Alianzas espurias: desafíos a la comunidad internacional
La captura de Nicolás Maduro provocó posiciones encontradas. Por un lado, invocación del derecho internacional por el acto de fuerza; por el otro, un pueblo desesperado que ha hecho todo por terminar con la dictadura por vías democráticas, y no lo ha conseguido. Ambos sucesos muestran quiebras y desafíos al derecho internacional, en particular a la ONU y al sistema internacional de derechos humanos. Propongo reflexionar sobre las consecuencias de las alianzas espurias entre dictaduras en ámbitos multilaterales.
Los regímenes descritos en mi texto anterior y Cuba se alían en foros internacionales. A la Isla le han aportado complicidad y complacencia ante el mundo y recursos para manipular. Votos en Naciones Unidas y apoyo a su candidatura en organismos internacionales que son el reverso de la realidad cubana: discriminación, sindicalización, comunicaciones y derechos humanos, por ejemplo. Obtener un asiento en el Consejo de Derechos Humanos (CDH) siempre ha sido prioridad en su política exterior, y lo ha conseguido, a pesar de la existencia de informes con razones suficientes para no admitirla.
Todos esos gobiernos se escudan en la «soberanía» y «el derecho a la autodeterminación» para evitar sanciones internacionales y mantenerse en el poder. Sus puntos en común son: dictadura y confrontación con EE.UU., no necesariamente afinidad ideológica. De ahí las alianzas con la dictadura argentina de extrema derecha anticomunista (1976-1983) y con Irán, un Estado autocrático y religioso fundamentalista desde 1979.
Las componendas son notorias en el ámbito de los derechos humanos, paradigma universal desde la segunda postguerra mundial, cuyo régimen internacional reúne principios, normas, reglas y órganos de toma e implementación de decisiones, a escala global y regional: CDH, Comité contra la Tortura y organizaciones multilaterales en América, Europa, África y Asia.
-I-
Una investigación muestra que, entre 2006-2020, de las 140 resoluciones sometidas a votación sobre situaciones de derechos humanos en el Consejo, Cuba votó setenta y cuatro veces en contra, y sesenta y seis a favor; de ellas, sesenta y dos correspondían a la situación de Palestina. Se opuso así a que el CDH adoptara medidas ante graves violaciones de derechos humanos en Corea del Norte, Sudán, Irán, Belarús, Venezuela, Yemen, Nicaragua y otros países. Comento cuatro casos:
Corea del Norte: Desde 2008, Cuba votó en seis oportunidades contra medidas que condenaban delitos de lesa humanidad en dicho país, tanto en el CDH como en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU). En 2014 se opuso asimismo a la Resolución de la Asamblea que criticaba fuertemente a ese gobierno y solicitaba al Consejo de Seguridad la remisión de sus líderes a la Corte Penal Internacional (CPI). Cuba destacó al hacer un lobby en contra con una «intensidad» sin «paralelo».
Siria: Durante años, existieron sobradas evidencias de torturas, asesinatos, cientos de muertes en protestas, ejecuciones, persecución de manifestantes, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, etc.; sin embargo, Cuba votó en contra de considerar dicha situación. El CDH exhortaba a las autoridades «a poner fin a todos los actos de violencia, a liberar a los presos de conciencia», etc. La situación en Siria se agravó, motivando veintiocho resoluciones hasta 2019, con la oposición permanente de Cuba.
Irán: En 2011, cuando se expresaba preocupación por la aplicación de flagelación y amputaciones, penas de muerte, ejecuciones públicas, incluso de menores; lapidación y estrangulamientos; violencia contra las mujeres; persecución de minorías religiosas, etc., Cuba votó en contra de considerar tal situación en aquel país. Además, luego mantuvo su voto negativo en ocho ocasiones a las resoluciones que prorrogaban el mandato del Relator Especial.
Venezuela: En 2018, cuando el CDH expresó «su más profunda preocupación por las graves violaciones», Cuba votó en contra de velar por la promoción y protección de los derechos humanos. En 2019, con la situación más agravada, reincidió oponiéndose a otra Resolución que demostraba la repetición sistemática de dichas violaciones y expresaba alarma por la «erosión del estado de derecho».
Quedó claro que, «por su estrecha colaboración», Cuba resulta corresponsable de tales violaciones. El Informe de la Misión Internacional de la ONU sobre crímenes de lesa humanidad en Venezuela (septiembre 2022), refleja su involucramiento en técnicas de interrogatorio, vigilancia, etc., desde 2008. Pero todo se diluyó, el gobierno venezolano nunca cooperó y la oficina de la Corte Penal Internacional (CPI) en Caracas tuvo que cerrar en noviembre 2025, luego de las elecciones de julio de 2024 y la represión desenfrenada, sumada a la crisis humanitaria.
-II-
El jurista Brian Schapira ha demostrado que frente al sistema de derechos humanos las dictaduras suelen enmascararse con falsos compromisos y/o confrontación abierta ante toda crítica. Es la postura del gobierno cubano, siempre «a la defensiva» y al «contraataque»; con «un compromiso» «meramente declamatorio» y de complicidad y apañamiento hacia sistemas autoritarios y violadores de derechos.
Como regla, quienes votaron con Cuba esas setenta y cuatro veces son «países que padecen dictaduras, autoritarismos o autocracias». Destacaron China, Rusia y Venezuela. Salvo una vez, China ―cuya actuación representa una amenaza para el sistema universal de protección de derechos humanos― estuvo siempre.
Todos los casos mencionados son dictaduras en cuyos países ha ocurrido un empeoramiento sucesivo de la violencia política, desembocando en escenarios traumáticos que no han logrado la democratización.
A ello se suma la transversalización de alianzas, como la que involucra al Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) ―languideciente hoy―, segunda organización internacional más grande después de Naciones Unidas (120 miembros). Desde su fundación (1961), en plena Guerra Fría, declaró como objetivos la «neutralidad, soberanía e intereses de los países en vías de desarrollo», sin aliarse con las superpotencias.
Cuba ―único país latinoamericano fundador―, estableció hace décadas en sus objetivos de política internacional, priorizar al MNOAL logrando «su unidad y cohesión sobre la base de una política antimperialista y de la necesaria unidad» con «la comunidad socialista internacional como aliados inseparables en la lucha contra el imperialismo…». No obstante, ¿ha sido Cuba realmente No Alineado, o el «hermano» belicoso de la URSS mientras esta existió y luego por su cuenta?
Véase un ejemplo: la complicidad con la cruenta dictadura argentina (1976-1983). A pesar de que incluso dos jóvenes diplomáticos cubanos fueron asesinados allí, durante esos años las relaciones bilaterales se elevaron como nunca antes. En tal connivencia fueron claves la complicidad de la URSS/campo socialista, China, el Partido Comunista Argentino (PCA) y la participación de ambos gobiernos en el MNOAL. Todos unidos por sus intereses y contra los reclamos de derechos humanos del entonces presidente estadounidense James Carter.
Así fluyeron mutuos intercambios de apoyos a candidaturas en organismos de la ONU y se impidió que la dictadura en Argentina fuera condenada en la CDH o la AGNU. Por tal razón, a los sectores democráticos argentinos les era muy difícil encontrar aliados. La simultánea membresía cubana en el bloque latinoamericano, el campo socialista y el MNOAL ―que presidió entre 1979-1983―, hizo de la Isla un eficaz negociador entre la dictadura sureña y esos actores. Los lobbies, apoyos y silencios convenientes en esos foros multilaterales son probatorios y escandalosos.
-III-
Con un discurso victimista y demagógico sobre derechos humanos, antimperialismo y no injerencia, Cuba ha violado reiteradamente el derecho internacional. Ha logrado posicionarse de modo que puede, y de hecho influye, en las negociaciones y decisiones de foros multilaterales. El derecho internacional no debería servir para condenar selectivamente un tipo de fuerza, imperialismo o dictadura.
Los derechos humanos ―surgidos para proteger a la humanidad de la injusticia y la opresión― son supranacionales. La vertiente interna del derecho de los pueblos a la libre determinación debería defenderse, porque sin soberanía popular, la del Estado es ilegítima. El régimen internacional ha sido incapaz de evitar o extirpar las dictaduras, ante las cuales los pueblos quedan indefensos. En un mundo donde predominan las democracias y venció la diplomacia frente al uso de la fuerza, junto al paradigma de esos derechos universales, tal realidad resulta inaceptable.
Recientemente, la experta Dorothea Krueguer advirtió sobre la apatía hacia las aperturas de períodos de labores del CDH, el declive de los derechos humanos a escala multilateral y la subestimación del mecanismo en sí. Sumado a la complicidad entre países que lo integran siendo a la vez violadores de tales derechos. Hoy existe una intención expresa de minar esas estructuras. Ejemplo: el «Grupo de Amigos de la Carta de las Naciones Unidas», encabezado por Bielorrusia, China, Corea del Norte, Cuba, Guinea Ecuatorial, Irán, Nicaragua, Rusia, Siria y Venezuela; para quienes el sistema de derechos humanos de la ONU «nunca debería interferir ni criticar la situación nacional de los Estados sin su consentimiento, sin importar la gravedad de las violaciones».
Si la comunidad internacional no actúa frente a estas realidades, volveremos a la barbarie. Urge reformar la Carta de la ONU ―empezado por el derecho de veto―; otorgar mayor autoridad al régimen internacional de DDHH; perfilar la controvertida «intervención humanitaria» y la «responsabilidad de proteger»; adecuar los mecanismos de acceso a sus órganos y evitar que países democráticos se alejen de dichas estructuras. Respecto al CDH, apremia reformar la Resolución 60/251 de la AGNU, exigiendo que, para integrarlo, el país sea parte de los nueve pactos de derechos humanos y sus protocolos, acepte los procedimientos de comunicación individual de estos y mantenga invitación abierta y permanente a sus procedimientos especiales.
El quiebre del Derecho Internacional en la primera mitad del siglo XX llevó a dos guerras mundiales y los síntomas se están repitiendo. Ejemplo reciente: ante el nuevo ciclo de protestas masivas en Irán, entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, con represión y asesinatos en masa; el Consejo de Seguridad no pudo actuar por el veto de China y Rusia. Una coalición de treinta organizaciones no gubernamentales y grupos de derechos humanos reclamó sesión de emergencia del CDH; el Consejo exigió a Irán frenar la represión, pero el régimen ignoró el llamado; a pesar de ello, el 13 de febrero el gobierno de Irán fue electo vicepresidente de la Comisión de Desarrollo Social ―en el Consejo Económico y Social (ECOSOC)― de la ONU, ¡para asesorar en temas de empleo, pobreza, protección social e inclusión!
Por más que duela y preocupe, tras Venezuela está Cuba ―un pueblo también agotado y desesperado―, donde no pocos desean similar desenlace. Son contradicciones de hoy que los trascienden. El impacto de las alianzas de las dictaduras en ámbitos multilaterales es múltiple, además de nocivo para los pueblos y el sistema internacional. Es hora de invertir la tendencia. El derecho y el sistema internacional, en particular el de derechos humanos, emergidos luego de la Segunda Guerra Mundial, son conquistas civilizatorias que deben preservarse, reformarse y fortalecerse antes de que sea demasiado tarde.
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Imagen principal: Reuters - Miraflores Palace.