La oposición cubana y la unidad

Por años se ha hablado de la debilidad de lo que se conoce como «oposición» al régimen gobernante en Cuba.  Los argumentos para afirmar tal cuestión se sustentan en varios elementos, reales o no, entre los que destacan la carencia de programas de gobierno, la escasa capacidad de movilización, lo limitado del alcance de su mensaje, su dispersión en Cuba y el exilio, la falta de amplio reconocimiento internacional y la falta de unidad.

La acusación de que a la oposición cubana le faltan programas de gobierno resulta falsa. Durante años, múltiples organizaciones, grupos e individuos han publicado programas más o menos completos. Lo que sí es cierto es que no son fáciles de localizar; solo alguien con mucho interés y tiempo suficiente para navegar en internet logrará encontrarlos. Resulta llamativo que los medios independientes no contengan en sus portadas un enlace permanente a los programas más conocidos y completos.

El resto de los elementos mencionados en el primer párrafo, son más o menos ciertos; pero su solución depende en gran medida del logro de la unidad. Un repaso de la historia nacional nos recuerda que la vinculación de todas, o al menos de las más importantes tendencias políticas de cada etapa, siempre ha sido un reto inmenso para los cubanos. Lo fue en el 68' y en el período entre guerras (1878-1895), cuando se necesitaba de la unidad para vencer al poder colonial. Igualmente lo es hoy, cuando la requerimos para deshacernos de un poder absoluto, dictatorial, corrupto, cruel e ineficiente que avanza, a pasos acelerados, hacia la destrucción de la nación.

Se conoce de esfuerzos unificadores anteriores, algunos más exitosos que otros; pero la realidad es que hoy, a la mayoría de los cubanos que deseamos un cambio radical para Cuba, nos cuesta nombrar a una entidad que nos represente. Es cierto que quienes detentan el poder en la Isla han reprimido ferozmente a disidentes, artistas, periodistas y cualquier ciudadano que se considere una amenaza; sin embargo, en última instancia, la responsabilidad por el estado actual de las cosas nos toca a todos.

Si culpamos al gobierno constantemente por nuestras carencias, en muy poco tiempo empezaremos a sonar como ellos con la excusa del «bloqueo». De modo que nos corresponde a todos exigir a las organizaciones creadas que se vinculen en un pacto o acuerdo de mínimos. Recordemos que un acuerdo de mínimos es aquel en el que grupos con ideas y programas diferentes apartan, momentáneamente, sus diferencias, para lograr un fin común superior. Y es que sacar del poder a la dictadura es el objetivo supremo y la única vía para reconstruir el país.

Corresponde a los ciudadanos exigir esa unión en cada ocasión y espacio en que sea posible. Los medios de prensa independientes y todo aquel con un podcast con más de un centenar de seguidores, son el instrumento de más alcance en la actualidad que poseen los cubanos que desean un cambio.

Toca a la prensa libre investigar, proponer, señalar ―siempre con derecho a réplica―, a quienes se opongan, obstaculicen o minimicen la necesidad de la unidad; y estimular, con toda fuerza, para que esta se concrete. La prensa independiente realiza fundamentalmente un importante trabajo de diagnóstico y denuncia de la realidad insular; esa labor es importante y debe continuar, como también es sustancial que se divulguen propuestas y programas, pero asimismo se debe investigar y explicar lo que nos frena y divide.

Dentro de la oposición de hoy, muy probablemente haya personas que se sientan capacitadas y con deseos de ser parte de un gobierno de transición o, posteriormente, de uno democrático que surja como resultado de esa transición. Eso está bien y es justo; pero parte del oficio de gobernar en democracia es estar abierto a señalamientos y críticas, a rendir cuentas. Resulta saludable entonces, que quienes aspiran a responsabilidades en una Cuba futura, comiencen a entrenarse en la práctica de rendir cuentas ante la ciudadanía.

Buena parte de esos cuestionamientos y críticas deberían partir de la prensa libre. Si no ocurriera así, la prensa libre terminaría siendo a los opositores lo que la prensa oficial es hoy a la dictadura: un simple altoparlante. Es obvio que muchos periodistas independientes están relacionados con opositores de perfil más político por lazos de solidaridad, creados en el sufrimiento común de haber sido reprimidos sin distinciones por el poder; pero ello no debería implicar que cada uno olvide sus deberes. No es raro ver, en las democracias más sólidas del mundo, a periodistas conversar amigablemente con políticos o funcionarios y, acto seguido, lanzarles preguntas incómodas y difíciles.

Políticos, periodistas, comunicadores, activistas, ciudadanos todos, cada uno desde su posición, debe realizar el esfuerzo necesario.

Un frente común para conseguir el fin del régimen actual, no implica que nadie deba abandonar sus ideas o disolver organizaciones; solo significa que articulemos las voces hasta lograr la caída de la dictadura e instaurar un sistema democrático en Cuba. Una vez conseguido este objetivo, cada cual será libre de posicionarse política e ideológicamente donde lo desee, siempre respetando el derecho de otros a hacer lo mismo. Cuando se logre hablar con una sola voz, el mensaje tendrá más alcance, los cubanos que sueñan ser libres tendrán un referente común y más fuerte, y también será más difícil que la comunidad internacional nos ignore.

Hoy, cuando Cuba necesita la unidad como nunca antes, no hay una sola razón honesta para impedirla o ignorar la urgencia de alcanzarla.

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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.

Alejandro Artola

Politólogo autodidacta, traductor y empresario.

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