El gobierno cubano, ¿en busca de la paz social, o de la confrontación?
La represión puede sofocar rebeliones y restablecer el orden…, cuando no generaliza el caos. Generalizado el caos, aparece la alternativa: golpe militar o intervención extranjera. A veces siento la impresión de que nuestros gobernantes persiguen lo segundo. Pero ninguna de esas dos posibilidades es salida para Cuba, pues ninguna garantiza por sí misma la democracia y el progreso. Y ambas ponen en peligro el futuro de la república.
Cuba: ¿cuál socialismo es irrevocable?
La realidad cubana revela que el socialismo proclamado nunca ha existido: siempre fue un monopolio estatal que utilizó la retórica del socialismo sin cumplir sus fundamentos. La frase inicial del artículo 1 se convierte entonces en un postulado falaz, útil para legitimar al régimen pero vacío frente a la teoría y a la experiencia diaria de los ciudadanos. Entonces, si no hubo ni hay socialismo, ¿qué es lo que se declara irrevocable en Cuba?
¿Deberían proscribirse el Partido Comunista y otros de izquierda en un escenario de democracia en Cuba?
Todos los militantes, tanto del PCC como de su «hija», la UJC, son culpables: unos por decisión y otros por resiliencia, oportunismo, o simple omisión. La opción de no pertenecer y de no aceptar la coerción siempre han existido. Ninguna violación de derechos, por leve que sea, debería quedar impune. Pero de ahí a proscribir el partido va un buen tramo. Un sistema que discrimina opiniones políticas que no violan derechos de los demás, no es un «Estado de Derecho», ni es democrático, por mucho que lo proclame.
Desmontar el PCC sin desmontar el pluralismo
La democracia no es un eslogan de campaña, un concepto vacío o una trampa para ingenuos; ella es nuestro horizonte, el que nos permitirá superar décadas de exclusión política e impedirá que la patria sea convertida, de nuevo, en propiedad de una organización o ideología supremacista. Para lograrla, evitemos dos simplificaciones peligrosas: creer que basta con prohibir el PCC para desmontar el poder real, y confundir justicia democrática con proscripción de toda la izquierda.