Fidel, una tarea del Partido. Análisis de la serie «El siglo de Fidel»

En agosto de 2025 el sitio oficialista Cubadebate inició la serie «El siglo de Fidel», con el supuesto objetivo de honrar y mostrar la validez del pensamiento de Fidel Castro en la Cuba actual. Sin embargo, los datos descubren que la secuencia es más un asunto conmemorativo formal que un proyecto de debate e investigación, o un recurso de validez histórica. El aparato ideológico del régimen aplicó al «Comandante» la misma técnica de manipulación que durante décadas este empleara con el pueblo.

Si analizamos las trece páginas de textos, que produjeron alrededor de 128 entradas, con el empleo de técnicas de las ciencias sociales computacionales, obtenemos una serie de datos significativos. Lo primero que resulta llamativo es la distribución mensual de los trabajos, cuya desproporción evidencia un régimen de efemérides y calendario. El 27,4% del corpus se publica en un mes, y el 17,9% ―del total― en solo dos días (13–14 de agosto de 2025, a propósito del natalicio). La serie no parece responder a una agenda informativa, sino a efemérides, con picos en los meses «más patrióticos»: octubre (Jornada ideológica Camilo-Che, inicio de la Guerra de los diez años); noviembre (discurso de Fidel en la UH el 17 nov; su muerte el 25 nov.); enero (1º de enero, Martí y la marcha de las antorchas); abril (Girón), etc.

El tratamiento de «tarea del Partido» que el régimen confiere a su propio ícono no escapa tampoco de las mismas contradicciones y pérdidas de interés que las miles de tareas anteriores. Ejemplo de ello es que el «Año del Centenario» produce menos textos que el período previo. El 18 de diciembre de 2025 Cubadebate realizó la proclamación, el anuncio oficial se dio tras la propuesta del Primer Secretario del Partido y Presidente, Miguel Díaz-Canel, durante la clausura de las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En 2026 la producción cayó. De 75 artículos publicados entre agosto-noviembre de 2025, a 37 entre enero-julio de 2026. ¿Se perdió el interés o, como ha sucedido con muchas de las tareas del Partido, se reasignaron los recursos editoriales hacia otros asuntos más urgentes?

El siglo de Fidel

El análisis cronológico de los textos permite identificar en ellos un orden muy interesante, que podría agruparse en tres fases: ritual-afectiva (ago–sep 2025), antológica (sep–nov 2025), y una tercera, pendiente de los asuntos internacionales del momento, que llamaré agonística (ene–may 2026). Uno de los aspectos más interesantes de este orden es que el núcleo de ideas antiimperialista que ―al menos en teoría― constituyó la columna del pensamiento castrista, no aparece hasta la última fase.  

La serie produjo nodos conceptuales muy interesantes. De ser creados en el siglo dieciocho o diecinueve se habrían enmarcado dentro de la filosofía metafísica. Veamos algunos: «La ciencia y la cultura son obra personal del dirigente»; aquí Nietzsche sonríe viendo lo lejos que ha llegado su superhombre. «El presente repite el pasado; por tanto, el pasado da instrucciones»,¿no era Maquiavelo quien analizaba la Roma antigua para dar consejos políticos en su presente?

Dentro del abordaje metafísico-autoritario que la serie realizó de Fidel, una de las construcciones más llamativas es la de los «logros del comandante». Este autor ―y sus herramientas de análisis―, contabilizó alrededor de treinta, que abarcan casi todas las esferas de la vida material e inmaterial de la nación, pero evidencian, sin embargo, aspectos muy curiosos. La distribución temporal de los logros atribuidos tiene un enorme agujero. Ellos se concentran en los períodos 1953–1965 y 2000–2005, con un único punto de excepción en el I Congreso del PCC en 1975.

En esta línea temporal hay grandes ausentes, como la Zafra de los Diez Millones, el Quinquenio Gris, el éxodo del Mariel, la causa Ochoa, el cambio de matriz económica en el Período Especial, etc. ¿De más omite la serie? El éxodo de los balseros, empleados como método de presión política y válvula de escape a partir de 1993; los miles de presos políticos desde el mismo enero de 1959; tampoco se menciona el racionamiento o la escasez, empleada como método de control, etc.

El grueso de los «logros» son actos fundacionales, servicios sociales o reconocimientos externos. Es decir, categorías cuya verificación es, o bien tautológica ―fundó lo que fundó, independientemente de los resultados―, o bien delegada en terceros que le pidieron, agradecieron o premiaron. No obstante, en el eje agrícola-productivo solo se contabiliza una entrada, la referente al proyecto del Valle de Caujerí. Esta nos informa que el Comandante «soñó convertir a ese hermoso paraje en un Jardín productivo», o sea, se enuncia en modo nostálgico. En este apartado productivo-agrícola no hay resultados industriales o de alimentación… todos son abordados siguiendo la línea: Fidel lo pensó, lo visualizó y el pueblo lo decepcionó.

El Partido aplicó a la figura del Comandante la misma narrativa que este había aplicado a Martí, Gómez o Maceo. El tratamiento se basó en una serie de herramientas discursivas que pueden pasar desapercibidas con facilidad, por ejemplo: de las cerca de mil menciones que se hacen de él, en unas 739 se le llama por su nombre, «Fidel», omitiendo el apellido.Este uso opera en el registro de la familiaridad y la cercanía que, unido a que siempre se le aborda en presente, construye una imagen humanizada y vigente del sujeto.

Interesante resulta, sin embargo, que, a diferencia de otras producciones, en esta serie es presentado más como continuador y discípulo de Martí que como fundador. Si unimos con el hecho de que solo se le confiere el tratamiento de «líder de la revolución» en veinticuatro ocasiones, el de «mito» en una, el de «estadista» en catorce, y el de «líder histórico» en treinta y siete, ¿significa que el Partido ha construido un Fidel que no puede ser evaluado y que, por eso mismo, tampoco puede fracasar? ¿Acaso es que el PCC no necesita ya un fundador, sino un antepasado, alguien de quien heredar y no alguien con cuya obra medirse?

Si atendemos a que siempre han presentado a la «Revolución» como un proceso único que inició en 1868, entonces de acuerdo a lo analizado en este artículo ¿significa que, al colocar a Fidel como continuador, el Partido se reserva para sí el mismo lugar y convierte la legitimidad en una cadena donde siempre hay un predecesor al que invocar y nunca un resultado del que responder?

Ninguna de las interrogantes anteriores será mencionada siquiera de soslayo en el Primer Coloquio internacional «Fidel: legado y futuro». El evento, que está sesionando desde el día 10 y cuya clausura será el 13 de agosto en el Palacio de las Convenciones, ha reunido a más de trescientos participantes, entre extranjeros y nacionales, en doce comisiones. A su vez, se emplearon otros espacios en distintos lugares de La Habana. Si a los participantes directos agregamos periodistas, invitados, comité organizador, trabajadores de cada uno de los espacios y aparato logístico, estamos en presencia de un gasto más que millonario en un país donde las personas ya ni siquiera cuentan con agua potable.

Una tarea del Partido, al más puro estilo de los cientos de derroches anteriores que sumieron a Cuba en la miseria, se perfila en el horizonte. Pasará agosto y pasará la efeméride. Los textos quedarán en un archivo digital que nadie relee, los certificados de participación en alguna gaveta, y será el pueblo quien sufragará, con más penurias, los tremendos gastos ocasionados. El siglo de Fidel resultó ser, exactamente, el tiempo que tarda un hombre en destruir un país.

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Imagen principal: AP Photo / Charles Tasnadi.

Aries M. Cañellas Cabrera

Licenciado en Filosofía e Historia. Profesor e investigador.

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