El discurso en una habitación silenciosa
La población ya no se reconoce en el monólogo y cada día, cada noche, ha comenzado a construir su propia plaza pública en los márgenes digitales o en las calles de los barrios, donde el control narrativo del Estado se disuelve entre escasez y gritos de libertad.
Ante estas jornadas de carnaval
¿Será que quienes parlotean en la radio y la TV sobre un ¡verano feliz! ―con el 60% del país sin energía eléctrica por más de treinta horas seguidas― son, en realidad, turistas extranjeros que trasmiten desde suites de lujo en los cayos del archipiélago? ¿Será que quienes ponen frase tras frase y escriben páginas y páginas y se posicionan luego tras un micrófono son humoristas formados al estilo de Chaflán y Cantinflas?