Popular con filtro

—Dice Ronquillo, el UPECista que critica el «panfletismo político rutinario», que «En medio de las zozobras, tal vez la ciudadanía no ofreció la misma relevancia que la dirección política y estatal a las recordaciones por los 50 años del sistema del Poder Popular, celebrada con una audiencia parlamentaria en la que hizo una muy juiciosa y crítica intervención el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez».

—¿Mencionó las zozobras?

—No le pidas tanto. Lo de Ricardo son «soso-bras» o «so-sobras». Cuando es echar la culpa de nuestros males al enemigo, su pluma es «valientísima», pero si la cosa es tocar al «socio» y al «lismo», ahí va con la hoja de laurel y la lira. Se hace difícil que en sus peroratas no cite al jefe para alabar sus intervenciones y discursos. De ahí su acrítico y juicioso vasallaje.

—¿Te refieres a lo que afirma sobre el discurso de Canel?

—A ese y otros elogios. Ya puede compilarlos en un libro.

—¿No será que el pre-juicio lo tienes tú? Al primer secretario, cada seis o siete meses, le redactan alguna que otra arenga interesante.

—No es el caso. En la que pronunció en el Capitolio, en la Audiencia Pública organizada por Lazo para celebrar el cincuentenario de rendiciones de cuenta que no cuentan como rendiciones, soltó que el Poder Popular «fue y es la expresión más auténtica de la democracia socialista y de la voluntad de que sean los ciudadanos, desde sus comunidades, quienes decidan los destinos de la patria».

—Voluntad hidráulica, sí.

—Sería interesante el experimento: los ciudadanos, desde sus comunidades, dictando todo lo que se haga en el Consejo Popular Palacio de la Revolución.

—Para que la auténtica gerontocracia socialista pueda descansar un poco.

—Tienen dónde.

—No hay por qué desearles la muerte.

—Para nada. Hablo de casas de visita, cotos exclusivos y mansiones con piscina confiscadas a burgueses que vivían de espaldas a las penurias del pueblo.

—Hoy no puede decirse que colocan al populacho a sus espaldas, sino un poco más lejos. Conviene tenerlo así, para que no fisgonee entre las hendijas de esas fincas que se sostienen gracias al sacrificio de los que trabajan desde el poder por el bienestar de la nación.

—El primer mandatario está consciente de que hay gente en Cuba que no puede darse esos lujos, pues hay «dolores acumulados en nuestros barrios, inconformidades legítimas, impaciencias lastradas por…». 

—A ver si adivino: ahora vienen seis o siete líneas llenas de criminal bloqueo recrudecido, inclusión en espurias y manipuladas listas, presiones económicas para asfixiarnos, medidas coercitivas unilaterales, guerra mediática…

—Y solo después una pequeña mención a «errores e insuficiencias propios que estamos obligados a reconocer y enmendar sin excusas».

—Y que nunca, ni con excusas, reconoce o enmienda.

—En el delegado, asegura, «el ciudadano debe encontrar no a un tramitador de gestiones, sino al vecino líder de la comunidad que encabeza con determinación y audacia el enfrentamiento a los problemas comunes, desde las angustias por lo que no llega a la bodega, el bache de la calle, la avería del transformador o las angustias por el joven que no estudia ni trabaja y los ancianos sin apoyo familiar cercano».

—Si el poder del pueblo es enfrentar solo problemas «comunes», ese no es poder. Las vicisitudes se agravan porque el poder real no hace nada por enfrentar los problemas reales. Y eso que se la pasa hablando de «radicales transformaciones estructurales».

—«Esta Sesión Solemne está llamada a trascender el merecido acto de recordación y homenaje. No puede ser una sucesión de consignas. Debe y tiene que ser, sobre todo, un ejercicio de conciencia y compromiso».

—En Cuba, los «ejercicios de conciencia y compromiso» llevan invariablemente a la sucesión de consignas y a actos de recordación y homenaje a quienes colocaron a su conveniencia a sus sucesores.

—Debe referirse a eso cuando habla de «aquilatar la esencia de la cercanía».

—¿Esencia o tufo?

—«Que este Aniversario 50 sea entonces un punto de inflexión, no la meta. Un momento para reafirmar que no renunciaremos a la idea de que el pueblo decida, controle, exija y participe».

—Está llamando a aguantar cincuenta años más sin que decidamos, controlemos, exijamos y participemos.

—«No podemos permitir que la burocracia, la rutina o la falta de control conviertan en letra muerta los acuerdos que nacen de la voluntad popular».

—Asere, ya, que te veo con rutina y falto de control. Salta pa Ronquillo otra vez, anda.

***

Caricatura: Wimar Verdecia / CXC.

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