Formar ciudadanos antes de convocar electores
Un buen comunicador puede ser un buen político y un buen administrador; pero no lo es por el solo hecho de comunicar bien. Tampoco lo garantiza, conviene decirlo, la épica del activismo o la legitimidad de origen que otorga haber sido preso político o haber resistido a la dictadura. Son méritos morales incuestionables, pero no certifican por sí solos la capacidad de gobernar.
Cuba: Un puente que hay que construir
La Cuba del futuro tendrá que construirse como un puente y levantarse desde dos orillas al mismo tiempo. No hay otra manera. Una sola orilla construyendo hacia el vacío no produce un puente, sino un muelle, una plataforma de salida, una estructura que solo sirve para alejarse. El puente requiere que las dos orillas trabajen hacia el centro simultáneamente.
¿Lavado de cerebro o un simple enjuague?
El pueblo está reaccionando como debe: exigiendo que se respeten sus derechos y se atiendan sus necesidades más elementales. Muchos han estado encarcelados por esto, y aún lo están. Aunque cabe avalar que aquellos que desde el principio lograron entender la verdadera naturaleza autoritaria del grupo de poder, dieron ejemplos de lucha y sacrificios que entonces no fueron reconocidos debidamente como patriotas. Sus nombres han sido borrados o los mancillaron llamándolos «traidores» y «vende patrias».
El desprecio como forma de gobierno
El castrismo se fundó sobre una premisa ambiciosa y peligrosa: el pueblo cubano —con sus hábitos, creencias, aspiraciones y límites— no era adecuado para el proyecto político que se pretendía construir, por ello era necesario transformarlo, corregirlo, sustituirlo. De ahí la tesis del «hombre nuevo», presentada como ideal ético al que aspirar, pero utilizada en la práctica como coartada para reprimir al hombre existente.
Educación y transición democrática en Cuba: reconstrucción de un modelo cívico
La educación de décadas es un sedimento cultural que no se disuelve con decretos ni elecciones, y cuyo peso condiciona la respiración misma de la vida cívica. La transición democrática no solo demanda nuevos contenidos, sino una pedagogía capaz de reentrenar el juicio, la autonomía y la responsabilidad ciudadana. Porque, al final, ¿cómo puede florecer la libertad en una mente educada para desconfiar de ella?