Vigencia del pensamiento martiano en la nueva economía
El 131 aniversario del reinicio de la Guerra de Independencia, coincide este año con la fase final de la crisis más prolongada y profunda de la historia de Cuba. Dos momentos que, a pesar de la distancia, están relacionados con un propósito pendiente: la República «con todos y para el bien de todos». Los acontecimientos indican que en este 2026 el país tendrá que enfrentar una transformación sistémica que deberá incluir también a la economía. La fecha del 24 de febrero brinda entonces una oportunidad para retomar tesis y principios contenidos en el legado de José Martí que conservan su vigencia.
Como resultado del sistema totalitario impuesto hace varias décadas, que anuló al ciudadano y colocó en manos del Estado las actividades económicas, desde la producción hasta el consumo, la infraestructura fue destruida y la población empobrecida e inmersa en lo que ya es una crisis humanitaria.
José Martí organizó la guerra de independencia como un medio para alcanzar una sociedad sustentada en las libertades y la dignidad humana. En sus cartas, escritos y discursos, esbozó los fundamentos para la economía de la nueva República, a la que aún no hemos arribado. Con ese fin, de forma breve, comento seis citas representativas de su ideario económico:
1) En «Escenas Mexicanas» (1875), escribió: «Entre el sistema prohibitivo y el librecambista, será mejor naturalmente el que produzca mayor número de bienes».
El Apóstol se pronunció por el libre mercado; una relación social en la que diversas personas, al intercambiar dinero, productos, servicios y experiencias, propician que lo producido se convierta en consumo y originen nuevas demandas, todo lo contrario a lo ocurrido en Cuba después de 1959, cuando el libre mercado, al ser erradicado, afectó el interés por la producción.
2) En «Guatemala» (1878) sentenció: «Es rica una nación que cuenta muchos pequeños propietarios. No es rico el pueblo donde hay algunos hombres ricos, sino aquel donde cada uno tiene un poco de riqueza. En economía política y en buen gobierno, distribuir es hacer venturosos».
Martí, conocedor y partidario de los pensadores preocupados por el fomento agrícola en Cuba, los tomó en cuenta: el obispo Juan José Díaz de Espada, elaboró un proyecto económico basado en una economía diversificada en manos de pequeños agricultores; José Antonio Saco planteó la conversión de las grandes plantaciones esclavistas en pequeñas parcelas agrícolas; y Francisco de Frías, defendía que Cuba debiera ser, por excelencia, la patria de la pequeña propiedad y de los cultivos en escala menor.
3) En «Escuelas de Artes y Oficios» (1883), apuntó: «La felicidad general de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes. Una nación libre es el resultado de sus pobladores libres […] Quien quiera nación viva, ayude a establecer las cosas de su patria de manera que cada hombre pueda labrarse en un trabajo activo y aplicable una situación personal independiente».
En un acto de manipulación sin igual, José Martí fue designado como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, a la vez que eran ocultados sus planteamientos acerca de la libertad individual y confiscados los propietarios cubanos. Para su rescate, las medidas que se implementen durante la transición a la democracia, deben incluir asimismo la formación del ciudadano económico, para que los cubanos puedan labrarse su vida de forma independiente al Estado.
4) En el análisis de La futura esclavitud, una obra del naturalista, filósofo, sociólogo y antropólogo inglés Herbert Spencer, escrita en 1884, el pensador cubano resumió: «los pobres que se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia […]. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo».
Es meridiana su alerta en tal sentido, como hemos visto en Cuba después de 1959. La diferencia entre sus palabras y la actualidad, radica en que aquí los pobres fueron desposeídos de la soberanía popular; es decir, no se habituaron a pedirlo todo al Estado, sino que fueron habituados por la fuerza omnipotente del Estado al impedirle labrarse su vida de forma independiente.
5) En la conmemoración del Diez de Octubre, fecha de inicio de la Guerra de los Diez Años, en Nueva York (1889), expresó: «Todo lo de la patria es propiedad común, y objeto libre e inalienable de la acción y el pensamiento de todo el que haya nacido en Cuba. La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie».
Contrario al pensamiento martiano, en Cuba, el Partido-Estado-Gobierno, enarboló consignas excluyentes, aún vigentes. Basta mencionar las siguientes: «Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución, nada» (1961); «La Universidad es para los revolucionarios» (1971); o «Las calles son de los revolucionarios» (2021). A la vez, aplicó medidas que empobrecedoras, como ocurrió con el canje de la moneda en 1961 y con las confiscaciones de propiedades que concluyeron con la Ofensiva revolucionaria de 1968 y la liquidación de los medianos y pequeños productores. Esto confirmó la tesis martiana: «una nación no puede ser rica si sus habitantes no pueden serlo también».
6) En Tampa, en el discurso conocido como: «Con todos y para el bien de todos», el 26 de noviembre de 1891, enunció: «Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos […]; cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!».
Para que un pensamiento tan profundo y necesario tome cuerpo en nuestra realidad, es necesario propiciar las libertades, no obstaculizarlas; es decir, debe colocarse al cubano en primer plano.
Los postulados martianos sobre economía, si bien con limitaciones, estuvieron presentes en el salto que, entre 1902 y 1958, ubicó a Cuba entre los primeros países de América Latina. A la vez, la negación de los mismos ha generado el retroceso que nos condujo a la actual crisis humanitaria. Los nuevos proyectos deben tomar en cuenta los preceptos martianos, para que los cubanos puedan desempeñar el papel activo y determinante que les corresponde en los destinos de su nación.
***
Imagen principal: Otmaro Rodríguez / OnCuba.