Élites, continuidad y cambio político en Cuba
Más que una revolución congelada en el tiempo, el régimen cubano ha mostrado la capacidad adaptativa de una élite gobernante que ha sabido transformarse sin perder control estratégico. Y esa es quizá la principal lección del caso, los sistemas políticos no cambian necesariamente cuando cambian sus rostros visibles. Cambian cuando se fracturan las estructuras que sostienen el poder.
Vindicación del cacerolazo
Si el camino más largo comienza con el primer paso, los cacerolazos pueden representar el primero hacia la formación de un verdadero ciudadano para una república verdaderamente democrática. El 11 de julio lo fue, aunque en apariencia se frustró, y lo fue antes el 27 de noviembre, que sirvió para demostrar que también en una parte de la intelectualidad cubana están naciendo el compromiso y el concepto de ciudadano.
Raúl Guillermo, el último Castro
Raúl Guillermo Rodríguez Castro representa la degradación de un modelo político y de los hombres y mujeres que lo impusieron; pero, a la vez, es la defensa de ese modelo político. Porque nos habla del ritmo incesante de Nueva York, del romanticismo y la gastronomía de París y de la opulencia de Moscú, sin mencionar palabras como «democracia», «derechos» o «libertades».
Partido de Martí / Partido de Lenin
Para restituir la democracia, ha de fundarse una sociedad basada en los principios martianos, cuyo rasgo esencial deberá ser «la intervención popular y de los hábitos democráticos en su organización», así como la condena a «quien anteponga la autoridad de su persona o de su camarilla a la concordia y unificación de su país», único modo efectivo de enfrentar las amenazas y los peligros internos y externos.
El modelo GAESA «de tiburón autofago»
La agonía del modelo GAESA de explotación no parece agotar las posibilidades del grupo de poder castrista, que aspira a sobrevivir a la administración Trump y no se queda de brazos cruzados. ¿Serán capaces de transferir las empresas de GAESA a entidades estatales para burlar las sanciones estadounidenses y luego privatizarlas directamente?
Ceder es también patriotismo
Ninguna ideología puede estar por encima de la vida útil y beneficiosa de la nación y de sus habitantes. En tiempos de dificultades, todo lo que limite el vencimiento de obstáculos, así como la consecución de mejoras palpables, debe ser relegado. Que quede apenas como una advertencia para no volver a transitar por esos senderos de infertilidad.
La nulidad del Partido Comunista de Cuba
Algunos plantean la necesidad de ser plurales y de permitir que el PCC forme parte del proceso de transformación. No me detendré a hablar de responsabilidad política e histórica, tanto del Partido como de sus miembros, el tema es que la institución como tal es la piedra angular del sistema que se quiere destruir. Mientras esa piedra esté en su lugar dentro del sistema, no importa cuántos elementos se cambien, estaremos hablando del mismo sistema.
La pregunta por el mañana: ¿hay adónde volver?
La Cuba perdida es algo concreto. Se extrañan caras con personalidad; barrios con historias; recuerdos personales. Lo que identifica a uno no tiene por qué hacerlo con otro. Entonces se necesita llegar a un acuerdo y partir de bases comunes: asumir el trauma, y desde allí, reconstruir un imaginario que abarque todos los elementos unificadores. Eso empieza a ser «lo cubano».
Perestroika sin Glasnost o el arte de «dejar de ser, para seguir siendo»
Cuba no es la Unión Soviética de los ochenta, porque Internet ha abierto un espacio de información que entonces resultaba impensable. Sin embargo, en el caso cubano, esa apertura no procede de una política gubernamental orientada a la transparencia, sino que existe «a pesar» del Gobierno y perseguida por este. Lejos de cualquier glasnost, el Estado cubano penaliza toda forma de expresión, digital o física.
Propiedad, desigualdad y reconstrucción productiva en Cuba
La tarea de reconstrucción productiva exigirá una importante movilización de fondos públicos y privados, sin olvidar la relevancia de la inversión internacional y, sobre todo, el capital financiero y social de la diáspora. Para ello, asegurar un marco jurídico estable y predecible para los derechos de propiedad será una cuestión de primer orden.
Ventriloquia política en la Cuba de los Castro
Lo que Raúl Guillermo no dijo, no se debe a una repentina conversión democrática, ni a una identificación suya hacia una posible apertura; se debe a que dichos términos estorban al negocio. Quien necesita inversión extranjera, comercio y un «modelo económico muy cubano», no puede seguir llamando «imperio», o «criminal», a su posible socio comercial.
¿Perestroika?
La brújula de Raúl Castro y su grupo no es Gorbachov, sino Putin. Internamente tendrán resistencia a un cambio sin democracia como meta de llegada. Y Estados Unidos, que es el único interés de los aprendices a capitalistas de la Isla, no parece dispuesto a aceptar la mano que le extienden. Hay que seguir muy de cerca este proceso. Nos compete a todos.
Desmontar el PCC sin desmontar el pluralismo
La democracia no es un eslogan de campaña, un concepto vacío o una trampa para ingenuos; ella es nuestro horizonte, el que nos permitirá superar décadas de exclusión política e impedirá que la patria sea convertida, de nuevo, en propiedad de una organización o ideología supremacista. Para lograrla, evitemos dos simplificaciones peligrosas: creer que basta con prohibir el PCC para desmontar el poder real, y confundir justicia democrática con proscripción de toda la izquierda.
¿Debería proscribirse el Partido Comunista de Cuba?
La democracia que construyamos deberá saber defenderse de quienes, como el Partido Comunista, son incompatibles con su existencia; pero también garantizar la participación de derechas e izquierdas, porque solo de su libre competencia y de la implicación de los ciudadanos nace el vigor de una democracia.
Once peldaños del derrumbe económico (1959-2021)
En enero de 1959, Cuba era una nación con elevado índice de desproporciones económico-sociales y corrupción política que necesitaba superar, pero no era pobre, y mucho menos irreformable en el contexto político de la Segunda República y su Constitución de 1940.
Adoctrinamiento y dogmatismo, dos eslabones de una misma cadena
Los que se aferran al poder han convertido en absolutos los dogmas que se acomodan a su conveniencia, desarticulan la libertad de expresión, la democracia y forman una casta de adoradores y burócratas pasivos o corruptos. El adoctrinamiento fracasó en Cuba, y lo demuestran las olas de migrantes a lo largo de estos años; la ciudadanía no quiere seguir esperando; los que callan lo hacen por miedo. El dogmatismo ha conducido al gobierno cubano a un callejón sin salida, pero la dialéctica se impone; llegará el cambio.
Una vez más el caso Marquitos. ¿Hasta cuándo?
Espero que esta sea la última vez que abordo, a partir de mi experiencia, el caso Marquitos y la masacre que provocó su delación. Un buen amigo, compañero de las luchas de entonces, ya fallecido, comentó hace años que es penoso ver que por los extraños vericuetos dentro de los que se desarrolló este acontecimiento, el pueblo cubano conoce mucho más sobre el traidor que sobre la fructífera existencia de Fructuoso, Machadito, Juan Pedro y Joe; los mártires de Humboldt 7.
Diez peldaños del derrumbe (1959-1960)
De lo que se trata en el caso cubano no es del fracaso de otra utopía comunista, o de la imposición de una variante excesivamente larga del militarismo caudillista latinoamericano; sino de un intento de desmontar toda la civilización republicana y su memoria histórico-cultural.
Algunas precisiones a la resolución presidencial de indulto masivo
Si el parlamento cubano realmente representara los intereses de la ciudadanía, exigiría al gobierno la inmediata puesta en vigor de los derechos refrendados por la Constitución, proclamaría una amnistía general verdadera, y llamaría a un plebiscito real donde quede plasmado lo que en realidad piensa y quiere el pueblo. ¿Será eso posible? En realidad, no lo creo.
Cuando Obama fue más peligroso que Trump
El grupo de poder prefiere convocar a la «resistencia heroica», a cerrar filas ante el enemigo, a «la Guerra de todo el pueblo», a firmar «por la Patria». La presencia «recrudecida» de ese enemigo le sirve de coartada para acusar de «vende patria» a todo el que se oponga; para no aceptar que el diferendo interno le es más perturbador que el externo.