
¿Qué sería de los cubanos sin el humor inteligente? Para que no nos falte la sonrisa de fin de semana, acogemos Cuentos de nuestro Era, una columna medio en broma, medio en serio, de la autoría del escritor Jorge Fernández Era e ilustrada por Wimar Verdecia.
apoye a Cubaxcuba
¿Sueña con un país mejor? Nosotros también, por eso buscamos el empoderamiento cívico de la ciudadanía mediante el debate, el acceso a la información y el análisis de la realidad nacional.
Si considera que el trabajo que realizamos es necesario y desea apoyarnos, puede hacernos llegar su contribución utilizando tarjetas de crédito o débito y también a través de PayPal.
La ideología debe servir a la vida. No es la vida la que debe ofrecerse como sacrificio en el altar de la ideología. ¿Cómo asumir, celebrar y defender una ideología que en la práctica no permite una existencia más benévola y provechosa? Por mucho trabajo de catequesis que se haga, tales ideas no se convertirán en convicciones en la conciencia de las personas, pues no hallarán su sentido útil.
La noción de zonas autónomas temporales ofrece una contra-narrativa a los polos hegemónicos en la política cubana. También prevén la crisis y retroceso del Estado. Su entendimiento puede arrojar luz sobre hechos que, aún hoy, nos cuesta definir hasta en el mismo contexto en que sucedieron, pero, sobre todo, nos muestra una forma de resistencia poco convencional.
No importa si los graduados tienen dieciséis o diecisiete años, aun siendo menores son reclutados, por ley y con amenaza de prisión a los padres y al menor. Únicamente Corea del Norte supera a Cuba en lo rígido de sus reclutamientos, pues en dicho país el Servicio Militar Obligatorio (SMO) es, desde el año 2015, de imprescindible cumplimiento también para las mujeres.
El pensamiento democrático cubano tiene que existir en contraposición con la criatura anodina, obediente, simplona y feroz a la que mutó el pensamiento político en su relación periférica y difícil ―angustiosa si se quiere, pero también venal― con el poder sin límites, cuando dejó de hacer lo primero y más importante que necesitábamos en Cuba: pensar.
Cuba no está en crisis, sino en colapso y ese colapso, aunque doloroso, está activando algo inesperado: una revolución que no marcha con pancartas, sino que brota desde la necesidad extrema. El callejón sin salida se ha vuelto matriz de alternativas, un entorno crítico donde la falta de salidas convencionales obliga a la creación simultánea de múltiples respuestas.
Entender el funcionamiento de estructuras como el Partido Comunista de Cuba, sembradas hace cien años y que han demostrado su utilidad para la toma y conservación de un poder totalitario, permitirá evitar los cambios fraudes, las revoluciones traicionadas y las figuras mesiánicas. Sin esa comprensión, la libertad y la democracia serán imposibles en una Cuba futura, con todos y para el bien de todos.
«Cuando papá regresa desde Caracas, en el aeropuerto lo estaban esperando, y se produce lo que yo digo es el primer acto de repudio que hubo en Cuba. Fue protagonizado por los estudiantes de la Universidad de La Habana», relata la socióloga Lela Sánchez, cuya misión ha sido limpiar de falsedades y calumnias el nombre digno del gran opositor de la República, su padre, Aureliano Sánchez Arango.
Entre los ilustres olvidos que conforman la historia de la disidencia cubana se encuentra el nombre de la doctora Martha Frayde, iniciadora, junto a Ricardo Bofill, del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, en enero de 1976, y condenada a ventinueve años de prisión ese mismo año, bajo la acusación de «agente de la CIA». El enigma en torno su vida y castigo no desaparece tras esta enumeración apresurada.
Con los discursos de la descentralización, el emprendimiento o el diálogo, el régimen intenta, a través de sus voceros oficiales u oficiosos, construir agendas intelectuales que simulen reformas, mientras preservan los elementos que constituyen el núcleo de su poder. Son operaciones de distracción, diseñadas para encauzar la atención pública hacia cuestiones importantes, pero no esenciales, y alejarla de las transformaciones estructurales que el país necesita.