
Más que una revolución congelada en el tiempo, el régimen cubano ha mostrado la capacidad adaptativa de una élite gobernante que ha sabido transformarse sin perder control estratégico. Y esa es quizá la principal lección del caso, los sistemas políticos no cambian necesariamente cuando cambian sus rostros visibles. Cambian cuando se fracturan las estructuras que sostienen el poder.
Raúl Guillermo, el último Castro
Raúl Guillermo Rodríguez Castro representa la degradación de un modelo político y de los hombres y mujeres que lo impusieron; pero, a la vez, es la defensa de ese modelo político. Porque nos habla del ritmo incesante de Nueva York, del romanticismo y la gastronomía de París y de la opulencia de Moscú, sin mencionar palabras como «democracia», «derechos» o «libertades».
Partido de Martí / Partido de Lenin
Para restituir la democracia, ha de fundarse una sociedad basada en los principios martianos, cuyo rasgo esencial deberá ser «la intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización», así como la condena a «quien anteponga la autoridad de su persona o de su camarilla a la concordia y unificación de su país», único modo efectivo de enfrentar las amenazas y los peligros internos y externos.
El modelo GAESA «de tiburón autofago»
La agonía del modelo GAESA de explotación no parece agotar las posibilidades del grupo de poder castrista, que aspira a sobrevivir a la administración Trump y no se queda de brazos cruzados. ¿Serán capaces de transferir las empresas de GAESA a entidades estatales para burlar las sanciones estadounidenses y luego privatizarlas directamente?
La nulidad del Partido Comunista de Cuba
Algunos plantean la necesidad de ser plurales y de permitir que el PCC forme parte del proceso de transformación. No me detendré a hablar de responsabilidad política e histórica, tanto del Partido como de sus miembros, el tema es que la institución como tal es la piedra angular del sistema que se quiere destruir. Mientras esa piedra esté en su lugar dentro del sistema, no importa cuántos elementos se cambien, estaremos hablando del mismo sistema.
Perestroika sin Glasnost o el arte de «dejar de ser, para seguir siendo»
Cuba no es la Unión Soviética de los ochenta, porque Internet ha abierto un espacio de información que entonces resultaba impensable. Sin embargo, en el caso cubano, esa apertura no procede de una política gubernamental orientada a la transparencia, sino que existe «a pesar» del Gobierno y perseguida por este. Lejos de cualquier glasnost, el Estado cubano penaliza toda forma de expresión, digital o física.
Ventriloquia política en la Cuba de los Castro
Lo que Raúl Guillermo no dijo, no se debe a una repentina conversión democrática, ni a una identificación suya hacia una posible apertura; se debe a que dichos términos estorban al negocio. Quien necesita inversión extranjera, comercio y un «modelo económico muy cubano», no puede seguir llamando «imperio», o «criminal», a su posible socio comercial.
¿Perestroika?
La brújula de Raúl Castro y su grupo no es Gorbachov, sino Putin. Internamente tendrán resistencia a un cambio sin democracia como meta de llegada. Y Estados Unidos, que es el único interés de los aprendices a capitalistas de la Isla, no parece dispuesto a aceptar la mano que le extienden. Hay que seguir muy de cerca este proceso. Nos compete a todos.
Desmontar el PCC sin desmontar el pluralismo
La democracia no es un eslogan de campaña, un concepto vacío o una trampa para ingenuos; ella es nuestro horizonte, el que nos permitirá superar décadas de exclusión política e impedirá que la patria sea convertida, de nuevo, en propiedad de una organización o ideología supremacista. Para lograrla, evitemos dos simplificaciones peligrosas: creer que basta con prohibir el PCC para desmontar el poder real, y confundir justicia democrática con proscripción de toda la izquierda.
¿Debería proscribirse el Partido Comunista de Cuba?
La democracia que construyamos deberá saber defenderse de quienes, como el Partido Comunista, son incompatibles con su existencia; pero también garantizar la participación de derechas e izquierdas, porque solo de su libre competencia y de la implicación de los ciudadanos nace el vigor de una democracia.
Adoctrinamiento y dogmatismo, dos eslabones de una misma cadena
Los que se aferran al poder han convertido en absolutos los dogmas que se acomodan a su conveniencia, desarticulan la libertad de expresión, la democracia y forman una casta de adoradores y burócratas pasivos o corruptos. El adoctrinamiento fracasó en Cuba, y lo demuestran las olas de migrantes a lo largo de estos años; la ciudadanía no quiere seguir esperando; los que callan lo hacen por miedo. El dogmatismo ha conducido al gobierno cubano a un callejón sin salida, pero la dialéctica se impone; llegará el cambio.
Algunas precisiones a la resolución presidencial de indulto masivo
Si el parlamento cubano realmente representara los intereses de la ciudadanía, exigiría al gobierno la inmediata puesta en vigor de los derechos refrendados por la Constitución, proclamaría una amnistía general verdadera, y llamaría a un plebiscito real donde quede plasmado lo que en realidad piensa y quiere el pueblo. ¿Será eso posible? En realidad, no lo creo.
El triángulo de la «descastrificación» para la reconstrucción cubana
Los tres vértices del triángulo de la «descastrificación» son simultáneos y se necesitan: sin justicia hacia los responsables, falta verdad; sin desmontaje interior del llamado «hombre nuevo», los hábitos del régimen sobreviven a su caída; sin tradición que la sostenga, la ciudadanía flota como barco sin amarras; y sin educación cívica, simplemente no hay ejercicio democrático posible.
A contracorriente: Cuba-Estados Unidos y la libertad
La dictadura cubana tendrá su fin, pero para que la transición ocurra, para que sea real y sostenible, se necesita una combinación inteligente de rutas; menos altisonante y con protagonismo de los sectores democráticos cubanos. El insuficiente conocimiento del adversario facilita a veces que, incluso queriendo ayudar a confrontarlo, se retrase el final.
Lowenstein, Schmitt y el rol de la complicidad intelectual
El autoritarismo necesita intelectuales, y que estos, rara vez se presentan como enemigos declarados de la razón. Hoy, permitir que intelectuales que justifican la tortura, la represión o la concentración del poder se presenten como simples «voces críticas» cumple una función análoga. Los intelectuales demócratas tienen la responsabilidad histórica de nombrar, confrontar y aislar a quienes utilizan el pensamiento como arma contra la libertad.
Formar ciudadanos antes de convocar electores
Un buen comunicador puede ser un buen político y un buen administrador; pero no lo es por el solo hecho de comunicar bien. Tampoco lo garantiza, conviene decirlo, la épica del activismo o la legitimidad de origen que otorga haber sido preso político o haber resistido a la dictadura. Son méritos morales incuestionables, pero no certifican por sí solos la capacidad de gobernar.
¿Orden constitucional o camuflaje escenográfico?
A pesar de su declarada pretensión de estar colocado por encima de la sociedad y del Estado, visto su escaso éxito en anticipar crisis, producir soluciones y reorganizar el sistema; el Partido Comunista y sus congresos cumplen la misma función en esas alturas que la que cumpliría un globo aerostático: dejar que el viento lo mueva. Solo mantiene la ficción de unidad y dirección y organiza discursivamente la continuidad.
Los futuros partidos políticos en Cuba
¿Transitará Cuba del unipartidismo autoritario a la polarización y la parálisis? ¿Podrá formarse una «coalición de poder» entre socialdemócratas y el partido de los empresarios? Con una población envejecida, ¿los jubilados impulsarán o frenarán el cambio? ¿Respaldarán a los intransigentes para evitar cambios, o a quienes buscan unir fuerzas entre liberales y socialistas?