Diplomacia de resistencia: de ayer para hoy
A los activistas que actualmente realizan incidencia internacional y diplomacia contra la dictadura en Cuba, les sucede parecido a sus predecesores durante la primera guerra cubana por la independencia (1868-1878). Es complicado hacerla desde el disenso frente a un Estado establecido y reconocido en el mundo; de ahí que el estudio de la experiencia histórica puede ser útil. Lo que aquella primera gesta produjo en y desde la cultura y la diplomacia fue tan importante como las hazañas militares. Sus protagonistas, sin experiencia alguna, aportaron al arte de la negociación con fórmulas tradicionales y estilo e iniciativas propias. Así ocurre hoy.
En aquella época, las acumulaciones socioculturales trascendieron y fueron relevantes para la diplomacia. En este campo, además, todo lo concerniente y posible se puso en práctica, con variaciones lógicas considerando lo propio, lo ajeno y el contexto internacional. No todo es aplicable hoy. En la actualidad, por ejemplo, no se producen las expediciones armadas de entonces. Sin embargo, en otros muchos planos, los aportes de aquel tiempo tienen total vigencia; algunos hasta se implementan espontáneamente.
-I-
La socialización de las ideas políticas era ya sobresaliente antes de 1868. Varios hombres y mujeres involucrados en la lucha tenían presencia en los medios, desde la literatura, el ensayo, la poesía, la novela y la prosa. Sin contar a quienes dominaban otros idiomas, cultura y estudios de otros países. En vísperas del 68, Francisco Lersundi (capitán general) decía alarmado que la Isla estaba poblada de periódicos incendiarios, que, entre uno y otro perfil satírico o literario, se introducían cada vez más abiertamente en los temas políticos.
Y tenía razón, por eso, a la guerra se sumaron también muchos profesionales, escritores y poetas, quienes sobresalían en determinadas esferas y liderazgos, no tanto por su número como por su impacto. Meses después de iniciada la contienda, el nuevo capitán general, Domingo Dulce, instruyó a sus jefes de operaciones que fusilaran inmediatamente a cuantos aparecieran culpables «de traición a la madre patria», en particular «a los que tuviesen una carrera literaria». (1)
Una parte de ellos se ocupó del complejo y necesario frente de la diplomacia desde el inicio de las acciones por Carlos Manuel de Céspedes. La Asamblea de Guáimaro, en abril de 1869, institucionalizó dicho frente, y para junio ya se había establecido. Casi todos eran profesionales de prestigio dentro y a veces también fuera de Cuba. Fue el debut de una diplomacia insurgente, por los actores, objetivos y acciones que emprendieron.
Carlos Manuel de Céspedes, Miguel Aldama y Manuel de Quesada
-II-
Como toda diplomacia, atendía las prioridades de la estrategia de política exterior: obtener el reconocimiento de la beligerancia del Ejército mambí y la independencia de la Isla, representada por un Gobierno en Armas. Para ejecutarla se necesitaban instrucción y otras cualidades, pues el arte de las negociaciones y comprende «(…) los métodos que se han de emplear, los resortes que se han de tocar, las personas cuya amistad debe cultivarse, la propaganda que debe efectuarse o las gestiones directas que deben hacerse para alcanzar la meta señalada». (2) Es el «cómo» del «qué».
Aquel servicio exterior se nutrió de abogados como José Morales Lemus; profesores universitarios como José Manuel Mestre y Miguel Aldama, y escritores como José Antonio Echeverría, Enrique Piñeyro y Juan Clemente Zenea. También varias figuras letradas ocuparon la secretaría de Estado o de Exterior: Francisco M. Osorio, Tomás Estrada Palma, Ramón Roa, Salvador C. Betancourt y Juan B. Spotorno.
Era muy difícil desplegar un frente tan especializado como ese con un país en guerra, un gobierno insurgente a representar y una metrópoli que ―aunque rezagada―, era una potencia reconocida internacionalmente, con vasta experiencia política y acreditaciones oficiales en todos los países donde necesitaba trabajar el joven servicio diplomático insurgente.
Entre 1868 y 1872, fueron establecidas Legaciones y/o Agencias diplomáticas de la Republica de Cuba en Armas en diversos países: Gran Bretaña, Francia, EE.UU. En América Latina y el Caribe se tuvo presencia en Chile, Perú, México, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Nassau, Haití, Santo Domingo y Jamaica). La Legación principal estaba en EE.UU., donde radicaba el mayor número de emigrados cubanos.
Casi todas las normas del mundo diplomático de la época fueron implementadas entonces. Muchas tienen vigencia, entre ellas: comunicación oficial secreta; emisión de cartas credenciales; visitas de cortesía a personas influyentes del gobierno, los partidos políticos y otras instancias de interés; planes de influencia, de acciones comunicativas y de promoción de la cultura.
José Morales Lemus
Las orientaciones partían del Gobierno en Cuba a través de su Legación en EE.UU. Cada agente diplomático llegaba al país que le era asignado con instrucciones precisas. Entre sus funciones estaba el trabajo con los medios de prensa de cada nación, discursar ante públicos diversos, dialogar y acceder a niveles oficiales y extraoficiales. Sobresalieron en ese ámbito figuras como José Joaquín Palma, Ambrosio Valiente, Carlos de Varona, Pedro Santacilia, Manuel Ramón Fernández, Francisco Javier Cisneros, Enrique Piñeyro, Manuel Márquez Sterling, y algunos casi anónimos, como Miguel Bravo y Sentíes, Manuel Fleury, Pablo Arozemena, Dionisio Betancourt y Eduardo Cisneros.
Casi todo el trabajo se hacía en base a la solidaridad. Era muy importante cultivar relaciones con líderes de opinión y socializar juicios e informaciones que interesaba difundir sobre lo que ocurría en la Isla. La labor con los medios permitía divulgar la realidad cubana, prestigiar al liderazgo de la Revolución, las ideas que movían el proyecto y la imagen de la guerra de independencia como una contienda justa, legítima y civilizada, a diferencia de lo que hacía España.
La Independencia y La Revolución eran de los periódicos insurgentes cubanos más esperados y difundidos por los agentes diplomáticos en cada territorio. Y del país sede, lo más importante era la caracterización de los medios principales y colocar en ellos temas favorables a la causa independentista.
Algunas actividades eran frecuentes y efectivas: preparación de bazares con suvenires, materiales y objetos de interés sobre Cuba con el fin de recaudar fondos; funciones de teatro (dramas, sobre todo); trabajo con los emigrados ―tanto para apoyarlos como para incorporarlos al nuevo escenario de lucha―; asistencia a barcos de la Isla y preparación de expediciones. Muy importante fue la promoción y coordinación de encuentros entre figuras del país sede ―preferentemente del gobierno―, con cubanos que estaban de paso, aprovechando igualmente para gestionar la realización de actos políticos donde el visitante pudiera discursar ante variados públicos.
Otra misión clave era dominar la situación sociopolítica del país asignado, caracterizar a los políticos e informar sobre esos temas y la labor de influencia realizada. Asimismo, manejar eventuales crisis diplomáticas entre dicho país con otros ―casi siempre España y EE.UU.―, a causa de acciones de esos gobiernos en favor de la causa cubana. Los informes solían incluir detalles y valoraciones útiles para la toma de decisiones, así como propuestas para acelerar el cumplimiento de los objetivos de política exterior.
José Manuel Mestre Domínguez
Las condiciones en que tuvo que desenvolverse ese servicio diplomático fueron muy difíciles. Como en toda lucha, hubo tropiezos, contradicciones e incomprensiones, pero se lograron resultados importantes. Menciono tres:
Reconocimiento de la República de Cuba en Armas por los gobiernos de México, Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Brasil, El Salvador, Venezuela, Guatemala y Honduras.
Inserción en el ámbito de las relaciones multilaterales a través del Congreso de Jurisconsultos (1877), celebrado en Lima, Perú, donde el gobierno de la República en Armas participó por invitación expresa del presidente peruano, Ignacio Mariano Prado. El representante por Cuba fue el santiaguero Francisco de Paula Bravo.
Esfuerzo multilateral ―Pacto Americano (1872-1874)― para lograr la independencia de Cuba mediante negociación con España, abortado por la postura de los EE.UU.
-III-
A fines de la década de los sesenta del siglo XIX, Cuba irrumpió ante el mundo con una guerra civilizada y legítima que abonó a la cubanidad. En el ámbito diplomático, además del reconocimiento de la beligerancia y/o la independencia y el Gobierno de la República en Armas, se lograron éxitos en el trabajo con la prensa, los diálogos políticos de alto nivel, solidaridad, atención a emigrados y combinación eficaz de recursos y prácticas de la diplomacia tradicional y la emergente de los pueblos.
Hoy sobra talento y energía para hacer lo de entonces y más. Las condiciones materiales y del sistema internacional son muy superiores. Se repite la desventaja de confrontar a un Estado establecido en el sistema internacional con una política exterior muy eficaz y que está presente en más de cien países.
No obstante, actualmente no se ha conseguido establecer un núcleo rector unificado de la resistencia, como existió con el Gobierno en Armas en Cuba y la Legación en EE.UU. En consecuencia, se impone socializar prioridades, potenciar los diálogos horizontales entre sectores democráticos, diseñar estrategias y compartirlas, procurando unidad para la acción donde sea posible.
Algunas de aquellas experiencias ―tanto en lo bilateral como multilateral― se han implementado en estos años hasta por instinto y sentido común. Los resultados son notables, aunque todavía insuficientes. En países donde existen comunidades de cubanos emigrados, se dialoga y ejerce influencia sobre parlamentos, fuerzas políticas, líderes de opinión, medios, cancillerías y sociedad civil. Esto se ha hecho con éxito en Alemania, Italia, Francia, Suecia, Cabo Verde, Canadá, EE.UU., Uruguay, México, España y otros países.
Laritza Diversent, representante de Cubalex, ante la CIDH sobre la represión transnacional de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, 23 de marzo 2026.
A escala multilateral, también han tenido resultados positivos diversas organizaciones democráticas cubanas en EE.UU., América Latina y el Caribe, y Europa. Ejemplos: Parlamento Europeo, Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, y varias instancias del sistema de Naciones Unidas, especialmente las relacionadas con temas de derechos humanos. Es hora de consolidar espacios, ampliar relaciones y avanzar aprovechando la experiencia, con profesionalismo, creatividad e ímpetu.
Una estrategia coherente debe incluir siempre la difusión de la realidad de Cuba, el desmontaje de mitos y conseguir pronunciamientos/compromisos en diferentes niveles. Igualmente, marcar presencia con manifestaciones públicas, aparecer donde quiera que esté el oficialismo cubano y construir en cada país un movimiento de solidaridad alternativo y genuino, pueblo a pueblo.
Al mismo tiempo, se debe ayudar e incorporar a la lucha a los emigrados cubanos y procurar conexión de lo bilateral con lo multilateral, aprovechando que hoy todos los países pertenecen a alguna organización regional y global y estas tienen una sede en alguna capital. Hay máximas de la diplomacia que, como entonces, no se deben desconocer: evitar la exposición pública de contradicciones internas; ningún lugar o ámbito es pequeño y ninguna puerta se da por cerrada. Se actúa por el bien de Cuba y los cubanos.
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(1)Fernando Portuondo del Prado: «La cultura entre los mambises del 68», en Cultura, colonia, parte 2, pp. 138-139.
(2) Sobre esta y otras definiciones colaterales, consultar la obra de Eloy G. Merino: Historia de la diplomacia, Ed. Nacional de Cuba y Ed. del Consejo Nacional de Universidades, La Habana, 1965, pp. 13 y 15.
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Imagen principal: Sasha Durán / CXC.