Fidel Castro: el ciclo y el siglo

La vida de Fidel Castro estuvo asociada al número seis. Nació en 1926, organizó el asalto al Cuartel Moncada un 26, se retiró del gobierno en 2006 y murió en 2016. Hace poco se celebró el centenario de su natalicio, que desde el pasado año se venía anunciando mediante publicaciones de sus discursos, y que culminó con un evento internacional cuyas sesiones tuvieron lugar en medio de la peor crisis de la historia reciente de Cuba.

Otras paradojas ha tenido este año conmemorativo: las actitudes de los miembros más jóvenes de la dinastía ―el nieto Sandro y el sobrino nieto Raúl Guillermo―, haciendo guiños de seducción a Donald Trump (y a Fidel que le molestaba el «hermano Obama»); el desmontaje del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, creado por el líder y considerado «la niña de sus ojos»; y las famosas 176 medidas, que contradicen la concepción económica y social a la que se aferró obstinadamente durante su dilatado gobierno.

No obstante, evitemos confundir los términos. Si bien ahora cierra el siglo de Fidel, su ciclo había concluido mucho antes. Con su salida del gobierno fue debilitándose, hasta colapsar, un modelo sociopolítico que parecía eterno, que soportó con resiliencia el desplome del campo socialista europeo y que fue desmontado por completo por su sucesor; en apariencia más pragmático y modernizador, pero en realidad muy mal estratega.

¿Dimisión voluntaria?

El 31 de julio de 2006, faltando trece días para el cumpleaños ochenta de Fidel Castro, Carlos Valenciaga, su jefe de despacho, leyó ante las cámaras de televisión una nota que informaba sobre la repentina enfermedad del dirigente y el traspaso a su hermano Raúl del poder formal como Primer secretario del PCC, Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y presidente del Consejo de Estado y de Ministros. Al mencionar cada uno de esos cargos, se enfatizaba que los delegaba «con carácter provisional»; sin embargo, fue con carácter definitivo.

No obstante, vivió una década más. Siempre he creído muy raro que accediera a permanecer todo ese tiempo al margen del poder casi absoluto que detentó durante cuarenta y siete años, y que disfrutó como el gran ególatra que era. En este tipo de modelo político, basado en el culto a la personalidad, los dirigentes morían por lo general en sus cargos, aun cuando estuvieran prácticamente inhabilitados por problemas de salud y falta de lucidez.        

Fidel Castro, por el contrario, desapareció de la vista pública durante cuatro años. Ni siquiera compareció para anunciar, en febrero de 2008, su renuncia definitiva por motivos de salud. La comunicación apareció en una carta publicada en la página WEB del periódico Granma. La sesión de la Asamblea en su nueva legislatura, iniciada poco después, dio por terminado el interinato de menos de dos años de Raúl Castro, al designarlo como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.  

Una vez nombrado formalmente, el hermano menor se preparó para dinamitar al grupo de tecnócratas que había nucleado Fidel Castro, gente que no provenía del mundo militar y era de generaciones más jóvenes. En marzo de 2009 fueron destituidos el canciller Felipe Pérez Roque, el Secretario del Consejo de Ministros Carlos Lage y otra decena de dirigentes del gobierno.

En aquella nota de 2006 leída por Valenciaga, otro de los defenestrados, Fidel había insistido en que los fondos correspondientes a los programas de Salud, Educación y Revolución Energética «deberán seguir siendo gestionados y priorizados como he venido haciéndolo personalmente, por los compañeros Carlos Lage Dávila, Francisco Soberón Valdés, ministro presidente del banco central de Cuba, y Felipe Pérez Roque». Estaba firmando la sentencia política de los mencionados.

A partir de 2009, el camino a la cuenta única del Comandante en Jefe quedaba libre de supervisiones incómodas. En sustitución de «los caídos», Raúl Castro ubicó a gente suya, proveniente de las Fuerzas Armadas: José Amado Ricardo Guerra, Marino Murillo y Ramiro Valdés estuvieron entre los promocionados.

La concentración económica alrededor de estructuras empresariales vinculadas a las FAR fue creciente desde esa fecha. Existe evidencia de que GAESA se expandió con fuerza a partir del nombramiento de Raúl Castro y absorbió posiciones estratégicas en turismo, comercio, finanzas, inmobiliarias, logística y otros sectores. Los datos oficiales muestran asimismo una transformación significativa de las prioridades de inversión y un notable cambio en la asignación de recursos del Estado.

Con el arquitecto fuera del poder efectivo, la arquitectura que había creado fue desmontada con «bastante prisa y sin pausas». Únicamente cuando su grupo de apoyo político real fue neutralizado, Fidel Castro volvió a aparecer ―¿casualidad? Es posible. En julio de 2010 fue fotografiado reuniéndose con científicos en un instituto de La Habana, y luego concedió una entrevista a la televisión. En ese año se reunió con economistas, veteranos, e incluso visitó el acuario nacional.

En septiembre pronunció dos discursos al aire libre, el primero en las escaleras de la Universidad de La Habana y el segundo frente al antiguo Palacio Presidencial. Ese segundo discurso duró más de una hora y contó con la asistencia de miles de personas. Sin embargo, su regreso a la escena pública fue efímero ―¿Para tranquilizar?― En 2011 apenas apareció, pero asistió por breve tiempo al congreso del PCC en abril. Allí renunció formalmente a su cargo como líder del partido. Se le notaba muy débil.

En el año «del deshielo» (2014) se le vio poco, apenas en espacios domésticos. En 2015, cuando algunos medios elucubraban sobre su probable muerte, el entonces presidente de la FEU de la Universidad de La Habana logró una vía no aprobada oficialmente de contactos con Fidel y se hizo asiduo visitante a su casa. Al sentirse admirado por el dirigente estudiantil, el anciano comienza a compartir con él recuerdos y fotografías, incluso, le propone escribir una crónica sobre sus encuentros, que apareció en Cubadebate y Juventud Rebelde.

Cara le costó su admiración. A pesar de que la FEU de la universidad fue siempre una cantera para escalar en la nomenclatura, aquel joven no logró ascender jamás por las vías de movilidad de cuadros. Volvió a su provincia, y aunque es un delegado del Poder Popular muy querido por los electores de su circunscripción, y con resultados notables, nunca ha sido promocionado como diputado a la Asamblea Nacional.

El 25 de noviembre de 2016 en horas de la noche, casi el 26, murió Fidel Castro. El castrismo había muerto antes.  

Castro versus castrismo

El sufijo «-ismo», al añadirse a una raíz, transforma la palabra en un término que a menudo denota un sistema de creencias, una ideología, una escuela de pensamiento o una práctica política específica. De tal modo, el vocablo «castrismo» es utilizado para hacer referencia al modelo socio-político de gobierno entronizado por Fidel Castro. Lo interesante es que se continúa usando para aludir al gobierno de Raúl Castro y de su vocero designado Miguel Díaz-Canel.

Es comprensible la persistencia de Fidel en el discurso político oficial, que lo asume de manera oportunista en tanto reserva simbólica de legitimidad, incluso cuando da la espalda a sus principales concepciones. Ello sugiere que el liderazgo posterior no ha logrado reproducir el capital político y simbólico asociado a su persona.

Fidel Castro erigió un sistema político altamente personalista y autoritario, que combinaba monopolio político, control de la información y del movimiento, coerción, movilización ideológica y una extensa arquitectura redistributiva; todo ello sostenido por un discurso populista trascendental, que ubicaba en primer plano la imagen heroica del pueblo, a quien presentaba como protagonista, si bien en la práctica nada decidía. Construyó simultáneamente la maquinaria autoritaria y algunos de los mecanismos sociales, simbólicos y personales que la hacían gobernable.

En el sistema cerrado de ingeniería social denominado «castrismo» existían determinadas condiciones: un estado garantista que ofrecía salud y educación gratuitos, y un sistema de Seguridad Social que intentaba evitar la pobreza extrema; ello le permitía gobernar sin garantizar asimismo democracia real ni derechos políticos. La insularidad de Cuba y el control de los medios, la información y la movilidad, propiciaban una ciudadanía encerrada en sí misma, apolítica y resignada.    

Los sucesores de Fidel Castro mantuvieron las instituciones coercitivas y el monopolio político, pero perdieron progresivamente el mecanismo personal que articulaba coerción, redistribución, movilización y legitimidad. Empezaron en el 2009 con una política de recortes drásticos en Seguridad Social; disminuyeron las inversiones en los programas de Salud y Educación; asumieron un sesgo antipopular al presentar al pueblo como una bandada de «pichones con el pico abierto», siempre exigiendo al Estado; quebraron la insularidad aislante al permitir a la gente viajar al extranjero desde 2013; y perdieron el monopolio de la información, las comunicaciones y el discurso desde que consintieron el acceso a internet por datos móviles en 2018.

La internet devolvió su voz a una ciudadanía que había sido previamente empobrecida y humillada, y la gente aprendió que la protesta social era la vía de defensa que tenían. El consenso social, base del castrismo, se quebró de manera definitiva e irreversible.     

Raúl Castro, si bien conservó el monopolio político y el autoritarismo, modificó los principales mecanismos económicos, sociales e institucionales mediante los cuales aquel sistema producía obediencia, integración y consenso. En consecuencia, esta sociedad, cada vez más conscientemente política, que exige sus derechos y lucha por ellos, no se parece en nada al tipo de sociedad fundada por el castrismo.

El ciclo del castrismo llegó a su fin casi dos décadas antes de que se cumpliera el siglo de su artífice.

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Imagen principal: Ismael Francisco.

Alina Bárbara López Hernández

Profesora, ensayista y editora. Doctora en Ciencias Filosóficas y miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba.

https://www.facebook.com/alinabarbara.lopez
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