Anatomía de una obsesión: el «bloqueo» en sesenta y cinco años de discurso oficial cubano
Si hay una palabra que los cubanos hemos escuchado hasta el hartazgo, es «bloqueo». Durante décadas hemos asistido a su ubicua presencia en nuestra prensa, en las vallas que bordean las principales avenidas y carreteras, en los murales de los centros de trabajo, en matutinos escolares y hasta en nuestros libros de matemática. Y, por supuesto, hemos visto salir esta palabra, una y otra vez, de las bocas de los dirigentes.
Quizás, de tanto oírla, hemos perdido parte de la dimensionalidad de la palabra y los matices de su presencia. Un análisis de 1.612 discursos de los tres máximos dirigentes cubanos —Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel— revela cómo, a pesar de su persistencia desde el propio año 59, el uso y función retórica del bloqueo en el discurso oficial cubano ha cambiado.
Los datos sugieren que no ha sido siempre el mismo bloqueo. Para este análisis se aplicaron técnicas de procesamiento de lenguaje natural y modelos de detección de tópicos a un corpus de transcripciones oficiales de discursos e intervenciones públicas.
El uso de métodos cuantitativos y estadísticos es poco común en el análisis del discurso político cubano, donde predominan los estudios de caso y las periodizaciones breves. Las técnicas aquí empleadas permiten examinar grandes volúmenes de texto a lo largo de períodos prolongados, identificando patrones que el análisis cualitativo tradicional difícilmente capturaría.
-I-
La mitad de los textos mostraron presencia del término «bloqueo», o de variantes discursivas como: «guerra económica», «asfixia económica» o «cerco económico»; además, de la fórmula más diplomática «medidas coercitivas». En concreto, tales términos estuvieron presentes en 808 discursos entre enero de 1959 y enero de 2026, y representan el 50,12% del total de la muestra.
Dado el largo tiempo al frente del país, no extraña que los hermanos Castro tengan una presencia mucho mayor que la del actual jefe de Estado en este corpus. De Fidel Castro se registraron unos 991 discursos entre el 59 y 2016, año de su fallecimiento. Su hermano Raúl, mucho menos dado a dejarse oír —y a veces, hasta a dejarse ver— en público, aparece como autor de 421 discursos en el corpus, entre 1959 y 2024. Miguel Mario Díaz-Canel, de la siguiente generación política, se registra como autor en 200 intervenciones desde 2018 hasta la fecha.
La sorpresa, por contraintuitiva, está en las menciones al bloqueo y sus equivalentes: en un período cerca de diez veces menor, Díaz-Canel ha mencionado al bloqueo hasta un 40% más que sus antecesores de la «generación histórica». Sin llegar aún a los ocho años de mandato, el actual presidente cubano registra menciones en 168 de sus 200 discursos, un 84% de presencia que contrasta con el 47,73% de Fidel en 57 años y el 39,67% de Raúl Castro en 65.
Una mirada rápida a la línea de tiempo sugiere que Díaz-Canel está repitiendo patrones reactivos que también mostraron sus antecesores, pero con matices importantes. La anterior explosión del término «bloqueo» ocurrió, como no debe extrañar a nadie, en los años 90, durante el Período especial, cuando el país atravesó por una crisis múltiple similar a la actual, aunque menos intensa. En los últimos cinco años, en cambio, se han registrado hasta más de 200 menciones anuales, con una presencia más bien escasa de Raúl Castro y el protagonismo casi absoluto de Díaz-Canel como orador.
La variante «medidas coercitivas» ―prácticamente inexistente en el discurso de los mandatarios con anterioridad al 2015, y mucho más común en el lenguaje diplomático―, ha experimentado un crecimiento abrupto, si bien todavía su uso en este contexto es bastante limitado frente al omnipresente «bloqueo».
Aunque pudiera parecerlo, cuando se habla del bloqueo no siempre se habla de lo mismo, ni de la misma forma. Los universos léxicos en los que el término se ha inscrito presentan cambios en el tiempo y por orador. Al analizar la terminología asociada, es posible percibir usos y funciones congruentes con las estrategias discursivas que ya conocemos de los Castro, siendo la retórica de Díaz-Canel lo novedoso, por ser relativamente reciente y poco analizada.
El léxico de Fidel Castro siempre giró en el campo terminológico de la Guerra Fría, nada sorprendente dado el contexto histórico y político de su mandato. En los discursos en los que habla o menciona al bloqueo, tienen prevalencia términos como «país», «pueblo», «años», «unidos» y «mundo». Las palabras más correlacionadas en el vocabulario de Fidel Castro —es decir, aquellas que suelen aparecer en los mismos discursos— son precisamente pares que remiten a la Guerra Fría, al Tercer Mundo o a la geopolítica: «Unión Soviética», «campo socialista», «Período especial», «América Latina» y «Naciones Unidas».
Raúl Castro mantiene como palabras más comunes «unidos», «país» y «pueblo», pero añade a sus cinco principales «gobierno» y «medidas». Los pares correlacionados más fuertes en el discurso de Raúl Castro aluden a su gestión en cuanto a la normalización de relaciones con los Estados Unidos, y a la dimensión económica del bloqueo: «gobierno-Unidos», «Cuba-relaciones», «económico-financiero», «país-relaciones».
Miguel Díaz-Canel parece heredar algunas de las características de la retórica de Raúl Castro, y rescatar otras de Fidel. Por orden de frecuencias, Díaz-Canel prioriza los términos «económico», «pueblo», «unidos», «país» y «gobierno». Su mundo conceptual aparece dominado por la terminología más jurídica: «comercial-financiero», «coercitivas-unilaterales» y «medidas-unilaterales», muy probablemente estas dos últimas como parte de la fórmula «medidas coercitivas unilaterales», que apela al derecho internacional. Simultáneo a estos pares, también aparece con correlación fuerte el binomio «guerra económica».
Otros cambios han ocurrido de manera transversal, respondiendo mucho menos a contextos particulares y más a tendencias largas. Si bien tras casi siete décadas de uso continuo, el término «bloqueo» ha conseguido carga semántica suficiente para funcionar sin el resto de las palabras de la fórmula ampliada (bloqueo económico, comercial y financiero), presentándose de forma «aislada» en el 70,55% de las veces; no es extraño encontrarlo asociado con «imperialista» o «criminal», además de por supuesto «económico», principal calificativo en todos los años.
El uso de esas dos palabras ha variado con el tiempo, con la primera siendo desplazada hasta casi su total desaparición y la segunda afianzando su presencia. Este cambio de la primacía de «imperialista» como segundo calificativo de «bloqueo» hasta 1975, y la mayor presencia de «criminal» en los últimos años, sugiere un discreto abandono de la presentación del bloqueo como fenómeno imperialista para pasar al énfasis del aspecto moral y legal del mismo.
-II-
Dada su ubicuidad en el discurso político cubano, el bloqueo aparece insertado dentro de multitud de temas más amplios, mostrando diferentes presencias y atendiendo a marcos discursivos, contextos históricos y discursantes.
Como se mencionó al inicio, para identificar temas entre los discursos se emplearon modelos de detección de tópicos, particularmente Latent Dirichlet Allocation (LDA). A diferencia de métodos más conocidos, como K-means, que agrupa documentos en categorías mutuamente excluyentes, los modelos de LDA asumen cada texto como una mezcla de temas en proporciones distintas. Esta diferencia resulta particularmente útil para el análisis del discurso político, donde un mismo texto puede articular simultáneamente distintos focos temáticos.
El modelo identificó diez tópicos recurrentes, posteriormente agrupados en cuatro macro-categorías: Confrontación y geopolítica, Economía y desarrollo, Ideología y movilización, y Gestión y comunicación.
«Confrontación y geopolítica» es el marco dominante, presente con un peso superior al 35% en el 92,95% de los discursos con menciones al bloqueo. Le siguen «Ideología y movilización» (77,97%), «Gestión y comunicación» (75,25%) y «Economía y desarrollo» (58,04%).
Esta distribución, no menos interesante por esperada, confirma que la función discursiva primaria del tema del bloqueo es como dispositivo de confrontación política, más que como diagnóstico económico o enunciación de un obstáculo.
Hilando más fino, se observa que no todos los temas han tenido la misma relevancia en el tiempo ni por orador. Por ejemplo, con posterioridad a los 2000, el tema de la «producción agrícola y la zafra azucarera» muestra marcada ausencia en el discurso político cubano, a la par de la casi completa desaparición de esta industria, antaño fundamental para la economía nacional. Llama la atención, además, el casi absoluto abandono de la «transformación social e ideológica» a partir de 2010, dos años después del ascenso a la jefatura de Estado de Raúl Castro.
El tema del «hombre nuevo» parece ser preferencia casi exclusiva del «Comandante en Jefe», y aparece con peso superior al 35% en más de la mitad de sus discursos. Mientras, Raúl Castro, quien compartió el mismo contexto histórico-político que su hermano durante más de cinco décadas, solo registra ese asunto en el 12,57% de sus intervenciones; entre tanto, Díaz-Canel en un tímido 6,55%.
Fidel Castro muestra además los porcentajes más altos en «resistencia y valores revolucionarios» (82,45%) y «confrontación antiimperialista» (57,29%), coherente con su estilo épico-movilizador. Un detalle interesante es que el registro coloquial y conversacional es casi por entero de Fidel, lo que muestra características de su discurso que no reproducen sus sucesores.
Raúl Castro suele hablar del bloqueo —y viceversa— cuando habla de «organización partidista e institucional» (82,63%), o en menor medida sobre «resistencia y valores revolucionarios» (67%) e «historia y solidaridad latinoamericana» (66,47%). A diferencia de su hermano Fidel, la denuncia del bloqueo por parte de Raúl Castro apeló en menor medida a la confrontación con el imperialismo —concretamente un 12,38% menos— si bien estuvo presente en el 44,91% de sus discursos.
Díaz-Canel, en cambio, en un abrumador 95,24% de sus discursos, apuesta a la «diplomacia y denuncia del bloqueo»; con mucha menor presencia (17,26%) del «antiimperialismo» como tema central. El bloqueo aparece en la mitad de los discursos del mandatario donde se alude a la «historia y solidaridad latinoamericana», en el 58,33% en los que se refiere a «organización partidista e institucional» y en el 55,36% de aquellos donde pide «resistir y vencer».
-III-
El analisis realizado permite constatar que, aunque el término en cuestión lo hemos escuchado hasta el hastazgo en el discurso de los tres dirigentes cubanos, no siempre ha sido el mismo. Han existido al menos tres «bloqueos»: el de Fidel Castro, inscrito en una lógica de confrontación propia de la Guerra Fría, que no desapareció con la Unión Soviética; el de Raúl Castro, más discreto, centrado en las hipotéticas capacidades del Partido-Gobierno para manejarlo e inscrito en las negociaciones del deshielo; y el de Díaz-Canel, con presencia saturante y, aunque pareciera imposible, aún más omnipresente.
Bajo Díaz-Canel, el bloqueo aparece en cuatro de cada cinco discursos de la jefatura de Estado. Las menciones anuales, como hemos visto, han alcanzado picos que superan incluso a los más frenéticos del Período especial. Y una y otra y otra vez, se denuncia la ilegalidad del bloqueo a una comunidad global que, fuera del hemiciclo de la Asamblea General de las Naciones Unidas, parece no inmutarse.
La repetición obsesiva de la palabra en los últimos años se presta a interpretaciones distintas, aunque no excluyentes. Por un lado, factores externos: sanciones endurecidas en las últimas tres administraciones estadounidenses, particularmente bajo la primera administración Trump; la reincorporación de Cuba a la lista de países patrocinadores del terrorismo; y la crisis pospandemia, cuyo efecto ha sido prolongado por la incapacidad del propio gobierno.
Por otro, el bloqueo aparece como uno de los pocos discursos legitimadores que le queda a la actual configuración del gobierno cubano. Con los «históricos» fuera, la administración cuyo rostro visible es Díaz-Canel no puede apelar a retóricas épicas. La narrativa de David y Goliat vive ahora bajo una piedra oversize en Santa Ifigenia, o pasa su jubilación en el sitio desconocido y férreamente custodiado donde reside Raúl Castro. Ahora que el gobierno cubano no solo es incapaz de satisfacer las necesidades básicas, sino siquiera de ofrecer expectativas de su satisfacción, el bloqueo parece ser un salvavidas discursivo, agitado desesperadamente por un hombre que se ahoga.
Sin embargo, el uso del bloqueo como significante vacío es una estrategia que termina en la autoderrota. Cuando la misma palabra intenta dar cuenta de décadas y crisis distintas, pierde precisión, fuerza y sentido. Este análisis no evalúa el efecto del «bloqueo», pero sí valora cómo se enuncia desde las máximas autoridades de la Isla, quienes, a golpe de repetición, lo han convertido en un manto que solo hace que nos preguntemos por aquello que nos oculta.
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.