Una isla que aprende a dudar
Hoy, en las grietas del sistema educativo cubano, aparece algo nuevo: estudiantes que preguntan sin levantar la mano, docentes que insinúan más de lo que dicen, familias que ya no creen del todo. El cambio no vendrá; ya está aquí, aún sin los cambios curriculares que serán necesarios, sino con algo más modesto y radical: la existencia de una duda ante la realidad. Y ahí están el 11 de julio y las mil y una protestas de estos tiempos para probarlo.
La compañera Castro y yo
Cuando desde el poder se habla de perfeccionar la enseñanza de la historia, lo que se espera es dinámicas que potencien la docilidad del alumnado, sin cuestionamientos ni preguntas incómodas. La historia como ideología o como parte del trabajo ideológico; borrar la memoria, sobre todo del período republicano, o reducirlo a algunas etiquetas. La enseñanza de la historia como adoctrinamiento.
La verticalidad: una mirada a la educación cubana de los 70
El modelo de escuela en el campo cumplió su doble función: nos inculcó disciplina (o al menos, obediencia), y ayudó a cubrir los agujeros de una economía siempre renqueante con nuestro trabajo «voluntario». Pero el costo personal fue inmenso: agotamiento físico, un desarraigo emocional difícil de explicar, y una educación donde dudar era casi una traición.