Adoctrinamiento y dogmatismo, dos eslabones de una misma cadena
Desde los primeros años del triunfo de la Revolución cubana, se inició un proceso de adoctrinamiento sistemático para convertir la ideología marxista-leninista en la única oficialmente aceptada. Aunque se declaraba la asunción del pensamiento martiano, incluso en la posterior Constitución, paulatinamente fue relegado, en tanto el modelo de desarrollo socio-político impuesto se alejaba cada vez más de la idea martiana de República. Además, el modelo impuesto reconocía solo al Partido Comunista, portador de esta ideología, lo que limitaba el libre pensamiento, la diversidad de opiniones y la democracia.
Para lograr dicho propósito, se incorporó el estudio de la referida ideología en todo el sistema de educación, y fue creado asimismo un sistema de superación política paralelo. De tal forma, se garantizaba el adoctrinamiento que daría lugar a un férreo dogmatismo. A continuación, reseñaré algunos momentos significativos de ese proceso.
Los estudios de filosofía marxista-leninista (FML) comenzaron en la década del sesenta. Fue un plan especial encaminado a formar profesores para los institutos superiores y las universidades. Las tres partes componentes del marxismo, siguiendo el criterio leninista: el Materialismo filosófico (dialéctico e histórico), la Economía política y el Comunismo científico, se convirtieron en asignaturas obligatorias en todos los programas de estudios como resultado de la declaración del carácter socialista de la Revolución (1961), y de la Reforma Universitaria (1962).
El éxodo de profesores, unido al incremento de las instituciones de educación superior, requirió este empeño. La selección se realizó entre jóvenes universitarios matriculados en otras carreras, con elevados resultados académicos y dispuestos a contribuir a la educación del país. La mayoría no había oído hablar de esta teoría, aunque la alusión al socialismo era ya frecuente. Mucho menos se conocía sobre la realidad de los países que la declaraban su ideología.
Durante los años sesenta, esta formación fue liderada por las universidades de La Habana y Oriente. En la década del setenta, ese lugar fue ocupado por el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, de La Habana, encargado de la formación de profesores de Marxismo-Leninismo e Historia, mientras en las universidades se mantenían los estudios de Filosofía e Historia, pero con un perfil más amplio.
En los primeros cursos de esta formación emergente, se contó con profesores soviéticos de alto nivel, con el grado científico de doctores en ciencias, que también actuaban como asesores de los profesores cubanos.
La asesoría soviética se mantuvo hasta el derrumbe del campo socialista y estuvo dirigida a elevar la preparación académica por la vía del postgrado y la asesoría individualizada. Según mi experiencia, nunca hacían referencias a logros o dificultades de la implementación del modelo cubano, así como tampoco a las adversidades de la vida cotidiana en la Isla, al culto a la personalidad de Fidel Castro y a los litigios con Estados Unidos. Ellos contaron con una atención diferenciada, en tanto se les garantizaba un hospedaje o vivienda digna, transporte y tiendas para cubrir todas sus necesidades.
El plan de estudio de Filosofía del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, se conformó atendiendo a los siguientes contenidos:
Los estudios puramente filosóficos se dividieron en Materialismo Dialéctico e Histórico e Historia de la filosofía. Esta última ofrecía los hitos más significativos del pensamiento filosófico antes del surgimiento del marxismo para destacar su superioridad en relación con la filosofía clásica alemana y el socialismo utópico, considerados sus fuentes.
En economía política se partía del análisis de la economía clásica inglesa, otra de las fuentes del marxismo, para demostrar cómo Marx, partiendo de la teoría del valor, construye la estructura del modo de producción capitalista, llegando a su esencia con la explicación de la plusvalía.
En la asignatura comunismo científico se enfatizaba en la evolución del movimiento obrero internacional hasta la Tercera Internacional, fundada por Lenin en 1919, con el objetivo de lograr la revolución mundial e instaurar la dictadura del proletariado para alcanzar el comunismo; se resaltaba el rol de Lenin al concebir el triunfo del socialismo en un país aislado, así como el papel del partido comunista en este empeño; y se analizaba el papel de las masas populares en la historia a partir de una fuerte crítica al culto de la personalidad, citando el ejemplo del estalinismo. El papel de la crítica y la autocrítica en los procesos sociales fue planteado como un proceso necesario para lograr la nueva sociedad socialista a la que se aspiraba.
Sin embargo, en la práctica del proceso revolucionario cubano, el culto a la personalidad de Fidel Castro fue un hecho que se pretende sostener hasta después de su muerte, siguiendo la consigna de «la continuidad». De igual forma, el papel de la crítica fue disminuyendo en la medida en que la convirtieron en elemento distintivo de los «enemigos de la Revolución». Ser crítico era cosa de «disidentes», «traidores» y «vendidos al imperio». Lograron así la aceptación acrítica de lo decidido por la cúpula de poder, hasta convertir a la democracia en una falacia.
El programa de estudio incluía además las asignaturas de Ética, Estética, Ateísmo, Lógica y Pensamiento contemporáneo. En esta última, el marxismo occidental fue analizado como proceso lógico de desarrollo del marxismo en otras condiciones. Años más tarde, tal contenido fue abordado desde una perspectiva más dogmática, y el sello del revisionismo opacó su alcance. El estudio del pensamiento marxista cubano y latinoamericano estuvo ausente en dicho plan de estudios.
Esta formación fue el primer paso. Se necesitaban profesores para adoctrinar a los futuros intelectuales, funcionarios y cuadros de dirección en todos los niveles, incluidas las organizaciones de masas y la población. En la Constitución de 1976 se estableció el carácter socialista del Estado cubano y el marxismo-leninismo como su base ideológica, lo que se mantendrá en la Constitución de 2019.
Para finales de los setenta, en todas las provincias se habían creado los Institutos Superiores Pedagógicos y se contaba con el plan de estudios de la Licenciatura en Educación en Marxismo-Leninismo e Historia (M-L e H). (1) Aquellos profesores formados en los cursos emergentes serían, en su mayoría, los fundadores de las facultades homónimas.
Sus egresados tenían que pertenecer a la Unión de Jóvenes Comunista y luego a las filas del Partido comunista para poder ejercer. Desde entonces han impartido los contenidos históricos y políticos en todos los niveles del sistema de educación y tenido la responsabilidad de garantizar la formación política e ideológica de la población, en correspondencia con la única ideología aceptada. El estudio del pensamiento cubano y latinoamericano no se incluyó tampoco en esta licenciatura, ni siquiera los pensadores marxistas.
Sistema de Instrucción Revolucionaria
De manera paralela, desde el 2 de diciembre de 1960 se había creado el Sistema de Instrucción Revolucionaria. Su objetivo era elevar el nivel escolar de aquellos que ocupaban cargos de dirección en áreas estratégicas de la economía y la política por solo contar con el mérito de haber participado en la lucha contra Batista. El currículo estaba enfocado en la fusión de la formación académica-técnica con una profunda carga ideológica marxista-leninista. Ya desde entonces se aspiraba a formar al «hombre nuevo», un revolucionario trabajador y disciplinado, incondicional a la patria y a la solidaridad internacional.
En 1961 comienzan a organizarse las Escuelas de Instrucción Revolucionaria (EIR) con un objetivo similar: elevar el nivel cultural de los cuadros políticos. Se crearon en cada provincia, y a nivel nacional: la EIR Ñico López. Ellas sentaron las bases para crear después, entre 1970-80, las Escuelas del Partido en cada municipio y provincia, dirigidas siempre por la Escuela Nacional del Partido Ñico López.
El papel de la Ñico López ―bautizada por vox populi como «Jurasic Park»― en la divulgación del marxismo-leninismo y el fidelismo, ha sido significativo para establecer la imagen de una revolución cubana victoriosa y en perenne enfrentamiento con el «imperialismo yanqui».
Sus tentáculos se extendieron hacia otras latitudes: en sus aulas se han preparado dirigentes de la izquierda, especialmente de América Latina y África; sus profesores han impartido clases en el desierto del Sáhara, en ciudades del Caribe, en las escuelas de los barrios de muchas naciones del Tercer Mundo. Ha mantenido vínculos académicos con sus homólogas de países socialistas como China y Vietnam, en un intercambio permanente de experiencias.
Los estudios en estas escuelas eran obligatorios para los militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas y del PCC. Los manuales soviéticos fueron la fuente principal de aprendizaje, porque facilitaban la instrucción en auditorios con diferentes niveles escolares. (2)
En Cuba, pertenecer a estas organizaciones era también condición para ocupar un puesto de confianza y hasta para acceder a determinados estudios, en el país o en el exterior. Era un círculo vicioso, alimentado también por los privilegios que ofrecía ocupar un cargo de dirección.
En una sociedad donde se hablaba de igualitarismo, donde no se podía comprar libremente un carro, ni obtener una casa, ni pasar vacaciones en un hotel; ocupar ciertas responsabilidades tenía esas ventajas, así como otras: servicios médicos en hospitales especializados, compras en diplotiendas, etc. Dichas prebendas dependían del nivel que se ocupara en los diferentes círculos del poder. Por eso la masa de militantes fue creciendo de manera paulatina, no vinculada necesariamente a la convicción o asimilación de su supuesta ideología.
Dogmatismo vs discernimiento
Si se tiene en cuenta que el marxismo-leninismo se impartía en las instituciones de la educación superior, escuelas politécnicas; escuelas formadoras de maestros, enseñanza general media y superior, además, en todo el sistema de escuelas del Partido Comunista; es obvio que el adoctrinamiento ha sido un hecho. Como consecuencia, la capacidad de discernir se fue limitando, lo que llegó a su extremo más vergonzoso con los actos de repudio, la expulsión de estudiantes y profesores de las universidades bajo el lema: «La Universidad es para los revolucionarios», y la censura en el ámbito de la cultura en sentido general.
La masividad fue un factor que contribuyó al uso de manuales soviéticos, ya para entonces con un enfoque más estalinista que marxista-leninista, porque priorizaban la interpretación de los clásicos en función del modelo soviético, predominante en todo el campo socialista y que se ajustaba a la política educativa del Estado cubano, interesado en demostrar la posibilidad del triunfo del socialismo en un país pobre y justificar el poder absoluto de un partido único para lograrlo.
El dogma estalinista respondía mejor a sus intereses que la dialéctica marxista. Y este último factor influyó decididamente en el debilitamiento del estudio del marxismo occidental dentro de Cuba, ya acuñado como revisionista, porque mostraba una interpretación diferente, menos dogmática, e incluso crítica, del estalinismo.
De esta formación adoctrinante, en el imaginario social quedaron arraigadas tres ideas: «el socialismo es el futuro, está a la vuelta de la esquina»; «un mundo mejor es posible», y «el que piensa diferente es el enemigo proimperialista». Por tal razón, en la medida en que el fracaso del modelo cubano se fue haciendo evidente, y se produjo la desintegración del campo socialista, el socialismo, y con él la filosofía de su base, se transformaron en un discurso vacío, sin ningún interés para la población cubana. El divorcio entre teoría y práctica es una realidad desde hace demasiado tiempo.
El pueblo cubano ha sido más fidelista que marxista-leninista. La imagen pública y la oratoria populista de Fidel Castro entusiasmaron a muchos, se le consideró el «mesías» que podía solucionar todos los problemas, el «portavoz de la verdad absoluta». El marxismo, aunque se impuso como ideología a través del sistema de estudios, se interpretaba y aceptaba a través del prisma de Fidel. Lo dicho por él era lo válido; el que lo cuestionara pasaba a integrar el grupo de los «traidores».
Tal estilo autoritario de dirección imperaba en todas las estructuras de poder; el cuestionamiento podía descalificar a quienes lo hacían a los ojos de los representantes de la verdad absoluta. El papel de la crítica fue desapareciendo en los debates, a pesar de que se estimulaba formalmente su ejercicio. Fue así que se conformó una burocracia parasitaria, mediocre, que, por tal de recibir algunas prebendas, aceptaba, callaba o afirmaba; lo que he denominado la «psicología de la tortuga».
En el primer Congreso del Partido, celebrado en 1975, se declaró que el marxismo era «la primera y única ideología científica y consecuentemente revolucionaria de la historia de la sociedad». Dicha afirmación, dogmática y antidialéctica, por tanto, ajena a la teoría marxista clásica, se repetiría en la docencia, donde se fue imponiendo la versión estalinista del marxismo-leninismo. Fidel Castro, en su Informe Central al cónclave, admitió los errores y tendencias negativas «de la Revolución» (no suyos), hasta ese momento, afirmando que se alejaban del socialismo. Este documento fue crítico y esperanzador para muchos, pero, en la práctica, a esos errores se sumaron otros y el socialismo quedó como la utopía de una generación.
Además de la coartación de las libertades de pensamiento y expresión, el modelo económico impuesto fue otro rotundo fracaso. La centralización de la propiedad en manos del estado; la eliminación de la iniciativa privada, fundamentalmente de los medianos y pequeños productores y prestadores de servicios; la poca efectividad de los planes lanzados por el gobierno que priorizaban un sector específico de la economía en detrimento de otros, de lo cual es un ejemplo la Zafra de los diez millones; el desvío de recursos para apoyar la política internacionalista, como el apoyo a los movimientos de liberación en África y los movimientos guerrilleros en América Latina; así como la dependencia del campo socialista, constituyeron algunos de los factores históricos que han conducido a la crisis actual.
La enseñanza del marxismo tras la implosión del campo socialista
El derrumbe del campo socialista fue un factor esencial en la pérdida de credibilidad del modelo socialista y su ideología de base. Ello dejó además un claro mensaje: el marxismo leninismo conduce al fracaso, y en condiciones tan adversas, aferrarse al fidelismo fue el salvavidas del modelo cubano. Con ese fin, los planes de estudio posteriores se enfocaron más en el proceso histórico insular; la teoría sociopolítica y la economía política fueron adaptadas al modelo nacional.
Esto obligó a reorganizar la disciplina marxismo-leninismo en las instituciones de educación superior, y la asignatura Comunismo científico fue eliminada. Posteriormente, dicha disciplina fue nombrada Filosofía y Sociedad, cuyo programa, también transversal y obligatorio, analizaba las bases filosóficas, la ética profesional y la visión del mundo según el pensamiento cubano y universal. En las Universidades de Ciencias Médicas se le denominó Filosofía y Salud, pero recientemente se ha retomado al nombre original de la disciplina (marxismo-leninismo).
En los Institutos Superiores Pedagógicos continuó la Licenciatura en Educación en M-L e H, a pesar de la disminución significativa de las matrículas debido al desinterés generalizado de los jóvenes hacia carreras pedagógicas, en especial de ciencias sociales. La enseñanza del M-L se mantiene en esa licenciatura como asignatura del «tronco común», y como una disciplina priorizada dentro del plan de estudios para la formación ideológica, junto con las asignaturas Historia de Cuba y Preparación para la Defensa.
Otras modificaciones también fueron incluidas en la educación primaria, media, media superior y técnica, para continuar una formación política acorde al modelo, aunque utilizando términos nacionales y aparentemente más flexibles.
La asignatura Educación Cívica, originalmente Moral y Cívica, fue eliminada como materia tras la Ley de Nacionalización de la Enseñanza de junio de 1961, que transformó el sistema educativo al eliminar las escuelas privadas. En el curso escolar 1987-1988, se comenzó a impartir otra vez de forma generalizada en el 6.º grado de educación primaria y el 9.º grado de educación secundaria (donde anteriormente se impartía Fundamentos de los Conocimientos políticos). Su currículo fomenta los valores socialistas, el respeto a la Constitución y la obediencia a las normas de convivencia social.
En once y doce grados de la enseñanza preuniversitaria se impartía la asignatura Fundamentos del Marxismo Leninismo, al igual que en las escuelas de formación de técnicos medios, y la Formadora de Maestros. Sin embargo, la pérdida de interés por estos contenidos provocó adecuaciones y se creó el Programa de Cultura Política, como asignatura obligatoria del currículo. Su objetivo principal es formar ciudadanos comprometidos con el proyecto socialista, capaces de defender la ideología de la Revolución Cubana con las herramientas de análisis marxista-leninista. Dada la crisis generalizada que atraviesa Cuba, actualmente todos los programas vinculados a la formación política ideológica se están perfeccionando.
Las palabras «socialismo» y «comunismo» se han convertido en algo diabólico, como resultado de las políticas desacertadas que condujeron al fracaso del sistema socialista; a la formación de estados totalitarios encabezados por un solo partido; a la creación de monarquías modernas, donde el poder se hereda por vínculos familiares; al surgimiento de una casta burocrática que se mantiene por largos períodos en el círculo estrecho del poder. En cualquiera de sus variantes, se ha valido de un fuerte aparato represivo para secuestrar la libertad y la democracia, hasta el extremo de sancionar el pensamiento divergente y convertir sus eslóganes de «igualitarismo» y «defensa de la soberanía» en verdades absolutas manipuladas a su antojo.
El marxismo, como toda teoría filosófica, surgió en determinadas condiciones; muchos de sus postulados han perdido vigencia y otros fueron superados, pero su dialéctica, en mi opinión, es válida para el análisis de la sociedad y es la antítesis del dogmatismo, el esquematismo y el totalitarismo.
Los que se aferran al poder han convertido en absolutos los dogmas que se acomodan a su conveniencia, desarticulan la libertad de expresión, la democracia y forman una casta de adoradores y burócratas pasivos o corruptos. El adoctrinamiento fracasó en Cuba, y lo demuestran las olas de migrantes a lo largo de estos años; la ciudadanía no quiere seguir esperando; los que callan lo hacen por miedo. El dogmatismo ha conducido al gobierno cubano a un callejón sin salida, pero la dialéctica se impone; llegará el cambio.
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(1) Los primeros Institutos Superiores Pedagógicos (ISP) se crearon en mayo de 1964: el «Enrique José Varona» en La Habana, el «Félix Varela» en Santa Clara y el «Frank País» en Santiago de Cuba. En 1971, el ISP «Enrique José Varona» se consolidó como el centro formador de profesores de marxismo-leninismo.
(2) Los manuales soviéticos más usados fueron: Breve Diccionario de Filosofía de M. Rosental y P. Iudin; Los Fundamentos de Filosofía Marxista-Leninista de F. Konstantínov; el manual de marxismo-leninismo dirigido por O. Kuusinen, e Historia de la Filosofía (colectivo dirigido por M. Iovchuk, M. Rosental, y I. Schipanov).
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.