—Oye esto: «Pocas estrategias son tan sutiles, y a la vez tan efectivas, como la fabricación sistemática de la duda. Lejos de ser un subproducto accidental de la compleja era de la información, la duda se ha convertido en un producto manufacturado en laboratorios de Relaciones Públicas y think tanks, con un objetivo muy claro: paralizar la acción y erosionar la confianza».

—¿Dónde está eso?

—Lo suscribe Raúl Antonio Capote en el Granma.

—Un subproducto accidental de la compleja era de la Revolución. A cualquiera se le paraliza la acción y se le erosiona la confianza leyéndolo.

—Desde que miré el título («La era de la posverdad: la duda como arma de manipulación masiva»), tuve mis dudas. Más tarde me encontré con este párrafo: «El reto de nuestra sociedad no es solo discernir lo verdadero de lo falso, sino entender cómo y por qué se construye la desconfianza, que nos impide actuar colectivamente ante los grandes desafíos de nuestro tiempo».

—Valiente el tipo, porque quien único impide actuar colectivamente ante los grandes desafíos de nuestro tiempo es el Gobierno.

—Más adelante se defiende: «Cuando hablamos de “fabricar la duda”, no nos referimos al escepticismo sano, ese motor del pensamiento crítico que nos impulsa a preguntar y a investigar más».

—¿No dice cuántos escépticos sanos están presos por preguntar e investigar demasiado?

—Continúa: «La estrategia es simple: “Ellos, el Gobierno, quieren engañarte o controlarte. Nosotros te damos la libertad de dudar”. De esta manera, aceptar la evidencia se convierte en un acto de sumisión a un poder corrupto, mientras que dudar se transforma en un acto de rebeldía. La duda ya no es sobre el hecho en sí, sino sobre la autoridad que lo presenta».

—«Aceptar la evidencia» es evidencia de que la única verdad la tiene el Partido. Lo dice la propia Constitución al patentar que esa instancia está por sobre todas la cosas.

—De ahí que el objetivo del escrito quede explícito: «¿Cuál es el producto final? Si logras que una población dude de la integridad de un sistema electoral, deslegitimarás sus resultados; si duda de la lealtad y transparencia de un gobierno, no lo apoyará. El objetivo no es que la gente crea en una mentira alternativa, sino que simplemente deje de creer en cualquier verdad».

—¿Es decir, que si el propio periódico anuncia en otro trabajo que «La Empresa Agroindustrial de Granos Ruta Invasora, ubicada en el municipio de Vertientes, está aprobada como una Asociación Económica Internacional», pero nunca dice a quién se asocia, debo asumirlo como «cualquier verdad»?

—Tendrás que imaginarte, por lo de «Ruta Invasora», que el socio es Rusia, y que en cualquier momento le cambian el nombre por «Empresa Agroindustrial de Granos Operación Militar Especial».

—Y si te espantan que «El Complejo Lácteo se mira por dentro», que «pasó balance a cuánto hicieron durante el 2025 y a las proyecciones que tienen para el presente año 2026», que «ocho Unidades Empresariales de Base no lograron cumplir con el objetivo número uno, referido a dar continuidad a la implementación del programa de estabilización macroeconómica, y el objetivo tres, referido al incremento de la producción nacional con énfasis en los alimentos», pero no citan el objetivo dos ni una sola cifra que avale que no fue «balance» de echarse fresco con abanico en un sillón de una funeraria, ¿tengo que creer que no es una mentira alternativa?

—Tú verás que el Balance del Complejo Lácteo será mejor en el 2027, cuando se cumpla el vigésimo aniversario del «discurso del vaso de leche».

—Todavía hay que leer cómo el politólogo mexicano Fernando Buen Abad asegura que «el aporte de Granma a la experiencia comunicacional latinoamericana no puede comprenderse como un capítulo anecdótico dentro de la historia del periodismo regional; es, más bien, un laboratorio histórico donde la palabra se asume como fuerza material y la verdad como territorio en disputa».

—¿«Laboratorio histórico»? De estupefacientes si acaso. Por aquello de alterar los sentidos y provocar sensación de euforia.

—El Granma no se queda solo en eso de actuar sobre el sistema nervioso central, ya sea excitándolo o deprimiéndolo. El Necio acaba de afirmar en las redes que si Cuba no tuviera bloqueo, «hoy fuera un Estado de bienestar a la altura de Noruega, Suecia y Suiza».

—Ya lo dijo Fidel en fecha tan temprana como el 13 de marzo de 1959: «Tenemos que tener hombres que sepan, tenemos que tener hombres capaces, tenemos que tener hombres preparados, para que nos ayuden a situar la patria entre los países más adelantados del mundo». ¿Alguna duda?: ¡ese hombre es Pedro Jorge Velázquez!

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Caricatura: Wimar Verdecia / CXC.

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