«Para que volvamos todos», el 18 de febrero y sus lecciones
El pasado 18 de febrero, un grupo de opositores cubanos de España y Europa nos reunimos en Madrid con el señor Mike Hammer. El hecho, ampliamente reseñado por mis colegas, es importante en sí mismo, pero no pretendo hablar aquí del embajador, sino de nosotros, los que estuvimos allí. Ese día comenzamos a romper más de seis décadas de labor de la Inteligencia cubana, que intentó ―y a veces consiguió― convencernos de que todos éramos enemigos sin posibilidad alguna de identificar objetivos comunes.
¿La hora de los cuchillos?
Apenas cinco horas bastaron para sepultar casi siete décadas de zapa de la Inteligencia. No nos matamos, no nos peleamos, no nos insultamos… Algunos incluso bromeamos, brindamos e intercambiamos fotos. Y hacia el final de la jornada, muchos nos despedimos con abrazos.
En textos anteriores hemos analizado cómo la ruta opositora de la Revolución del 30 coincidía en muchos aspectos con la situación política actual. Aquella generación, que derrocó al tirano Machado, se articuló alrededor de la idea de vencer a la dictadura y solo en eso estaban de acuerdo. Después, muchos de esos jóvenes, que compartieron riesgos y revivieron un país, volvieron a ser contrincantes ideológicos y políticos. El 18F comenzamos a percibir que también nosotros podemos hacerlo.
No son palabras vacías. Muchos hicimos relaciones de colaboración profesional, de intercambio de archivos, de experiencias operacionales. Nos dijimos todo eso en privado, sin poses ni declaraciones rimbombantes, como haces cuando de verdad te quieres integrar.
¿Pensamos ya igual? ¡Por suerte no, y no creo que vaya a suceder! ¿Existen distancias personales, diferencias de carácter y posicionamientos políticos diversos? entre algunos sí, lógicamente; mi opinión sobre otros sigue siendo nula, y a muchos, después de desdigitalizarlos, los encuentro cercanos y divertidos.
Esto último es fundamental. Que nos hayamos visto cara a cara permitió no solo conocernos, sino comprender aspectos que en la virtualidad de las redes sociales no suelen notarse. Pudimos entender que en la realidad que cuenta, que es la física, podemos trabajar.
Para qué volvamos todos
En 1980, la emisora miamense La Cubanísima acuñó la frase: «Para que vengan todos», al referirse al gran éxodo del Mariel, cuando cubanos residentes en Estados Unidos viajaban a Cuba a buscar a los suyos.
Este último 18 de febrero quizás sea recordado en el futuro como el primer día que nos acercó al objetivo de todos los opositores del exilio: una Cuba sin exclusión política y sin dictadura, una patria adonde podamos volver todos. No tenemos que llegar a ser amigos para eso, solo convencernos de que podemos trabajar juntos.
Exactamente un siglo después de que las ideas que terminarían haciendo posible la Revolución del 30 comenzaran a cuajar, las generaciones opositoras cubanas en España hemos comenzado a aplicar sus lecciones.
La historia de Cuba nos demuestra que existió una regularidad alrededor de la caída de las dictaduras anteriores a la actual: la unidad alrededor del objetivo. Pensamientos de derecha, centro e izquierda conformaron al Directorio Estudiantil Universitario de 1930 (DEU del 30), al Movimiento 26 de Julio y al Directorio Revolucionario 13 de marzo, en los años cincuenta.
Fundar y crear democracia en una Cuba futura será una tarea de extraordinaria complejidad que debe empezar en el presente. Este proceso de extirpación del monólogo ideológico y el supremacismo político, empieza por la personalidad de cada uno y luego transformará a la sociedad.
Somos los cubanos, de la Isla y del exilio, quienes debemos exigir justicia, libertad y democracia, pero, sobre todo, los que debemos velar porque estos principios lleguen a consolidarse en el futuro. Quizás entonces podamos decir, volviendo la vista atrás, que una tarde de febrero, en Madrid, se respiró el aire de una Cuba libre tras más de seis décadas de intransigencia y exclusión.