¿Lavado de cerebro o un simple enjuague?
En los últimos días no he tenido más remedio que reflexionar para entender cómo hemos llegado hasta aquí. Me refiero a la vía por la que, sufriendo situaciones insostenibles como pueblo, nuestras reacciones han sido relativamente pobres, si se compara con las sostenidas por varias generaciones anteriores que han habitado esta islita en los cien años que abarcan la mitad de dos siglos.
Este pueblo ha tenido una larga experiencia de contiendas cívicas. Desde la resistencia organizada, huelgas, manifestaciones estudiantiles, artículos en la prensa y otras, hasta la más extrema, que fue la lucha armada. Siempre buscando obtener ideales vinculados a las libertades que merecemos, a mejorar las condiciones de vida de la gente y el desarrollo económico del país.
Simplificando la historia, nuestras aspiraciones iniciaron al alzarnos en armas para conseguir la independencia y la eliminación de la esclavitud. Ya en la República, en una etapa se intentó alcanzar metas que permitirían una mayor independencia respecto al poderoso vecino de enfrente. Y en cierta medida se logró.
A lo largo de los años, diferentes ideologías han aparecido en el mundo y repercutido de alguna manera en Cuba. Ni el fascismo, el anarquismo, el comunismo o simplemente el control dictatorial de una camarilla gobernante lograron imponerse y ahogar las más nobles aspiraciones del pueblo. Durante la década de los cuarenta y primeros años de los cincuenta, la democracia inició su marcha firme, con principios que se asentaron en la Constitución del cuarenta, de las más avanzadas en su tiempo.
Este período fue interrumpido por el golpe de Estado de Fulgencio Batista y tuvo como consecuencia una insurrección que duró siete años. La dictadura fue derrotada y las fuerzas insurrectas tomaron el poder. Esto cambiaría nuestro destino: poco después se anunció la pretensión de convertirnos en el primer país socialista de este continente. No obstante, creo que más bien logramos ser el primero en disfrutar de un capitalismo de Estado incipiente. El nuevo gobierno nacionalizó las propiedades y las fuerzas productivas que existían, pero se convirtió en dueño y señor de ellas y prácticamente «de vidas y haciendas». El nuevo orden establecido fue bautizado como «socialista» y, además, se garantizaba que la meta sería alcanzar en poco tiempo el comunismo.
Entonces este pueblo, que había arriesgado su vida para regresar a la democracia, con sus libertades y prometidas mejorías existenciales que formaban parte del programa de luchas; luego del triunfo recibió con alegría un grupo de medidas que, efectivamente, los beneficiaban socialmente y que llegaron a considerar como los primeros resultados de una sociedad socialista.
Casi a la par de esas indiscutibles mejoras para la población, comenzó una estrategia muy bien estructurada que intentaba borrar valores pasados, dejando espacio solo para los nuevos. El método utilizado recordaba lo que conocíamos coloquialmente como «lavado de cerebro». Su resultado, a través de los años, daba la sensación de que pueblo y gobierno estaban viviendo una luna de miel que iba a ser eterna.
Pasado mucho tiempo, es posible percatarse del verdadero objetivo de ese proceder. Todo aquello que separaba tus ideales anteriores ―denominados «rezagos pequeño burgueses», entre otros términos descalificativos― del nuevo rumbo indicado por los recién estrenados gobernantes, se iba borrando de tu memoria. De tal modo, se modificaron valores, inquietudes y aspiraciones.
Desde la perspectiva de alguien que, como yo, ha vivido este largo proceso, he intentado elaborar una lista de algunas de las medidas tomadas con el objetivo de convencer al pueblo de que solo por esta vía se obtendrían y mantendrían los beneficios necesarios. Es apenas una aproximación y no siempre aparecen en orden cronológico. Pero hay mucho más. Si coinciden conmigo en el análisis, invito al lector a que borre o incorpore las que recuerde, por experiencia propia o relatos de familiares y amigos.
Agrupación de las distintas organizaciones que habían luchado contra Batista, en una sola: las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), dirigida por cuadros del Movimiento 26 de Julio y, tomen nota, por conocidos miembros del Partido Socialista Popular que casi nada habían aportado a la insurrección.
Desaparición de la prensa independiente y aparición de una que nacionalmente estaría dirigida por individuos del Movimiento. Su nombre inicial fue abarcador: Revolución, luego asumiría el de Granma, nombre del barco que trajo a los rebeldes del Movimiento excluyente. Otros órganos de prensa aparecieron, tanto en provincia como aquellos que respondían a distintos sectores: la juventud, la Central de Trabajadores, etc., Pero todos bajo la misma dirección ideológica.
Nacionalización de las escuelas privadas e integración de todas las escuelas en el sistema educacional establecido.
La historia que se impartía en ellas, en todos los niveles, lejos de enseñar cómo se formaron nuestros valores patrios, se convirtió en un sistema integral de adoctrinamiento que respondía a los intereses del gobierno. Así se lograba el acondicionamiento intelectual de varias generaciones de niños y jóvenes, porque esta distorsión de la historia de mantiene hasta hoy en los centros educativos.
El desarrollo de las manifestaciones de la cultura y la creación intelectual estuvo presidido, desde sus inicios por la famosa frase: «dentro de la revolución todo, fuera de ella, ningún derecho».
La radio y la televisión fueron instrumento propagandístico para divulgar noticias de interés gubernamental. Fue la época de oro del realismo socialista, con sus películas épicas, en blanco y negro, dedicadas a dar a conocer la heroicidad y los triunfos de la URSS durante la segunda guerra mundial.
Con la excusa de lo que resultó después el fallido intento por lograr la Zafra de los diez millones, se prohibió celebrar las Navidades. Numerosas familias perdieron el encanto de disfrutar, con más o menos recursos, de las tradicionales festividades. El fin de año cambio su sentido, en lugar de soñar con alcanzar en el siguiente algunas expectativas, se convirtió en el aniversario del triunfo de los dirigentes del Gobierno. La fecha que podía llenar de ilusión a muchos niños que esperaban a los Reyes Magos, se trasladó del 6 de enero al 26 de julio, conmemorando así con júbilo un fracaso militar que enlutó a varias familias.
La primera oleada migratoria convirtió el deseo de abandonar el país, a los efectos del gobierno, en un acto de traición que condujo, posteriormente, a los momentos más vergonzosos que ha vivido el país.
Una buena parte de los bienes que dejaban atrás los adinerados emigrantes, se convirtió en patrimonio de los nuevos gobernantes, que comenzaban a comportarse justo como aquellos a quienes perseguían porque consideraban explotadores.
Las relaciones familiares se fracturaron, porque aquellos que emigraban o se oponían a la política establecida, eran considerados traidores, enemigos de la Patria. Y esto es básico que se entienda bien: LA PATRIA SIEMPRE HAN SIDO ELLOS. Ahora, además, son LA SOBERANÍA DE LA PATRIA. Por eso es que hay que defenderlos de todo.
Cuando la salida del país se convirtió en una solución masiva, fue condenada enérgicamente con los inhumanos mítines de repudio. Esta decisión conducía a la perdida de tus derechos como ciudadano, que algunos lograron recuperar recientemente.
La pena de muerte, que no estaba ya vigente en Cuba, se aplicó primero a los sicarios de la dictadura y después a los propios compañeros que comenzaban a estar en desacuerdo con la forma en que el gobierno acercaba sus posiciones a los países del bloque socialista. Al miedo a ser encarcelado o fusilado, se sumaba el temor a ser considerado públicamente, ya no como un héroe, sino como un paria, enemigo de su pueblo. El ejemplo típico de lo expuesto es el caso de Huber Matos.
Desaparecieron los partidos políticos y, por supuesto, las elecciones prometidas en el programa por el que tantos se habían jugado la vida y muchos la perdieron.
A finales de los sesenta del siglo pasado surgió el PCC. Único vigente en el país hasta hoy; que siempre ha estado por encima de todo, aunque es en la última de las constituciones donde adquiere su verdadero carácter de «ente supremo» de un sistema inmortal y anti dialéctico.
Desapareció la independencia de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Pero podemos contar con el penoso sistema electoral y la estructura de la Asamblea Nacional que ejerce, supuestamente, el legislativo y el control de la manera en que funcionan ministerios y demás órganos del gobierno (excepto GAESA). No olvidemos que esta Asamblea es la cuna de la unanimidad, entre otros aportes que le adjudicó Fidel Castro.
Lo más significativo de lo que el gobierno ha considerado como una actuación democrática dentro del socialismo (no confundir, por favor, con la social democracia) es la posibilidad de que este pueblo demuestre su apoyo a diferentes medidas con marchas y concentraciones donde, por aclamación ―nunca con votos contados―, se aprueban decisiones trascendentales para el país, a veces cuando ya han sido tomadas y hasta aplicadas.
Y ahora un hecho fundamental que no es posible olvidar:
El pueblo cubano estuvo a milímetros de desaparecer del mapa porque el gobierno había aceptado colocar las ojivas nucleares del dueño de una parte lejana del mundo, y que apuntaban a la casa del dueño de esta parte del hemisferio, enemigo jurado de nuestros gobernantes. Algo tan grave sucedió sin que los cubanos tuviéramos la menor idea de lo que ocurría en realidad, ni mucho menos participación en tal decisión.
Como tampoco la tuvimos en las distintas guerras en que participó Cuba y en las que se derramó sangre cubana. El último ejemplo fue el reciente fallecimiento de treinta y dos cubanos en Venezuela.
¿Por qué hago un recuento que casi todos conocemos, aunque pocos queremos recordar?
Esta manera de conducir a un país e intentar crear una conciencia popular que le ha permitido al gobierno actuar con total impunidad, puede considerarse un intento oficial de «lavado de cerebro». Sin embargo, el cubano, por idiosincrasia, no resulta fácil de manipular de manera infinita. De ahí que «el lavado» resultara en realidad «un enjuague». Y menos mal que por esa característica solo parece que lograron poco. Gracias también a que algo quedaba, flotando sobre el país, de la historia que hicieron nuestros antepasados.
En parte por esto, hoy ha emigrado una cantidad considerable de su población, buscando posibilidades de existir con el esfuerzo de su trabajo; sin rendir pleitesía, sin verse obligados a aplaudir o marchar por las calles para recibir un salario que malamente retribuía el esfuerzo realizado.
A pesar de un adoctrinamiento mantenido durante tanto tiempo, el pueblo está reaccionando como debe: exigiendo que se respeten sus derechos y se atiendan sus necesidades más elementales. Muchos han estado encarcelados por esto, y aún lo están. Aunque cabe avalar que aquellos que desde el principio lograron entender la verdadera naturaleza autoritaria del grupo de poder, dieron ejemplos de lucha y sacrificios que entonces no fueron reconocidos debidamente como patriotas. Sus nombres han sido borrados o los mancillaron llamándolos «traidores» y «vende patrias».
En los grupos que se manifiestan ahora reclamando derechos de supervivencia, ya han aparecido gritos exigiendo libertades. Ojalá siga aumentando el número de ellos y el volumen de su reclamo.
Y ojalá también que aquellos que piden, desde la comodidad del exilio propio o el de sus padres, que se apliquen medidas que significan un mayor sacrificio de este pueblo, apoyándose en la política inhumana de unos dirigentes foráneos, tengan acceso a este escrito. Tal vez se den cuenta de que agreden a sus hermanos, que somos las víctimas que han sufrido más en este sistema. El desprecio e irrespeto con que nos miran, no es más que la copia al carbón de lo que han pretendido que se haga aquí con aquellos que no comulgan absolutamente con lo que ahora, como siempre, ellos pretenden hacer a espaldas de nosotros.
Estos que partieron de aquí y buscan la destrucción de su pueblo apoyando estas medidas, también sufren los efectos del lavado de cerebro. Al actuar así se acercan, cada vez más, a los gobernantes cubanos que tanto rechazan; a los que siempre nos han ignorado a la hora de decidir los destinos de la patria, a los que han arruinado este país hasta convertirlo, gracias a la desidia y la indiferencia estatal, en un estercolero.
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.