Once peldaños del derrumbe económico (1959-2021)

En enero de 1959, Cuba era una nación con elevado índice de desproporciones económico-sociales y corrupción política que necesitaba superar, pero no era pobre, y mucho menos irreformable en el contexto político de la Segunda República y su Constitución de 1940. Como país pequeño, su lugar en el ranking mundial del PIB no era alto, pero sobresalía en América Latina como una economía de tamaño medio, con indicadores avanzados para la región y el mundo en consumo, infraestructura, servicios, agroindustria y PIB per cápita.

La reconstrucción más razonable de su lugar, la ubicaba entre los puestos treinta y treinta y cinco del mundo por PIB total en 1959.(1) Su principal relevancia internacional era el ingreso por habitante ―unos 2,363 USD de la época, equivalentes a 27,200 actuales―, lo que la situaba entre los países más prósperos de Iberoamérica, a la par de México, Chile y España, y aventajando a Corea del Sur, Singapur y otras economías que hoy la superan ampliamente. Aunque las marcadas diferencias que existían entre ricos y pobres y entre la ciudad y el campo distorsionan el significado real de estos indicadores macroeconómicos, tampoco permiten hacer tabula rasa de ellos y presentar a la Cuba de 1958 como un país en ruinas, necesitado de soluciones milagrosas para progresar.

En los primeros años del Gobierno Provisional Revolucionario (GPR), a pesar de iniciar la demolición acelerada del modelo capitalista republicano e implantar modos de actuación autoritarios, «guerrillistas y procomunistas», el efecto de derrame de esa poderosa economía sirvió para sostener un discurso demagógico de industrialización acelerada, incrementos notables de la producción y el consumo a escala mundial, fin de las desigualdades y logro de la independencia económica.

En pocos años, aquellos niveles fueron deprimidos por el efecto conjunto de los incesantes disparates de una política económica improvisada y errática; los enormes gastos de defensa ante las amenazas de intervención y la guerra civil (1959-1964); los proyectos de exportación de la revolución a países de Latinoamérica y Africa; y el creciente enfrentamiento con los EE.UU., principal socio comercial de Cuba desde la época colonial, puesto que trató de ser reemplazado por las relaciones económicas con la URSS y los países socialistas, lo cual fue infructuoso dados su lejanía, rechazo al mercado y atraso tecnológico relativo.

La larga historia del desmoronamiento económico cubano entre 1959 y 2021, será mostrada grosso modo en once momentos, no en aras de explicarla, lo cual ha producido una abundante bibliografía, sino de constatar su interrelación con los avatares de la política del grupo de poder hegemónico, máximo responsable de la ruina nacional:

I. 1959-1963: El GPR, aun antes de proclamarse comunista, se apoderó de sectores clave de la economía mediante la llamada «recuperación de bienes malversados»; las expropiaciones y la estatización forzosa de la rica economía agropecuaria mediante las leyes de reforma agraria (1959, 1963); la confiscación y destierro interno de campesinos desafectos; el control estatal de la producción y el comercio mediante planes obligatorios, acopio centralizado, suministros insuficientes y el fin del crédito agrícola; la estatización forzosa de fincas; y la postergación de la cooperativización.

II. 1959-2021: Crisis de la gestión económica (micro y macro) y desprecio a la escuela cubana de economía y contabilidad y los aportes de la teoría económica y la gestión empresarial capitalistas, debido a una supuesta y nunca demostrada superioridad de la planificación centralizada socialista. Desvalorización múltiple de la fuerza de trabajo nacional y pérdida de su profesionalización, eficacia y productividad. Predominio de la obediencia (confiabilidad) sobre el talento en la selección de los cuadros económicos; sustitución del salario por la «resolvedera» y el mercado negro como fuentes de obtención de bienes y servicios.   

III. 1965-1975: Tras un período inicial de forcejeo entre dos modelos socialistas: el Cálculo Económico (Carlos R. Rodríguez) y el Financiamiento Presupuestario (Ernesto Guevara), se instauró el llamado Registro Económico, un modelo militarista de extremo voluntarismo. Con el pretexto de construir al unísono el socialismo y el comunismo, no solo negaba el papel regulador del mercado y sus instrumentos (hacienda, crédito, bienes raíces, inversiones, salarios, moneda nacional, inflación, impuestos, quiebras, deuda, instituciones financieras, etc.), sino que también menospreciaba la planificación socialista tradicional en aras del subjetivismo caudillista (planes especiales vs JUCEPLAN; mito de la Zafra de los Diez Millones como solución milagrosa, a pesar de las advertencias de los especialistas y las señales del mercado azucarero, etc.).

IV. 1962-presente: Extinción arbitraria y sistemática de la pequeña y mediana producción, servicios y profesiones libres, con el fin de destruir a las clases medias e imponer el control estatal universal; sistematización de los altibajos en la relación del Estado con  los emprendimientos privados entre períodos de mayor prohibición en tiempos de crecimiento (1963-1970;(2) 1975-1985; 1999-2007; 2018-2021) y relativa autorización durante las crisis (1970-1975; 1986-1999; 2008-2017); siempre supeditados a los intereses políticos del grupo de poder para garantizar la sobrevivencia económica nacional, el mantenimiento de su control centralizado y el incremento sistemático de sus privilegios de casta y rentas mal habidas.

V. 1959-2021: El gobierno estableció la práctica de que las empresas le traspasaran no solo las ganancias, sino también los fondos de reposición e inversión para satisfacer autoritariamente las necesidades gubernamentales en gastos de defensa y sociales; lo cual condujo a la crisis permanente de los mantenimientos y la inversión productiva. A esto se sumó el uso de los fondos empresariales en la realización forzosa de proyectos atolondrados del Comandante, tales como: Cordón de La Habana, desecación de la Ciénaga de Zapata, Microbrigadas, introducción de cultivos y animales exóticos (café Caturra, uvas y fresas, plátanos burros, moringa, etc; tilapias, tencas, pez gato, etc); y tecnologías «milagrosas» (excesiva fertilización nitrogenada que contaminó los suelos y las aguas, pastoreo Voisin, creación de nuevas razas ganaderas (F1 y F2), cría de vacas superproductivas ―Ubre Blanca― con música clásica y aire acondicionado en la cabeza, sistema microjet, etc.).

VI. 1963-1990: Renuncia a la industrialización basada en fuentes nacionales de ahorro y suministros y ampliación de la monoproducción y el monomercado, al acogerse a la distribución internacional socialista del trabajo. Según la especialización acordada con la URSS y China desde 1963, y luego en los marcos del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) a inicios de los setenta, el rol de Cuba como suministrador de azúcar exigía la expansión de esta agro-industria, lo cual provocó la ruina económica y ecológica del campo en función de zafras gigantescas; la movilización militarista de grandes masas de trabajadores civiles; la creación de grandes industrias dependientes de suministros importados del campo socialista; el ecocidio realizado por las brigadas de desmonte (Máximo Gómez y Che Guevara); y la compactación de suelos por el uso excesivo de maquinaria pesada (buldóceres, KTP-1, grandes tractores y camiones). En lo político, el grado tan alto de dependencia de los enormes subsidios comerciales soviéticos, disfrazados de internacionalismo socialista y ayuda desinteresada de la URSS, creó una dependencia exterior nunca vista ni en la colonia ni en la república.

VII.1975-1985: El fracaso de la Zafra de los Diez Millones y de las guerrillas en America Latina, obligó al grupo de poder a someterse plenamente a la URSS e integrarse al campo socialista. Esto condujo a la adopción del Cálculo Económico a través del llamado Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), dirigido por Humberto Pérez. Tal modelo se aplicó bajo la promesa de transferencia de enormes subsidios económicos y el acceso directo a millones de petrodólares mediante la reexportación de los llamados «excedentes» del combustible soviético asignado.

VIII. 1985-1990: El predominio de la empresa socialista y su mercado restringido era demasiada independencia para la tradicional subjetividad y autoritarismo inherentes al modelo económico, de ahí su inesperada desaparición en medio de la crisis económica de 1985-1986, cuando Fidel lo estigmatizó como mercantilista y proburgués, tras lanzar la consigna: «¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!», e iniciar la llamada Rectificación de Errores y Tendencias Negativas.(3) Paralela y yuxtapuesta absolutamente a la Perestroika soviética y su glasnost, la Rectificación trajo consigo una especie de deja vu del voluntarismo militarista de los sesenta, y acentuó la debacle económica aun antes de la desaparición del campo socialista (1990). A ello se añade el fiasco de la pretendida lucha por el no pago de la deuda externa que Fidel intentó imponer a los gobiernos del Tercer Mundo. Como resultado de la no renegociación, la enorme deuda externa de Cuba se incrementó varias veces.

IX. 1991-2021: Privatización de la economía nacional por parte de la familia Castro y sus acólitos. En una especie de negación de la negación, la economía cubana se movió, del libre mercado a la finca extendida con disfraz de socialismo de Estado, y de esta, al retorno del capitalismo, pero en la única forma que convenía al grupo de poder: el de Estado. Dicho proceso ocurrió en dos etapas: la primera (1991-1999), fue de apertura controlada de sectores estatales seleccionados al capital extranjero (asociaciones con firmas extranjeras, empresas mixtas) y creciente reintroducción del mercado capitalista por vía estatal mediante el empleo del USD en el mercado interno, de manera directa o disfrazada ―CUC, MLC, tarjetas en divisas, etc.―; y la extensión del alquiler de trabajadores en el exterior mediante contratos gubernamentales (misiones), que incluían la enajenación por la intermediaria estatal de la mayor parte de los salarios. Este período culminó con la revolución bolivariana y la conversión de Venezuela en la nueva fuente de petrodólares para el Gobierno cubano (1999).

La segunda etapa (1999-2021), tuvo como protagonista la expansión del holding GAESA (MINFAR, 1994) por las ramas más productivas de la economía (comercio exterior e interior, turismo, contratos de profesionales en el exterior, bancos y seguros, fletes, transporte aéreo para emigrantes, etc.). El proceso se acentuó a partir de la imposición gubernamental de su reinado sobre la competencia (2006), tanto nacional (CUBALSE, Oficina del Historiador de La Habana, etc.) como extranjera (ETECSA, bancos, empresas mixtas, etc.).

Aunque no fue el primer negocio encubierto del grupo de poder militar burocrático,(4) esta forma de realización económica capitalista de la hegemonía castrista necesitaba de condiciones especiales que maduraron tras el derrumbe del MININT como responsable principal de tales misiones y su abducción por el MINFAR (1989-1990); la mística resignificación de la economía militar como salvadora de la economía nacional a través de la irrealizable extensión del «perfeccionamiento empresarial» de las FAR a la economía civil; y la llegada de un miembro de la familia Castro, el Gral. Luis Alberto López Callejas, a la dirección del grupo, y de Raul Castro al liderazgo supremo (2008).

Este floreciente conglomerado del grupo económico familiar, con fachada de empresa militar, reservó a la depauperada población cubana tres tristes roles: servir en sus empresas como empleados obedientes y mal pagados, pero estimulados indirectamente con jabas, propinas y acceso controlado a la «resolvedera»; estar obligados a comprar los productos y servicios del holding en divisas a precios monopólicos elevados; y, para «los que se fueron», verse obligados a comprar boletos de avión a precios inflados, y enviar remesas, paquetes y equipos a sus seres queridos que «se quedaron» a merced de los gobernantes, quienes los mantienen hasta hoy en condiciones onerosas para garantizar el flujo permanente de recursos, especie de rescate de secuestrados.   

X. 1991-2021: El régimen militarista-burocrático perfeccionó el tradicional mecanismo de mantener al pueblo en pobreza permanente, dependiente del Estado benefactor, y lo llevó a otro nivel mediante la desvalorización del peso cubano como forma de sobreexplotación. Con el Período Especial (1990), los decrecientes salarios reales en pesos y el creciente mercado en divisas canalizaron inexorablemente los ingresos hacia las arcas de GAESA. Aún más, la miseria popular fue convertida en negocio directo mediante el fomento del turismo ―solidario o curioso― al Jurassic Park comunista; y la recepción de ayudas financieras y donaciones de gobiernos, organizaciones y ONG que, en lugar de llegar al pueblo directamente, fueron comercializadas en el mercado en divisas, o desviadas de manera corrupta para favorecer a los dirigentes. El afán por exprimir más a esta gallina de los huevos de oro, el miedo a la pérdida del monopolio estatal y el renacimiento del mercado libre y las clases medias, influyeron en el fracaso del deshielo Raúl-Obama (2014-2017), la postergación de las mipymes y el rechazo a las vías china y vietnamita de socialismo de mercado, con su apertura privilegiada a la inversión de los emigrados, fomento de las clases medias y millonarios comunistas.

XI. 2021: Ignoradas las numerosas ideas y proyectos de reformas presentadas por especialistas cubanos y extranjeros, y después de que sus delegados recorrieran el mundo buscando experiencias aplicables y elaboraran programas inservibles, el grupo de poder adoptó una estrategia económica que no tocara el modelo político: la «Tarea Ordenamiento». Su objetivo no era reflotar la economía cubana, sino implementar el mecanismo terminal de enriquecimiento parasitario de GAESA, sobreexplotando a la nación cubana en la Isla y su diáspora. En aquellas condiciones pandémicas, fue como si los cuatro jinetes del Apocalipsis se arrojaran sobre Cuba, al punto de que, por primera vez en la historia de la Revolución, ocurrió una sucesión de eventos de resistencia civil que involucraron a la Iglesia Católica, intelectuales y artistas, campesinos, organizaciones opositoras de la Isla y el exilio, e incluyeron el estallido de masivas protestas populares en más de cincuenta ciudades y pueblos (11J). La violenta represión resultante sirvió de marco de excepción para la aplicación a rajatabla del Reordenamiento.

Como era de esperar, la economía entró en un proceso de caída libre que llevó a Cuba al último lugar entre los países latinoamericanos en casi todos los indicadores económicos, arruinó las economías familiares, y promovió una ola migratoria que arrojaría a millones de hombres y mujeres, a riesgo de sus vidas y haciendas, a cualquier otra parte del mundo.

A partir de la Tarea Ordenamiento se tomaron una serie de medidas que condujeron a la actual desintegración y paralización de la economía nacional, acentuada por las medidas de la administración Trump. Al análisis de este último quinquenio dedicaré el próximo artículo.

***

(1) La ONU no publica listados del PIB por países anteriores a 1970. La base de datos del Maddison Project no publica un ranking oficial del PIB por países para 1959, pero sí proporciona los datos que permiten reconstruirlo: la serie de estimaciones para Cuba 1902-1958 de Ward y Devereux.

(2) En 1968, ocurrió la más destructiva de estas medidas, la Ofensiva revolucionaria, que nacionalizó más de 30 000 medianos y pequeños negocios, muchos de ellos surgidos después de 1959, en medio de una feroz psicosis cercana a las experiencias de la Revolución Cultural China.

(3) Entre sus manifestaciones: la negación de la ganancia, la rentabilidad, las primas salariales y los premios; el freno al libre mercado campesino; los «Contingentes» como forma superior de organización del trabajo, el renacimiento del trabajo voluntario, etc.

(4) Desde 1959 surgieron diversas modalidades de negocios que respondían al llamado Fondo del Comandante en Jefe, e incluían: creación de empresas fantasmas, cuentas off-shore, recuperación de divisas con operaciones encubiertas en el exterior, etc. Sus principales actores fueron el Departamento América, y el MININT, con su Departamento MC (Moneda Convertible).

***

Imagen principal: Sasha Durán / CXC.

Mario Juan Valdés Navia

Historiador. Investigador Asociado en National Humanities Center y Duke University, Durham, Estados Unidos.

https://www.facebook.com/mariojuan.valdesnavia
Siguiente
Siguiente

Adoctrinamiento y dogmatismo, dos eslabones de una misma cadena