El daño antropológico y el sujeto sano: notas críticas desde la antropología política
El daño antropológico cumple una función retórica comprensible: nombra un sufrimiento real y le da forma narrativa, pero presenta (o permite presentar) ese sufrimiento como evidencia de lo que somos, en lugar de como consecuencia de lo que hemos vivido. La alternativa no es negar que exista sufrimiento, deterioro o costo psíquico bajo la dominación prolongada, sino reemplazar la pregunta totalizante: «¿está dañado este pueblo?», por preguntas más precisas y verificables: ¿qué pasa con la salud mental, la esperanza de vida, la libertad de prensa, el número de protestas, las tasas de migración, aquí y ahora?
La reforma educativa: Makarenko y el «hombre nuevo»
La educación y la cultura fueron controladas con el fin de consolidar el poder. Sin ideas propias, sin debates, la gente se traga todo lo que le dan. Así fue que, entre 1959 y 1961, el cubano no solo cambió de gobierno: cambió mentalmente. Y el que no lo hizo se convirtió en un marginal, que tuvo ante sí el exilio mientras pudo; o ser como Sergio en Memorias del subdesarrollo: un sobreviviente.
¿Qué nos pasó?
¿Cómo quedamos atrapados en una historia tan loca? ¿Cómo las familias se dividieron y los amigos pasaron a ser hipócritas y cómo los vecinos y los compañeros de trabajo nos vigilamos?
La reestructuración de los micropoderes en Cuba post 1959
¿Cuál fue el resultado de ese proyecto de «hombre nuevo»? ¿Cuál fue el tipo de sujeto político que conformó? Es una buena idea, en un día como hoy, discutir sobre ese «homo cubensis post 1959».