Élites, continuidad y cambio político en Cuba
Más que una revolución congelada en el tiempo, el régimen cubano ha mostrado la capacidad adaptativa de una élite gobernante que ha sabido transformarse sin perder control estratégico. Y esa es quizá la principal lección del caso, los sistemas políticos no cambian necesariamente cuando cambian sus rostros visibles. Cambian cuando se fracturan las estructuras que sostienen el poder.
El Estado de Guerra y la Guerra del Estado
El Estado de Guerra no sería necesario para controlar a la población civil, ya ampliamente vigilada, sino para mantener ocupadas, fragmentadas y bajo supervisión estricta a las propias fuerzas armadas. Se trataría de un mecanismo de advertencia y de reforzamiento del control sobre las cadenas de mando. No es un movimiento estratégico, sino desesperado: el régimen ha perdido su principal sostén económico, enfrenta el colapso energético y carece de un horizonte político viable.
Las fuerzas armadas y la transición en Cuba
Las fuerzas armadas actuales (FAR y MININT), serviles a la dictadura, han de ser desmanteladas y reconstruidas como instituciones armadas de la república, fieles a la Constitución, sin lealtades ideológicas ni personales a ninguna autoridad, excepto al presidente electo por el voto popular directo, quien volvería a ser su comandante en jefe.
Jóvenes y carreras militares en Cuba ¿Orientación vocacional o seducción venal?
Ante la desmotivación que existe entre los jóvenes, las instituciones militares realizan desesperados intentos por convencerlos para que ingresen en sus filas. A los jóvenes estudiantes les fueron mostrados en ese lugar enormes almacenes repletos de artículos, ropa, calzado y electrodomésticos, como incentivo de los beneficios que podrían recibir si decidieran ingresar en carreras militares, todo ello vendido a precios módicos, según se les comunicó.