Perestroika sin Glasnost o el arte de «dejar de ser, para seguir siendo»
Cuba no es la Unión Soviética de los ochenta, porque Internet ha abierto un espacio de información que entonces resultaba impensable. Sin embargo, en el caso cubano, esa apertura no procede de una política gubernamental orientada a la transparencia, sino que existe «a pesar» del Gobierno y perseguida por este. Lejos de cualquier glasnost, el Estado cubano penaliza toda forma de expresión, digital o física.
Ventriloquia política en la Cuba de los Castro
Lo que Raúl Guillermo no dijo, no se debe a una repentina conversión democrática, ni a una identificación suya hacia una posible apertura; se debe a que dichos términos estorban al negocio. Quien necesita inversión extranjera, comercio y un «modelo económico muy cubano», no puede seguir llamando «imperio», o «criminal», a su posible socio comercial.
¿Perestroika?
La brújula de Raúl Castro y su grupo no es Gorbachov, sino Putin. Internamente tendrán resistencia a un cambio sin democracia como meta de llegada. Y Estados Unidos, que es el único interés de los aprendices a capitalistas de la Isla, no parece dispuesto a aceptar la mano que le extienden. Hay que seguir muy de cerca este proceso. Nos compete a todos.
Desmontar el PCC sin desmontar el pluralismo
La democracia no es un eslogan de campaña, un concepto vacío o una trampa para ingenuos; ella es nuestro horizonte, el que nos permitirá superar décadas de exclusión política e impedirá que la patria sea convertida, de nuevo, en propiedad de una organización o ideología supremacista. Para lograrla, evitemos dos simplificaciones peligrosas: creer que basta con prohibir el PCC para desmontar el poder real, y confundir justicia democrática con proscripción de toda la izquierda.
¿Debería proscribirse el Partido Comunista de Cuba?
La democracia que construyamos deberá saber defenderse de quienes, como el Partido Comunista, son incompatibles con su existencia; pero también garantizar la participación de derechas e izquierdas, porque solo de su libre competencia y de la implicación de los ciudadanos nace el vigor de una democracia.
Adoctrinamiento y dogmatismo, dos eslabones de una misma cadena
Los que se aferran al poder han convertido en absolutos los dogmas que se acomodan a su conveniencia, desarticulan la libertad de expresión, la democracia y forman una casta de adoradores y burócratas pasivos o corruptos. El adoctrinamiento fracasó en Cuba, y lo demuestran las olas de migrantes a lo largo de estos años; la ciudadanía no quiere seguir esperando; los que callan lo hacen por miedo. El dogmatismo ha conducido al gobierno cubano a un callejón sin salida, pero la dialéctica se impone; llegará el cambio.
Algunas precisiones a la resolución presidencial de indulto masivo
Si el parlamento cubano realmente representara los intereses de la ciudadanía, exigiría al gobierno la inmediata puesta en vigor de los derechos refrendados por la Constitución, proclamaría una amnistía general verdadera, y llamaría a un plebiscito real donde quede plasmado lo que en realidad piensa y quiere el pueblo. ¿Será eso posible? En realidad, no lo creo.
El triángulo de la «descastrificación» para la reconstrucción cubana
Los tres vértices del triángulo de la «descastrificación» son simultáneos y se necesitan: sin justicia hacia los responsables, falta verdad; sin desmontaje interior del llamado «hombre nuevo», los hábitos del régimen sobreviven a su caída; sin tradición que la sostenga, la ciudadanía flota como barco sin amarras; y sin educación cívica, simplemente no hay ejercicio democrático posible.
A contracorriente: Cuba-Estados Unidos y la libertad
La dictadura cubana tendrá su fin, pero para que la transición ocurra, para que sea real y sostenible, se necesita una combinación inteligente de rutas; menos altisonante y con protagonismo de los sectores democráticos cubanos. El insuficiente conocimiento del adversario facilita a veces que, incluso queriendo ayudar a confrontarlo, se retrase el final.
Lowenstein, Schmitt y el rol de la complicidad intelectual
El autoritarismo necesita intelectuales, y que estos, rara vez se presentan como enemigos declarados de la razón. Hoy, permitir que intelectuales que justifican la tortura, la represión o la concentración del poder se presenten como simples «voces críticas» cumple una función análoga. Los intelectuales demócratas tienen la responsabilidad histórica de nombrar, confrontar y aislar a quienes utilizan el pensamiento como arma contra la libertad.
Formar ciudadanos antes de convocar electores
Un buen comunicador puede ser un buen político y un buen administrador; pero no lo es por el solo hecho de comunicar bien. Tampoco lo garantiza, conviene decirlo, la épica del activismo o la legitimidad de origen que otorga haber sido preso político o haber resistido a la dictadura. Son méritos morales incuestionables, pero no certifican por sí solos la capacidad de gobernar.
¿Orden constitucional o camuflaje escenográfico?
A pesar de su declarada pretensión de estar colocado por encima de la sociedad y del Estado, visto su escaso éxito en anticipar crisis, producir soluciones y reorganizar el sistema; el Partido Comunista y sus congresos cumplen la misma función en esas alturas que la que cumpliría un globo aerostático: dejar que el viento lo mueva. Solo mantiene la ficción de unidad y dirección y organiza discursivamente la continuidad.
Los futuros partidos políticos en Cuba
¿Transitará Cuba del unipartidismo autoritario a la polarización y la parálisis? ¿Podrá formarse una «coalición de poder» entre socialdemócratas y el partido de los empresarios? Con una población envejecida, ¿los jubilados impulsarán o frenarán el cambio? ¿Respaldarán a los intransigentes para evitar cambios, o a quienes buscan unir fuerzas entre liberales y socialistas?
Cuba, el anexionismo en dos tiempos y las lecciones de José Martí
Es obvio que no puede llevarse a cabo el cambio imprescindible sin ayuda externa, sea mediante la confluencia de varios gobiernos o entidades internacionales o, a falta de esta conjunción de voluntades, con la colaboración de la única fuerza capaz de destruir el dogal dictatorial, la presión del gobierno de Estados Unidos sobre las fuerzas militares y civiles que detentan el poder en Cuba.
Vigencia del pensamiento martiano en la nueva economía
Los postulados martianos sobre economía, si bien con limitaciones, estuvieron presentes en el salto que, entre 1902 y 1958, ubicó a Cuba entre los primeros países de América Latina. A la vez, la negación de los mismos ha generado el retroceso que nos condujo a la actual crisis humanitaria. Los nuevos proyectos deben tomar en cuenta los preceptos martianos, para que los cubanos puedan desempeñar el papel activo y determinante que les corresponde en los destinos de su nación.
El Estado cubano contra sus propios fines
Cada acción del Estado aporta menos a la consecución de los fines declarados en el artículo 13. En vez de defender la soberanía, la vacía de contenido; en vez de garantizar la libertad, la sofoca; en vez de promover el bienestar, lo recorta; en vez de asegurar la igualdad, impone obediencia. El pueblo sigue siendo el jefe de cartón, mientras el partido único se aferra como jefe real. Y con ello, queda claro: a esta gente le importa un bledo el pueblo. Lo único que buscan es ganar tiempo de permanencia en el poder.
La democracia es nuestro horizonte
La democracia es nuestro único horizonte. Tiene que serlo si queremos superar el desastre en que estamos y evitar el otro mayor al que nos empujan. Tenemos que empezar a caminar en serio. Hacer esto es reivindicar la política para nosotros, el derecho de igualdad política y el fin de la exclusión política.
La transición no llegará sola
Un movimiento cívico nacional, organizado y transversal, alteraría sustancialmente la ecuación, el pueblo dejaría de ser un sujeto pasivo que padece mientras otros negocian y pasaría a convertirse en un actor con capacidad real de incidir, condicionar y modificar las reglas del juego. Sin esa articulación, cualquier transformación será siempre incompleta, tutelada o fácilmente reversible.
El aparato represivo «se hizo carne»
El impacto generado por la difusión de las imágenes de los represores obliga a enfrentar una realidad esencial: los sistemas que violan los derechos humanos no operan como abstracciones impersonales, sino a través de hombres y mujeres concretos, que formulan, obedecen y ejecutan órdenes. En ese entramado, el anonimato actúa como lubricante del mal.
¿Deja vu?
El enfático uso del término «líder de la Revolución Cubana» como manera visible de demostrar la verdadera jerarquía dentro de la cúpula de poder, plantea muchas dudas sobre la confianza que el anciano le tiene a aquel que un día fue «el único sobreviviente» de una lista de posibles sucesores. No era el más adecuado, ni el deseado; sencillamente era el único que quedaba.