El hombre piensa como vive
José Martí escribió: «La patria es ara y no pedestal». Tal vez quiso recordarnos que la nación no es escenario para el ego, sino espacio sagrado de responsabilidad compartida. Si la entendemos como un lugar de cuidado y no de exhibición, quizá podamos mirarnos con menos sospecha y más humanidad.
Actualidad del Manifiesto de Montecristi
La amenaza externa es cierta. También lo es el peligro de continuar bajo un régimen que apela a la represión como único recurso para mantenerse en el poder. Es cada vez más visible el incremento de sus métodos crueles e inhumanos que, de no ponerle fin, llegarán a los adoptados por las tiranías conocidas históricamente en el área antillana y en nuestro país: las desapariciones definitivas, los asesinatos, cuerpos sin vida arrojados a las calles, cunetas y carreteras, como tristemente recordamos.
Cuba, el anexionismo en dos tiempos y las lecciones de José Martí
Es obvio que no puede llevarse a cabo el cambio imprescindible sin ayuda externa, sea mediante la confluencia de varios gobiernos o entidades internacionales o, a falta de esta conjunción de voluntades, con la colaboración de la única fuerza capaz de destruir el dogal dictatorial, la presión del gobierno de Estados Unidos sobre las fuerzas militares y civiles que detentan el poder en Cuba.
Vigencia del pensamiento martiano en la nueva economía
Los postulados martianos sobre economía, si bien con limitaciones, estuvieron presentes en el salto que, entre 1902 y 1958, ubicó a Cuba entre los primeros países de América Latina. A la vez, la negación de los mismos ha generado el retroceso que nos condujo a la actual crisis humanitaria. Los nuevos proyectos deben tomar en cuenta los preceptos martianos, para que los cubanos puedan desempeñar el papel activo y determinante que les corresponde en los destinos de su nación.
José Martí contra la tiranía
Los calificados como «enemigos», en modo alguno son los ciudadanos que emiten juicios, opiniones y sugerencias, coincidentes o no con los emanados del gobierno. Como decía Martí, es erróneo aspirar «a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores, y en la misma naturaleza humana».
Por la dignidad de todos, todos
El proyecto de homogeneizar a la totalidad de los ciudadanos bajo el rubro de «revolucionario» o «comunista», sin considerar la natural variedad de modos de ser de los humanos y, sobre todo, prescindiendo de que estos pudieran formar parte normal de nuestra existencia socio-política, lesionó en gran medida el desempeño ecuánime y benéfico de nuestra sociedad.
José Martí, apóstol de nuestra futuridad
Nadie puede pretender que todos los seres humanos piensen y actúen del mismo modo. Dos personas no se ponen de acuerdo en aspectos tan banales como el diseño de una ropa o la comida a elegir. ¿Cómo pretender, entonces, que millones de seres estén de acuerdo en todo y, consecuentemente, se comporten de modo semejante?
Una República para todos. ¿Sueño imposible?
¿Es posible materializar el sueño martiano? ¿Qué la palabra honesta y la posibilidad de pensar y decir diferentes no sean realidades excluyentes, sino la praxis de nuestra sociedad? Hoy no lo parece. Para que en Cuba renazca la esperanza, debemos despertar como ciudadanos.
El totalitarismo, la economía y el ciudadano
La reconversión de los cubanos en ciudadanos es una premisa para que los cambios venideros se reviertan en progreso y bienestar. Se trata de un asunto de propósito tan difícil que, iniciado desde la primera mitad del siglo XIX, aún está pendiente de realización.
Gobernar con sensatez y sensibilidad
La estatización, sobre todo cuando se supedita a un único partido, no puede ser la forma de gobierno que cubra los intereses y necesidades de la diversa gama de personas que buscan prosperar y vivir del mejor modo en un país.