¿Revolución sin fin?
El presidente Miguel Díaz Canel, al patrocinar hace poco el paquete de medidas presentadas como una posible mejora de la situación material, expresó que lo primero a salvar es la revolución. En esto no puedo estar de acuerdo, pues los procesos sociales se acometen para beneficiar a los sujetos, no al proceso en sí. Debemos preguntarnos: ¿todavía estamos en una revolución? ¿Es posible vivir en una revolución infinita?
La «piñata» de GAESA & asociados
Más allá del balbuceante rumbo de las 176 medidas, los representantes de GAESA agitan su suculento mazo de zanahorias (minerales estratégicos; turismo; puerto del Mariel y otras radas importantes al Atlántico y El Caribe; mano de obra calificada y barata,; infraestructura por reconstruir) ante las fauces hambrientas de Trump y sus amigos. ¿Será recibido por un Castro, o un castrista, en su prometida visita a Cuba siendo presidente?
El viejo dilema cubano: reforma vs revolución
Se acabó el tiempo para las reformas al uso. Si se pretende un verdadero cambio para salvar al país, hay que marcar rumbo hasta llegar al fondo. Los cambios tienen sentido si, llegados a este punto, se emplean como táctica para arribar en el menor tiempo posible al reemplazo del sistema de partido único.
Dentro del capitalismo todo, contra el poder nada
Mientras el discurso continúa apelando al socialismo, las reformas avanzan precisamente hacia su desmontaje, lo cual no es una mala noticia. Sin embargo, el resultado no es la transición hacia una democracia con economía de libre mercado abierta y competitiva, sino a un modelo híbrido, en el que la liberalización económica queda subordinada a la preservación del monopolio político. Se ha injertado en el tronco del totalitarismo cubano lo peor del capitalismo latinoamericano.
Crónica de una metamorfosis anunciada: el Cangrejo que quiere ser mariposa
Que el Cangrejo no se confunda, y que no se confundan tampoco quienes lo acechan desde las dos orillas. Si algo va a revitalizar a Cuba, si algo la ha revitalizado siempre, no es el caparazón que muda, sino el pueblo que resiste debajo, el que llegó al límite de la resiliencia y todavía está de pie. Ese pueblo no necesita que le administren la próxima apertura; necesita que, por primera vez en sesenta y siete años, nadie se la robe.