Pueblo y revolución en José Martí
Se impone la agrupación de sectores dispuestos a actuar conscientemente en defensa de la democracia, la independencia, la soberanía nacional y la justicia social. La unidad de todas las fuerzas hará posible el encauzamiento adecuado de las ansias reprimidas. Solo el vínculo estrecho de los hombres y las mujeres que coinciden en objetivos esenciales permitirá el trazado de una política dirigida a la defensa de principios democráticos.
Formar ciudadanos antes de convocar electores
Un buen comunicador puede ser un buen político y un buen administrador; pero no lo es por el solo hecho de comunicar bien. Tampoco lo garantiza, conviene decirlo, la épica del activismo o la legitimidad de origen que otorga haber sido preso político o haber resistido a la dictadura. Son méritos morales incuestionables, pero no certifican por sí solos la capacidad de gobernar.
Actualidad del Manifiesto de Montecristi
La amenaza externa es cierta. También lo es el peligro de continuar bajo un régimen que apela a la represión como único recurso para mantenerse en el poder. Es cada vez más visible el incremento de sus métodos crueles e inhumanos que, de no ponerle fin, llegarán a los adoptados por las tiranías conocidas históricamente en el área antillana y en nuestro país: las desapariciones definitivas, los asesinatos, cuerpos sin vida arrojados a las calles, cunetas y carreteras, como tristemente recordamos.
José Martí, apóstol de nuestra futuridad
Nadie puede pretender que todos los seres humanos piensen y actúen del mismo modo. Dos personas no se ponen de acuerdo en aspectos tan banales como el diseño de una ropa o la comida a elegir. ¿Cómo pretender, entonces, que millones de seres estén de acuerdo en todo y, consecuentemente, se comporten de modo semejante?
El pensamiento político de la decencia
El pensamiento democrático cubano tiene que existir en contraposición con la criatura anodina, obediente, simplona y feroz a la que mutó el pensamiento político en su relación periférica y difícil ―angustiosa si se quiere, pero también venal― con el poder sin límites, cuando dejó de hacer lo primero y más importante que necesitábamos en Cuba: pensar.