Cuerpos confinados; almas soberanas
La existencia de cada vez más presos políticos en nuestras cárceles; la férrea represión contra las mujeres presas y contra los familiares, exponen la verdadera naturaleza de un Estado patriarcal y represivo. Los aparentes «actos liberadores», a través de excarcelaciones o indultos, no son más que intentos de ganar de tiempo de un régimen que se sabe perdedor frente a la historia y a su pueblo.
Actualidad del Manifiesto de Montecristi
La amenaza externa es cierta. También lo es el peligro de continuar bajo un régimen que apela a la represión como único recurso para mantenerse en el poder. Es cada vez más visible el incremento de sus métodos crueles e inhumanos que, de no ponerle fin, llegarán a los adoptados por las tiranías conocidas históricamente en el área antillana y en nuestro país: las desapariciones definitivas, los asesinatos, cuerpos sin vida arrojados a las calles, cunetas y carreteras, como tristemente recordamos.
El aparato represivo «se hizo carne»
El impacto generado por la difusión de las imágenes de los represores obliga a enfrentar una realidad esencial: los sistemas que violan los derechos humanos no operan como abstracciones impersonales, sino a través de hombres y mujeres concretos, que formulan, obedecen y ejecutan órdenes. En ese entramado, el anonimato actúa como lubricante del mal.
Presos políticos y héroes… ¿de quién?
Los Moncadistas y «Los Cinco» cometieron delitos graves probados, aun así, pudieron contar con leyes y un sistema de justicia independiente y beneficiarse de gestos de los respectivos gobiernos, además de alguna prensa y solidaridad. Son recursos impensables en Cuba. Aquellos gobiernos prestaron atención a los reclamos de su ciudadanía y de organizaciones internacionales. A diferencia suya, el régimen cubano es soberbio, ignora y reprime sin límites.