En torno a un Castro III
-I-
El mito del futuro promisorio ha estado presente en el imaginario de la nación cubana desde sus orígenes a fines del siglo XVIII. «La Albion del Caribe», «la joya de la Corona», «la Republica con todos y para el bien de todos», «la Isla de la Libertad», «el primer país Comunista», han sido aspiraciones planteadas al cubano por diversos profetas y flameadas por políticos y caudillos que, al sonido de esas flautas, han pastoreado enormes multitudes.
Castro I representó exitosamente esa mitología, al hacer creer al ciudadano común adoctrinado que en relativamente poco tiempo llegaríamos a ser el país más rico del mundo; el primero en llegar al comunismo, y, cuando los traspiés se hicieron evidentes, que ahora sí íbamos a construir el socialismo.
Tras su retiro forzoso por enfermedad (2006), Castro II intentó concretar la vieja promesa desarrollista de manera más realista, mediante reformas que pronto fueron detenidas por antojárseles demasiado atrevidas a ellos mismos. En cambio, optaron por consolidar su versión peculiar de capitalismo de Estado a través del holding militar-familiar GAESA, colocado por encima del Gobierno/Partido/Estado (GPE), empeño egoísta y soberbio que condujo a la ruina de la economía y a convertir la subsistencia del pueblo en un infierno (LINK AL POST ANTERIOR).
Ahora, cuando la presión interna y externa parece a punto de desbancar a la familia del poder, algunos de sus vástagos se ofrecen como posible Castro III, el nuevo «Mesías» capaz de mutar la naturaleza obsoleta del régimen y lograr el futuro promisorio sin que desaparezca la dinastía.
¿Habrase imaginado tal desparpajo como el de esta estirpe de aristócratas comunistas aferrados al poder? ¿Acaso la naturaleza destructiva de ese experimento de ingeniería social militarista-totalitario que unos llaman «La Revolución» y otros «El Régimen» podrá superarse sin que los Castro pierdan el liderazgo? ¿Cuba podría retornar al capitalismo de la mano de quienes lo destruyeron, o es que ya lo hizo hace mucho, aunque alguna gente no quiera reconocerlo? Son preguntas que quitan el sueño a más de uno; sin embargo, vistas desde una perspectiva histórica, la verdad salta ante nosotros descarnada e inobjetable. Analicémoslo brevemente sin anteojos de colores.
-II-
La sucesión de los Castro en el poder fue impuesta desde 1959 mediante un proceso gradual pero sostenido de empoderamiento de la figura de Raúl ejecutado por Fidel para hacerlo sobresalir por encima de otros comandantes con igual o mayor prestigio militar y simpatía entre las fuerzas armadas y el pueblo revolucionario, como Camilo Cienfuegos, Che Guevara y Huber Matos. Los momentos principales de ese encumbramiento fueron su designación autoritaria como sustituto del Comandante en Jefe (CJ) en el mando de las fuerzas armadas de la república, por si «le ocurre algo» (21 de enero de 1959); como jefe de la comandancia de las FAR, cargo inexistente hasta entonces; como segundo jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire de la República, por encima de Camilo, entonces Jefe del Estado Mayor General; y como jefe del recién creado Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) (Octubre 16).
Con la desaparición de sus posibles rivales en la sociedad militar, la posición de Raúl como sustituto del CJ se consolidó definitivamente, y todos los que posteriormente pudieron hacerle sombra o convertirse en candidatos a ese reconocimiento por su realce dentro de la nomenclatura partidista-estatal, terminarían defenestrados, o pasados al Plan Pijama, como Aníbal Escalante, Luis Orlando Domínguez, Carlos Aldana, Marcos Portal, Roberto Robaina, Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Carlos Valenciaga. Aunque las razones variaron según los contextos, casi siempre sus «errores y/o traiciones» fueron investigadas, descubiertas y señaladas por Raúl y su inefable aparato de Contrainteligencia.
No obstante, para controlar el poder en Cuba de manera absoluta, como hacía Castro I, no bastaba ser su sustituto oficial en el GPE y las FFAA. La llamada institucionalización socialista reservó siempre a Raúl un segundo puesto, inmediatamente detrás de Fidel y por encima de cualquier otro cuadro, por ejemplo: Segundo Secretario del PCC, Primer Viceprimer ministro, Vice-presidente del Consejo de Estado, etc.
Desde 1959, Fidel había controlado personalmente dos elementos claves para su preeminencia: la relación con los EE.UU. y la recepción de divisas sin fiscalización estatal, mediante proyectos situados fuera del sistema de planificación centralizada y negocios capitalistas subterráneos que drenaban millones de USD hacia las llamadas «Reservas (Fondo) del Comandante», ajenas a las demás autoridades y solo dependientes de su voluntad.
Este mecanismo esotérico ocultaba lo que era un secreto a voces, gran parte de la economía cubana estaba supeditada directamente al CJ e incluía bancos dentro y fuera de Cuba, empresas agropecuarias, industrias, alquiler de trabajadores, comercio exterior, farmacéuticas, contrabando, y hasta préstamos a empresas estatales necesitadas de divisas. El capitalismo se había eliminado para todos… excepto para el CJ, que había quedado como único patrón capitalista en una economía dizque socialista.
Ya en 1997, el Cuba Monthly Economic Report aseguraba que coexistían en Cuba cuatro subsistemas económicos:
El primero era la economía de Fidel Castro, con sus empresas, instituciones financieras, y prácticamente absoluto control de los recursos del país. El segundo subsistema, en sociedad con el primero, consistía en las asociaciones con empresas extranjeras, a las que se permitía generar y repatriar ganancias a costa de ayudar a las finanzas del caudillo. Aunque en ocasiones sufrieron estafas y presiones de GAESA, las principales asociaciones con empresas extranjeras se mantuvieron hasta el advenimiento de la segunda administración Trump con su recrudecimiento de las sanciones.
El tercer subsistema eran los restos de la vieja economía planificada y las empresas públicas, entre ellas la industria azucarera, todavía luchando por sobrevivir pero en un estado general de abandono y decadencia. El cuarto sistema era el sector privado marginal cubano, formado por los que se desprenden de los otros tres sistemas (principalmente los trabajadores por cuenta propia) y aquellos que, aunque trabajen todavía en el sector público, no ganaban lo suficiente para vivir. Los dos primeros subsistemas lograron florecer, a diferencia de los dos últimos, que afrontaron demasiadas cargas impuestas por la economía depredadora de los dos primeros.
Hasta que no controlara ese lugar privilegiado en la economía cubana, Castro II no tendría consigo todas las cartas para heredar el poder. De ahí que la creación de GAESA (1994) significó mucho más que un puente empresarial institucionalizado entre la rama raulista de la familia y el capital extranjero: fue el fin del monopolio de Castro I sobre los negocios capitalistas del GPE. Cuando ocurrió su caída en Santa Clara y el posterior agravamiento de su estado de salud (2006), el liderazgo carismático de Castro I se fue debilitando políticamente; sin embargo, su poder económico declinaba desde mucho antes.
Aunque su «Fondo del Comandante» volvió a estar bien provisto desde fines de los noventa por las abundantes transferencias de petrodólares venezolanos, ya el control sobre las operaciones comerciales encubiertas y la explotación de fuentes en los países donde el ejército cubano cumplía misiones estaba en manos de los jerarcas militares afines a Castro II y sus senescales económicos, los generales Senen Casas Regueiro y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas. La reconversión de las FAR en poderoso ente económico empoderó como nunca a Raúl, que ya venía controlando la esfera de las transacciones encubiertas de divisas desde la destrucción de las estructuras del MININT (1989) y su absorción por el MINFAR.
Para controlar la gestión de las remesas, Fidel autorizó a la corporación CIMEX SA, creada en 1978 por la inteligencia cubana en Panamá mediante sus empresas FINANCIERA CIMEX SA (1984) y American Internacional Services SA (1988). Otra de sus empresas, HAVANATUR SA, fue encargada de los viajes de los exiliados a Cuba. En 2006, CIMEX SA pasaría a GAESA.
Sin embargo, algo se había roto definitivamente en las costuras del mecanismo de dominación durante los noventa. Aunque con el pretexto de la ley Helms-Burton y la necesidad de hacer frente al incremento de la disidencia interna se instauró aceleradamente un proyecto de remilitarización de la sociedad civil ―con la creación del Sistema Único de Vigilancia y Protección y las Brigadas de Respuesta Rápida― ya no era posible volver a meter el conejo adoctrinado en el sombrero tras la proliferación del mercado en USD, la publicidad capitalista, las playas para turistas, la internet controlada (1996) y los intercambios con el exterior.
Para consolidar su dominación, Castro II incrementó el empleo pretoriano de las FAR y el MININT en la represión a la oposición interna (boinas negras y rojas, acoso a disidentes, regulación y destierro de opositores…) y lo acompañó de la defenestración de pilares importantes de la sociedad civil en pos de garantizar la hegemonía ante potenciales críticos y opositores internos, sobre todo en la etapa de crecimiento y consolidación del holding GAESA (1994-2006): cierre arbitrario del Centro de Estudios de América (1996); Decreto 217/1997, impide el libre movimiento de los ciudadanos, fundamentalmente hacia Ciudad de la Habana; Juramento de Baraguá (1999); Ley 88/1999, «Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba» o Ley Mordaza; defenestración de Roberto Robaina por «deslealtad» (1999); desmantelamiento de la agroindustria azucarera (2000); rechazo a las propuestas del proyecto Varela (2001-2003); declaración del carácter irrevocable del sistema político y social socialista (2002); sustitución del USD por el CUC y centralización nacional de la asignación y utilización de las divisas (2003-2005); Primavera Negra (2003); fusilamiento sumario de Lorenzo Enrique Copello, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge Luis Martínez por intentar secuestrar una embarcación para huir a los EE.UU. (11 de abril de 2003): colapso del sistema eléctrico, Revolución Energética y separación del ministro Marcos Portal (2003); las exportaciones de servicios profesionales de tipo social (salud y educación) mediante contratos gubernamentales alcanzan el primer lugar en las exportaciones y el PIB (2004); GAESA se apodera de CIMEX (2006).
Visto de esa manera, se revela con más claridad la interrelación entre la creciente económica de la rama raulista del grupo de poder familiar y su protagonismo en la apertura de un exitoso proceso de diálogo con los EE.UU. (2013-2014).
-III-
Si bien la reciente entrevista del delfín de Raúl, el polémico Raul Guillermo, con USA Today ha originado polémica en ambas orillas y hasta servidores incondicionales del GPE le han puesto «caritas», lo cierto es que la lógica negociadora de los Castro está haciendo lo que el fundador de la dinastía había estipulado: monopolizar la relación con «el imperio» como una prerrogativa familiar. Baste recordar que el anterior proceso de negociación con el presidente Obama ―que condujo a la reapertura de relaciones diplomáticas y embajadas (2015), firma de importantes acuerdos, y reconocimiento en la ONU del fracaso de la política de bloqueo/embargo por la propia administración estadounidense―, estuvo dirigido por el coronel Alejandro Castro Espín, jefe del Consejo Nacional de Defensa, como representante de su padre.
Una década después, la situación del país se ha agravado por la conjugación de factores internos y externos que han llevado a la actual crisis estructural multifacética. No obstante, la agonía del modelo GAESA de explotación no parece agotar las posibilidades del grupo de poder castrista, que aspira a sobrevivir a la administración Trump y no se queda de brazos cruzados.
Lo fundamental para Castro II y su grupo de poder en este momento crucial es dejar claro a la administración Trump que ellos son los únicos interlocutores existentes en Cuba capaces de conducir el país según su voluntad. Para reafirmarlo, acaban de proclamar 176 medidas ―casi todas largamente solicitadas por especialistas y ciudadanos activos― que supuestamente liberarán la economía de trabas burocráticas, pero que dependen para su aplicación de mecanismos de aprobación e implementación sometidos a su voluntad, no a la competencia en un mercado libre ni a las leyes económicas internacionales.
Los que han creído ver en El Cangrejo a un advenedizo en la negociación con la administración Trump, solo demuestran ser parte del establishment socialista de segundo nivel que, de tanto mirar hacia otro lado para seguir aprovechándose de las migajas del poder, ha quedado descolocado ante el cambio de régimen que los Castro aspiran a seguir liderando. La supuesta legitimidad de su poder negociador le viene no por ser el nieto de Raul, sino por representar al único grupo de poder económico y político que existe en la Isla y que pronto, si no son eliminados antes, tendrá las llaves para decidir sobre cualquier proyecto de inversión, desarrollo, pagos pendientes de propiedades expropiadas, reparto de tierras, licitaciones, contrataciones, distribución de ayudas y cualquier otra iniciativa que pretenda ejecutar en el archipiélago todo emprendedor, nacional o extranjero.
De ahí que cualquier proceso de transición que se abra en Cuba tendrá que partir de la expropiación de las propiedades, negocios y cuentas bancarias de la familia Castro y sus testaferros nacionales y extranjeros, por haber sido obtenidas mediante el robo y la usurpación de propiedad pública perteneciente al pueblo, iniciada por Castro I desde los inicios de la mal llamada Revolución en el Poder. Los expropiadores deberán ser expropiados y sus cuentas confiscadas y puestas en función de la ayuda a la población más empobrecida, el pago a los que fueron afectados por sus robos y latrocinios y el desarrollo de importantes proyectos de infraestructura.
Ninguno de los miembros de esa familia debería conservar derechos a participar en la vida política nacional en una república democrática, y sus mecanismos de enajenación de la propiedad pública deberían ser investigados bajo escrutinio público para que paguen por los delitos económicos en que han incurrido durante décadas. El futuro promisorio de la nación ha de ser edificado por sus hombres y mujeres en libertad y con igualdad de derechos para todos. No hay lugar para un Castro III en la futura república cubana.
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.