Cuando Obama fue más peligroso que Trump

Un sector de la academia y la intelectualidad cubanas ―aquel que no cuestiona los fundamentos excluyentes del sistema político, y cuya crítica se mueve en la solicitud de reformas económicas y cambios en los métodos de dirección―, considera que el autoritarismo del proceso insular tiene como máximo responsable a la hostilidad de las diferentes administraciones norteamericanas, de ahí que argumenten que es prioritario un cambio de política de Estados Unidos hacia Cuba antes de hablar de cualquier posibilidad de transformación interna, aun cuando sea en los estrechos marcos en que admiten dicha transformación.

Una actitud así puede apreciarse en estas palabras del politólogo Rafael Hernández, director de la Revista Temas:

«Otras hubieran sido las características del sistema cubano si no hubiéramos tenido que armarnos hasta los dientes, y si tantas generaciones no hubieran tenido que acostumbrarse a vivir entrenándose para una guerra de todo el pueblo con los EE.UU. Seguro que esa condición nos marcó para siempre. Y, por desgracia, nos sigue marcando».

Estamos en presencia de un argumento falaz, porque si bien es innegable que ha existido hostilidad de parte de los Estados Unidos hacia el régimen cubano, los datos muestran que las características del sistema político interno y el mantener viva la idea de la rivalidad con el Norte, han sido constantes, incluso en momentos de distención.    

Cuando a una de esas personas se le menciona el período conocido como «deshielo Obama», entre 2014 y 2016, admiten lentitud en las reformas y apego a dogmas por parte de La Habana, pero arguyen que hubo poco tiempo para implementar cambios internos y que la victoria de Donald Trump en 2017 frenó toda posibilidad.

¿El inmovilismo ante la flexibilidad del presidente Obama fue un error de cálculo o una estrategia del grupo de poder que dirige Cuba? ¿Perdieron tiempo con Obama porque no esperaban la victoria de Donald Trump sino la de Hilary Clinton? 

***

Barak Obama, que abrió la embajada de su país en La Habana tras décadas sin relaciones a ese nivel, fue el primer presidente norteamericano en realizar una visita oficial a la Isla. Trajo a su esposa, a sus hijas y hasta a su suegra. Acompañó a Raúl Castro a un partido de béisbol entre equipos de ambas naciones. Caminó por La Habana, comió en restaurantes, e incluso aceptó participar en un popular programa humorístico de televisión.

No obstante, lo más interesante de esos días, más que el protocolo y la farándula asociados con la visita, fue su intervención ante el auditorio que colmaba el Gran Teatro de La Habana. La gente suele recordar el gesto de Raúl Castro, que, contraviniendo el protocolo y la evidente molestia de Obama, le levantó una mano como hacían él y Fidel con sus pares del antiguo campo socialista; sin embargo, lo de verdad relevante fue escuchar al presidente de los Estados Unidos admitir que el embargo no había demostrado efectividad, y que tocaba a los cubanos conocer el mundo, recibir información, intercambiar experiencias con los ciudadanos de otras naciones y decidir por sí mismos el destino de su país si se convencían de la necesidad de transformaciones.

No había llegado a suelo norteamericano el avión que llevaba de regreso a Obama, cuando la orden de combate contra el «centrismo fue dada en Cuba. No contra el extremismo o contra los «odiadores» (todavía no habían «descubierto» la palabrita), sino contra aquellas personas que, de manera ingenua, visto lo visto, pensaron que el deshielo era el camino.

Obama cometió un sacrilegio imperdonable para el grupo de poder que dirige Cuba: debilitó la noción del «enemigo histórico», clave para el mantenimiento de la unanimidad y la obediencia que la plaza sitiada había garantizado durante décadas. Decir que los cubanos debían decidir su destino era algo inaceptable para quienes se veían a sí mismos como dueños del destino de la nación.

Comparada con la política de la próxima administración ―la de Donald Trump, el empresario metido a político al que pocos auguraron la victoria y sin embargo ganó―, la actitud de Obama hacia el gobierno cubano había sido un lecho de rosas. No obstante, no fue así como lo entendieron; en aquella etapa la «estrategia Obama» fue más peligrosa para ellos que la «estrategia Trump». ¿Qué dirán ahora?

***

El primer mandato de Donald Trump se extendió entre enero de 2017 y enero de 2021. Las «243 medidas de Trump» y el «recrudecido bloqueo» fueron el mantra en cada discurso o intervención del presidente Miguel Díaz-Canel. Aunque era cierto que la presión aumentó desde el primer momento.

En abril de 2021, ya durante el gobierno de Biden, el periódico Granma publicó una cronología de algunas de esas medidas tomadas por Trump en cada año de su administración. Citaré unas pocas de manera textual:

«2017

  • 16 de junio, Trump firma memorando presidencial en el que deroga acuerdos de Obama con Cuba.

  • 29 de septiembre, suspensión de la emisión de visas en el consulado en La Habana.

  • 8 de noviembre, el Departamento de Estado anunció la creación de la Lista de Entidades Cubanas Restringidas, en la que incluyó a 179 empresas cubanas con las cuales ciudadanos estadounidenses no pueden realizar transacciones financieras directas.

  • La OFAC anunció cambios regulatorios al programa de sanciones contra Cuba. Se eliminaron los viajes educativos individuales «pueblo a pueblo».

    2018

  • 10 de septiembre, Trump firmó un memorando en el que extendió por un año la aplicación de las sanciones económicas a Cuba bajo el marco legal establecido en la Ley de Comercio con el Enemigo.

  • 15 de noviembre, el Departamento de Estado actualizó la Lista de Entidades Cubanas Restringidas, a partir de la incorporación de 27 nuevas empresas, para un total de 206.

2019

  • 17 de abril, el secretario de Estado, Mike Pompeo, ofreció declaraciones a la prensa anunciando la activación total del Título III de la Ley Helms-Burton, a partir del 2 de mayo de 2019.

  • 6 de septiembre, la OFAC actualizó las Regulaciones para el Control de Activos Cubanos al imponer un límite de hasta mil USD por trimestre a las remesas familiares y suspendió las remesas de donación (no familiares), así como las transferencias relacionadas con Cuba que tengan su origen y destino fuera de EE.UU.

  • 26 de septiembre, inclusión del General de Ejército y su familia en inmoral lista de sancionados

  • 25 de octubre, el Departamento de Transporte anunció la suspensión de todos los vuelos de aerolíneas estadounidenses desde EE. UU. a Cuba, con excepción de los dirigidos al aeropuerto internacional José Martí, de la Habana.

2020

  • 2 de enero, inclusión absurda del ministro de las FAR, general de cuerpo de Ejército, Leopoldo Cintra Frías, en lista de sancionados.

  • 26 de febrero, entró en vigor la nueva normativa de la compañía estadounidense Western Union, que elimina la posibilidad de enviar remesas a Cuba desde terceros países.

  • 13 de mayo Notificación del Departamento de Estado al Congreso estadounidense sobre certificación de Cuba bajo la Sección 40A de la Ley de Control de Exportación de Armas, como país que «no coopera plenamente» con los esfuerzos antiterroristas de EE.UU.».

La cronología se extendió hasta enero de 2021, pero la interrumpo con toda intención en mayo de 2020.  

***

No hay nada tan persistente como la memoria, especialmente en tiempos de internet, cuando la información puede ser localizada con facilidad, aun aquella que sería preferible olvidar porque puede echar por tierra discursos falaces.

En mayo de 2020 el sitio Cubadebate publicó el artículo «¿Una contrarrevolución preferible?». Su autor era Javier Gómez Sánchez, presentado de este modo por la enciclopedia Ecured:

«Comunicador, productor, director, guionista de cine y televisión, y crítico cubano. Licenciado en Medios de Comunicación Audiovisual. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Desde 2017 ha colaborado en espacios digitales como La Pupila Insomne, La Jiribilla, Cubadebate, Cuba Sí, Granma, Juventud Rebelde y Dominio Cuba, con trabajos dedicados al análisis de la guerra mediática hacia la Isla a través del uso de Internet y las redes sociales. Director del documental La Dictadura del Algoritmo (2021), que indaga acerca del impacto político de las redes sociales digitales en la Isla. Es Decano de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte».

Resulta obvio señalar que cualquier texto publicado en Cubadebate y por un autor tan confiable para el aparato como es el caso que nos ocupa, debe contar con la aprobación de altos niveles político-ideológicos.

Según el referido artículo, las opiniones adversas al gobierno cubano se dividían entre nosotros en dos tendencias contrarrevolucionarias: obamistas y trumpistas; o para ser más precisos, «la estrategia Trump» y «la estrategia Obama». En su teoría de la conspiración perfecta, Gómez Sánchez alega que desde el Norte se potenciaban la «estridencia y vulgaridad» de la estrategia trumpista para lograr engañar —nublando su visión—, al ingenuo público que se incrementa con «nuevos lectores jóvenes», los cuales, huyendo de una estrategia, caen en brazos de la otra, la obamista, que sería aceptada como «un mal menor». Esta segunda estrategia, que el articulista considera «más intelectualizada, menos agresiva y capaz de hacerse simpática», es, a su juicio, la más peligrosa.

Curiosa opinión si tenemos en cuenta que su artículo se publicó en el tercer año de la administración Trump, cuando ya la presión era enorme sobre el gobierno cubano. ¿Cómo entender entonces que todavía le temieran más a Obama?

Ocurre que Cuba no debe su autoritarismo a los Estados Unidos, por ello jamás el gobierno cubano ha aprovechado coyunturas geopolíticas favorables para transformarse internamente. Sintió que la política de acercamiento que ofrecía Obama hacía tambalear los cimientos de la estructura que lo ha sostenido durante tanto tiempo. Y no le gustó.

El grupo de poder prefiere convocar a la «resistencia heroica», a cerrar filas ante el enemigo, a «la Guerra de todo el pueblo», a firmar «por la Patria». La presencia «recrudecida» de ese enemigo le sirve de coartada para acusar de «vende patria» a todo el que se oponga; para no aceptar que el diferendo interno le es más perturbador que el externo.

El destacado politólogo no tiene razón cuando asevera que «Otras hubieran sido las características del sistema cubano» en ausencia de la hostilidad con los Estados Unidos. Recordemos que Obama fue más peligroso que Trump para los que dirigen Cuba.   

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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.

Alina Bárbara López Hernández

Profesora, ensayista y editora. Doctora en Ciencias Filosóficas y miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba.

https://www.facebook.com/alinabarbara.lopez
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