No son 18, somos millones los que queremos un cambio en Cuba
La reciente ofensiva del gobierno cubano contra El Toque, con amenazas de extradición y cárcel a periodistas y directivos, trasciende lo jurídico y lo mediático. Aunque se disfraza como un diferendo generado por la tasa de cambio, en realidad revela el intento de un poder agotado por intimidar a quienes ofrecen información y análisis que permiten a la ciudadanía comprender su realidad material. Pretender que el conflicto es entre «el pueblo de Cuba» y «18 directivos de El Toque» es una maniobra retórica destinada a ocultar lo esencial: el gobierno no representa a «el pueblo de Cuba», y quienes anhelan cambios en el país no se reducen a un grupo de 18 ciudadanos.
El régimen, incapaz de gestionar la crisis estructural que él mismo ha generado, responsabiliza a quien la señala. La inflación, la precariedad energética, la fuga de talento, el colapso del sistema sanitario y el deterioro de la infraestructura no son productos de un algoritmo editorial ni de una tabla cambiaria publicada en redes sociales; son el resultado de políticas fallidas durante décadas.
El hostigamiento contra periodistas, intelectuales y activistas ha construido un exilio que se prolonga por generaciones. Cientos de cubanos no pueden regresar a su país por ejercer el derecho a informar o disentir. Cada expulsado deja una familia fragmentada: madres sin hijos, abuelos sin nietos, parejas separadas por miles de kilómetros. La represión disciplina al individuo que se expresa y castiga también a su entorno.
Frente a la prueba tangible del malestar cada vez más generalizado entre los cubanos, la narrativa oficial intenta reducir la disidencia a «focos manipulados desde el exterior». Esa simplificación es útil para quienes gobiernan, pero difícilmente resiste el más mínimo análisis. No existe algoritmo editorial que explique la inflación, ni nota periodística que produzca un éxodo, o infografía que genere una estructura de inversiones públicas tan deformada como la de Cuba. Eso lo hace un sistema incapaz de ofrecer bienestar, oportunidades y libertad.
El trabajo de El Toque, como el de otros medios independientes, responde a una necesidad compartida por millones de cubanos de contar con herramientas para comprender su realidad, indispensables para tomar decisiones en un contexto adverso. Por eso, castigar a quienes brindan información no mejora los indicadores macroeconómicos ni repara la vida cotidiana. En Cuba, la verdad circula a pesar de la censura y, como suele ocurrir, cuanto más se la persigue, más se la busca.
Desde CubaXCuba - Laboratorio de Pensamiento Cívico rechazamos la campaña contra el equipo de El Toque y, por extensión, el hostigamiento contra cualquier persona que ejerza la libertad de expresión. Defender ese derecho no requiere coincidir en cada análisis o visión editorial, solo exige reconocer que sin información no existe ciudadanía y sin ciudadanía no existe nación. Apoyar a quienes investigan, documentan y comunican es una obligación moral en un país donde la verdad es un bien escaso y perseguido.
No son solo 18 directivos de El Toque, somos millones quienes aspiramos a una Cuba próspera, plural y democrática, millones que sabemos que el futuro no se forja silenciando voces, sino escuchándolas. Nuestro respaldo es un compromiso con el derecho de todos a pensar el país que queremos sin pedir permiso a ningún poder. Incapaz de convencer con ideas, el régimen recurre a la fuerza, como una bestia agotada que golpea antes de caer. En los pasillos del llamado Palacio de la Revolución temen a la palabra porque carecen de verdad y porque sienten que la derrota les respira en la nuca.