La paradoja de 2025
Queridos compatriotas:
Mientras nos preparamos para despedir 2025, nos encontramos ante una paradoja que pocos años recientes habían desplegado con tanta crudeza: este ha sido, simultáneamente, el peor año y el mejor año para Cuba.
Ha sido el peor porque la vida cotidiana de millones ha estado marcada por la pobreza que se agrava continuamente, por una epidemia de arbovirosis que reveló la fragilidad de nuestros sistemas de salud, por una crisis energética que condena a la oscuridad a nuestros hogares, y por la persistente represión que mantiene a cientos de hombres y mujeres tras las rejas por atreverse a soñar con justicia y libertad. Cada uno de estos fenómenos es, por sí mismo, síntoma de un país que sufre y de un pueblo que paga el costo de un proyecto político agotado.
Sin embargo, ha sido también el mejor año, porque en medio de esa tormenta ha crecido una conciencia cívica que ya no se conforma con explicaciones ni promesas huecas. La ciudadanía cubana ha caminado hacia un reconocimiento de su propio valor y de su obligación de reclamar dignidad, derechos y futuro. Las voces que se alzaron en las calles el 11 de julio de 2021 y en muchos otros momentos, casi todas anónimas y silenciadas, han despertado una conciencia colectiva que comprende que no hay libertad sin acción ni responsabilidad.
Este despertar no está exento de dolor o incertidumbre, tampoco es lineal y uniforme. Pero existe y se expresa en la protesta, la denuncia y la solidaridad que emerge entre comunidades que antes estaban aisladas. También se materializa en la capacidad cada vez mayor de nombrar la crisis con precisión y de señalar sus causas y culpables reales.
2025 nos enseñó que el desgaste físico del régimen comparte una raíz con el surgimiento de una crítica política más consciente y amplia. En las grietas del colapso material hemos visto florecer formas de compromiso que aspiran a transformar Cuba. Esa tensión entre ruina y posibilidad es, quizás, la trama más significativa de este año que dejamos atrás.
A quienes nos leen en Cuba o desde cualquier rincón del mundo, reciban este fin de año con la mirada atenta al presente, pero con el corazón dispuesto a imaginar otros futuros. Que la experiencia de 2025 nos sirva como una inspiración para construir lo que queremos: una sociedad donde la dignidad humana sea más que una palabra resonante, y la política vuelva a ser el arte de convivir con justicia, respeto y libertad.
Que el 2026 nos encuentre decididos a persistir en esta lucha por una Cuba libre y humana. Que la reflexión crítica siga siendo un acto cívico y que, en cada gesto de solidaridad, podamos encontrar razones para creer que el cambio no es solo una aspiración, sino una posibilidad real.
Con afecto y confianza en la fuerza moral de nuestra gente,
Junta Directiva
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.