«Cuba» sí es una amenaza, y el bloqueo también
Los cubanos merecemos un país en el que podamos vivir de nuestro trabajo, expresar nuestras ideas sin miedo, participar libremente en la vida política y construir nuestro futuro sin tener que abandonarlo. Cuba no le pertenece a un partido, a una familia poderosa ni a una casta militar; ella pertenece a todos los cubanos. Pero es preciso que el mundo escuche nuestra voz y no la de aquellos que, bajo nuestro cielo, nos oprimen.
Los cubanos lideran desde dentro
Desde fuera cabría preguntarse: ¿es Cuba capaz de llevar a cabo una transición democrática? Desde dentro, sin embargo, la pregunta es otra, más compleja: ¿cómo es realmente la sociedad civil cuando un sistema cerrado colapsa? ¿Hay manera de generar un impulso que ayude a abrirlo?
El gobierno cubano, ¿en busca de la paz social, o de la confrontación?
La represión puede sofocar rebeliones y restablecer el orden…, cuando no generaliza el caos. Generalizado el caos, aparece la alternativa: golpe militar o intervención extranjera. A veces siento la impresión de que nuestros gobernantes persiguen lo segundo. Pero ninguna de esas dos posibilidades es salida para Cuba, pues ninguna garantiza por sí misma la democracia y el progreso. Y ambas ponen en peligro el futuro de la república.
Cuba: ¿cuál socialismo es irrevocable?
La realidad cubana revela que el socialismo proclamado nunca ha existido: siempre fue un monopolio estatal que utilizó la retórica del socialismo sin cumplir sus fundamentos. La frase inicial del artículo 1 se convierte entonces en un postulado falaz, útil para legitimar al régimen pero vacío frente a la teoría y a la experiencia diaria de los ciudadanos. Entonces, si no hubo ni hay socialismo, ¿qué es lo que se declara irrevocable en Cuba?
Cuba 2026: crisis sistémica, continuidad autoritaria y posibilidades reales de cambio político
Cuba vive una profunda degradación de capacidades estatales y bienestar social, pero ello no equivale todavía al agotamiento inmediato del régimen. La estructura política conserva cohesión coercitiva y capacidad de adaptación. Por ello, la pregunta central no es simplemente si «Cuba caerá», sino qué actores, coaliciones, instituciones y garantías podrían gobernar una eventual transformación.
La concupiscencia de los fabricantes de miseria
El control sobre el espacio y el tiempo son los que le sugieren al poder la estructuración de la posibilidad de crear un espejismo a modo de esperanza. Así se comporta el poder de la ideología comunista: porque su pretensión es la de ser omnímodo, infalible, inexpugnable y omnisciente; y así continuará comportándose. Lo único necesario es aprender a conocerlo, para definitivamente tomar conciencia de que ¡jamás! nada bueno ha de esperarse de él.
Cuando el poder no se llama pueblo
La historia no promete una salida sencilla. En Europa del Este hicieron falta dos condiciones: una fractura interna del poder y una sociedad civil organizada. Ninguna existe hoy en Cuba, y el bloqueo no las crea. No divide a una élite que es una familia, y una sociedad sin electricidad, transporte ni espacio público difícilmente se organiza, más bien se dispersa.
La «piñata» de GAESA & asociados
Más allá del balbuceante rumbo de las 176 medidas, los representantes de GAESA agitan su suculento mazo de zanahorias (minerales estratégicos; turismo; puerto del Mariel y otras radas importantes al Atlántico y El Caribe; mano de obra calificada y barata,; infraestructura por reconstruir) ante las fauces hambrientas de Trump y sus amigos. ¿Será recibido por un Castro, o un castrista, en su prometida visita a Cuba siendo presidente?
Fidel Castro: el ciclo y el siglo
Los sucesores de Fidel Castro mantuvieron las instituciones coercitivas y el monopolio político, pero perdieron progresivamente el mecanismo personal que articulaba coerción, redistribución, movilización y legitimidad. El ciclo del castrismo llegó a su fin casi dos décadas antes de que se cumpliera el siglo de su artífice.
El viejo dilema cubano: reforma vs revolución
Se acabó el tiempo para las reformas al uso. Si se pretende un verdadero cambio para salvar al país, hay que marcar rumbo hasta llegar al fondo. Los cambios tienen sentido si, llegados a este punto, se emplean como táctica para arribar en el menor tiempo posible al reemplazo del sistema de partido único.
¿Deberían proscribirse el Partido Comunista y otros de izquierda en un escenario de democracia en Cuba?
Todos los militantes, tanto del PCC como de su «hija», la UJC, son culpables: unos por decisión y otros por resiliencia, oportunismo, o simple omisión. La opción de no pertenecer y de no aceptar la coerción siempre han existido. Ninguna violación de derechos, por leve que sea, debería quedar impune. Pero de ahí a proscribir el partido va un buen tramo. Un sistema que discrimina opiniones políticas que no violan derechos de los demás, no es un «Estado de Derecho», ni es democrático, por mucho que lo proclame.
Dentro del capitalismo todo, contra el poder nada
Mientras el discurso continúa apelando al socialismo, las reformas avanzan precisamente hacia su desmontaje, lo cual no es una mala noticia. Sin embargo, el resultado no es la transición hacia una democracia con economía de libre mercado abierta y competitiva, sino a un modelo híbrido, en el que la liberalización económica queda subordinada a la preservación del monopolio político. Se ha injertado en el tronco del totalitarismo cubano lo peor del capitalismo latinoamericano.
En torno a un Castro III
Cualquier proceso de transición que se abra en Cuba tendrá que partir de la expropiación de las propiedades, negocios y cuentas bancarias de la familia Castro y sus testaferros nacionales y extranjeros, por haber sido obtenidas mediante el robo y la usurpación de propiedad pública perteneciente al pueblo, iniciada por Castro I desde los inicios de la mal llamada Revolución en el Poder. Los expropiadores deberán ser expropiados y sus cuentas confiscadas.
Transformar la economía exige transformar el poder
El horizonte que proponen, una economía social de mercado sustentada en un Estado democrático de Derecho, es lo contrario de lo que el poder ha ofrecido: cambiar el modelo económico para no cambiar nada en lo político. Para los autores, la crisis cubana no es solo económica, sino la expresión del agotamiento de un arreglo institucional que concentra el poder económico y político, y que por ello exige la sustitución del modelo vigente, no su retoque.
Crónica de una metamorfosis anunciada: el Cangrejo que quiere ser mariposa
Que el Cangrejo no se confunda, y que no se confundan tampoco quienes lo acechan desde las dos orillas. Si algo va a revitalizar a Cuba, si algo la ha revitalizado siempre, no es el caparazón que muda, sino el pueblo que resiste debajo, el que llegó al límite de la resiliencia y todavía está de pie. Ese pueblo no necesita que le administren la próxima apertura; necesita que, por primera vez en sesenta y siete años, nadie se la robe.
Élites, continuidad y cambio político en Cuba
Más que una revolución congelada en el tiempo, el régimen cubano ha mostrado la capacidad adaptativa de una élite gobernante que ha sabido transformarse sin perder control estratégico. Y esa es quizá la principal lección del caso, los sistemas políticos no cambian necesariamente cuando cambian sus rostros visibles. Cambian cuando se fracturan las estructuras que sostienen el poder.
Raúl Guillermo, el último Castro
Raúl Guillermo Rodríguez Castro representa la degradación de un modelo político y de los hombres y mujeres que lo impusieron; pero, a la vez, es la defensa de ese modelo político. Porque nos habla del ritmo incesante de Nueva York, del romanticismo y la gastronomía de París y de la opulencia de Moscú, sin mencionar palabras como «democracia», «derechos» o «libertades».
Partido de Martí / Partido de Lenin
Para restituir la democracia, ha de fundarse una sociedad basada en los principios martianos, cuyo rasgo esencial deberá ser «la intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización», así como la condena a «quien anteponga la autoridad de su persona o de su camarilla a la concordia y unificación de su país», único modo efectivo de enfrentar las amenazas y los peligros internos y externos.
El modelo GAESA «de tiburón autofago»
La agonía del modelo GAESA de explotación no parece agotar las posibilidades del grupo de poder castrista, que aspira a sobrevivir a la administración Trump y no se queda de brazos cruzados. ¿Serán capaces de transferir las empresas de GAESA a entidades estatales para burlar las sanciones estadounidenses y luego privatizarlas directamente?
La nulidad del Partido Comunista de Cuba
Algunos plantean la necesidad de ser plurales y de permitir que el PCC forme parte del proceso de transformación. No me detendré a hablar de responsabilidad política e histórica, tanto del Partido como de sus miembros, el tema es que la institución como tal es la piedra angular del sistema que se quiere destruir. Mientras esa piedra esté en su lugar dentro del sistema, no importa cuántos elementos se cambien, estaremos hablando del mismo sistema.