A 5 años del 11J: una tormenta perfecta

El 11 de julio de 2021, decenas de miles de cubanos se lanzaron a las calles en pueblos y ciudades a lo largo y ancho de la Isla, en una demostración de poder cívico sin precedentes. La extensión, articulación y masividad de las protestas sacudieron no solo los espacios físicos, sino también la mentalidad de la ciudadanía, y generaron una tendencia ininterrumpida desde entonces. Las dinámicas consecutivas y escalonadas de las protestas le confirieron a este hecho, sin lugar a dudas, el carácter de una auténtica insurrección nacional noviolenta.

El 11J se gestó por la acumulación de crisis económicas, sanitarias y sociales que erosionaron el orden monolítico del régimen. La ineficacia del sistema, que dio paso a una crisis permanente en todos los órdenes, junto al crecimiento progresivo del descontento y el desafío popular, terminaron por generar lo que se conoce como «tormenta perfecta», término meteorológico adaptado a fenómenos sociales y políticos, que describe «una situación en la que una crisis o evento negativo se agrava drásticamente debido a una combinación excepcionalmente rara o inusual de circunstancias».

Una investigación del Centro Latinoamericano para la Noviolencia con motivo del quinto aniversario del 11J, arrojó resultados reveladores sobre la ocurrencia del mismo y las posibilidades de acciones similares o incluso de mayor envergadura en el futuro.

  • Acciones previas

Otros elementos que alimentaron esta tormenta perfecta acontecieron producto de la acción ciudadana en sí. Los sucesos del Movimiento San Isidro y la manifestación del 27N frente al Ministerio de Cultura, fueron dos de los más notorios. En febrero de 2021 se lanzó la canción «Patria y Vida», que revirtió el lema oficial «Patria o Muerte» y se convirtió en un himno coreado en las protestas que creó una identidad común alternativa, más allá de postulados políticos o ideológicos.  Al construir una plataforma accesible de encuentro ciudadano, contribuyó de forma decisiva a forjar un sentido de pertenencia que allanó el terreno a la acción conjunta por parte de los manifestantes.

  • Quiénes protestaron

No hubo un único líder u organización política detrás de las manifestaciones, sino que participaron personas autoconvocadas de todas las edades, estratos sociales y razas. Esto demostró que no es necesaria la existencia de rígidas estructuras u organizaciones formalmente constituidas para generar un movimiento noviolento de grandes proporciones, una tendencia alineada con los movimientos de cambio en el mundo post moderno, como sucedió un año antes en Perú (2020), o el caso más conocido recientemente, Nepal (2026).

  • Cómo protestaron

El 11J surgió de manera espontánea, pero se desarrolló de forma articulada. No es posible movilizar a decenas de miles de personas al mismo tiempo sin la existencia de estructuras conectadas entre sí. Aunque no fue convocado por ninguna organización específica, la información sobre las protestas se diseminó en tiempo real a través de grupos de WhatsApp conformados como peñas deportivas, musicales, literarias, etc. Una de las características más dignas de destacar fue su carácter indiscutiblemente noviolento. Los manifestantes se adhirieron a códigos de disciplina noviolenta empíricamente establecidos, a pesar de que, debido al carácter espontáneo de la protesta, no habían sido previamente capacitados en cómo manifestarse sin recurrir a la violencia.

  • Rol de las comunicaciones

La interconectividad entre los diferentes escenarios de protesta fue clave en crear réplicas de lo sucedido en San Antonio de los Baños a nivel nacional, en tiempo real. La proliferación de videos de decenas de personas en las calles compuso un efecto de torbellino que empoderó a los ciudadanos en otras localidades a imitar el ejemplo, lo que redundó en el paso casi inmediato de una protesta local a una protesta nacional.

Si tomamos en cuenta que las herramientas de conectividad (teléfonos móviles, laptops, antenas privadas) se han incrementado exponencialmente en los últimos cinco años, nos encontramos que las condiciones materiales para articular un nuevo 11J en Cuba son hoy en día incluso más propicias que en 2021. Las líneas móviles han crecido de algo más de 7 millones en 2021 a 8,14 millones de conexiones activas en 2026. Esto representa una penetración de aproximadamente el 74,5% de la población, con cerca del 94% de los usuarios accediendo a Internet. El crecimiento de la telefonía móvil en la isla ha mantenido un avance constante, superando dificultades económicas y logísticas.

Durante las protestas, la empresa de software Psiphon reportó que aproximadamente 1,4 millones de usuarios únicos diarios en Cuba utilizaron su plataforma para eludir la censura. Esta cifra representa cerca del 20% de los internautas cubanos en ese entonces.

  • Ofensiva ciudadana

La primera línea de defensa del régimen, las organizaciones políticas y de masas ―CDR, FMC, UJC, etc.―, fue completamente rebasada por la masividad de los manifestantes. La segunda línea, compuesta por la policía (PNR), también se mostró inefectiva. En numerosos videos se observa a policías contemplando pasivamente a quienes marchan; en otros se ve a manifestantes confrontando verbalmente a policías y reclamando su derecho a marchar, sin que estos tomen acción directa. Debido a esa realidad, el régimen se vio forzado a recurrir a militares y tropas especiales para contener la marea popular.

Un rasgo distintivo y altamente empoderador del 11J  fue su capacidad de generar, por espacio de más de veinticuatro horas, un evento ganador para la ciudadanía.

  • Contra-respuesta ciudadana y fortalecimiento del carácter de protesta

Los datos demuestran que, lejos de amedrentar e impedir nuevas protestas, la represión desatada por el régimen incrementó el malestar ciudadano y desató una oleada de protestas que ha ido in crescendo a partir de julio de 2021. Según informes del Observatorio Cubano de Conflictos (OCC), la cantidad de protestas y manifestaciones de descontento ha mantenido un crecimiento sostenido y exponencial desde el estallido social del 11 de julio de 2021. En total, entre julio de 2021 y mayo de 2026, el OCC ha documentado más de 37,000 eventos de protesta y disenso en la Isla.

Las protestas de los últimos años cuentan con una definición más precisa de sus objetivos, con demandas de «corriente», «comida» junto a las de «libertad» y «abajo la dictadura», entre otras. El caso más notorio en tiempos recientes fue el ocurrido en la ciudad de Morón, provincia de Ciego de Ávila, cuando sus habitantes penetraron en la sede del Partido Comunista, destruyeron computadoras e incendiaron su mobiliario. El local fue prácticamente ocupado desde la noche del viernes 13 de marzo de 2026 hasta la madrugada del sábado 14 de marzo de 2026.

  • Adaptabilidad al terreno y ajustes sobre la marcha

Un análisis de la muestra de acciones reflejada en la base de datos de la ONG Justicia 11J, evidencia que la forma más frecuente de manifestarse es el cacerolazo, con un 29.43% del total de incidencias; seguido de la pintada de carteles (19.08%). La forma menos utilizada de protesta es el enfrentamiento físico con las autoridades, con un irrisorio 0.42%.

Aunque dichas cifras no son absolutas ni definitivas, revelan una lógica auto-aprendida sobre cómo conducir conflictos en las circunstancias actuales. El análisis de la matriz de riesgo y escalada de las acciones muestra una disminución creciente de las protestas individuales, en función de eventos de grupo o masivos.  La comunicación interpersonal se está convirtiendo en el pilar más sólido de la protesta en Cuba, y su herramienta más usada. Cuando estas comunicaciones traspasan las fronteras de personas, municipios, y provincias, articulan de forma natural un movimiento nacional.

Lecciones Aprendidas

El 11J dejó múltiples lecciones sobre el estado actual del control estatal sobre la sociedad y el papel de la tecnología en la movilización ciudadana. Entre las más valiosas se cuentan:

  1. Sí se puede: El pueblo cubano tiene la voluntad, capacidad y disponibilidad para llevar a cabo protestas de largo alcance y participación

  2. Politización de la ciudadanía: Las protestas no fueron solo por hambre o medicinas; fueron actos profundamente políticos donde se exigieron derechos y libertad.

  3. Transversalidad social: Se evidenció que el descontento es generalizado, e involucra a jóvenes, intelectuales, artistas, líderes religiosos y residentes de barrios populares históricamente marginados.

  4. La tecnología como herramienta de democratización: El espacio virtual permitió la toma de decisiones en tiempo real. Las redes interconectadas suplantaron a las estructuras verticales, siguiendo el patrón de activismo en el mundo postmoderno.

  5. Punto de partida, no de llegada: Contrario a lo que se esperaba tras la represión masiva, la conflictividad social en Cuba no ha disminuido, sino que ha crecido exponencialmente.

La importancia del 11j radica en que marcó un antes y después en participación social en Cuba, al trasladar el activismo, del plano virtual e intelectual, al plano físico. El cambio del carácter social de la población, que se ha inclinado hacia la protesta noviolenta como herramienta idónea para obtener cambios, ha redefinido las relaciones entre gobernantes y gobernados. Existe un nuevo tipo de ciudadano, que conoce cómo operar en el espacio virtual, aprovecharlo para impulsar sus demandas, y trasladarlas al espacio físico.

Al movilizar a decenas de miles de personas en todo el país, el 11J mostró su capacidad de visibilizar demandas diversas como: economía, libertades y servicios públicos. Aunque esto era un proceso que venía en marcha, marcó un hito porque la oposición dejó de ser un ejercicio de élites para convertirse en un ejercicio de masas, condición que todavía prevalece y, además, se encuentra en franco ascenso.

Aunque las manifestaciones posteriores no han tenido la magnitud masiva y simultánea del 11J, el número y continuidad de las mismas demuestra que el descontento no se detuvo. El aumento de la conectividad, tanto entre pares dentro de la Isla como desde la Isla hacia el exterior, ha conformado una plataforma informal de conexión ciudadana que allana el terreno para la continuidad de las protestas.

A cinco años del 11J, las causas que originaron el levantamiento nacional noviolento no solo persisten, sino que se han agravado. Esto empuja a un número cada vez mayor de personas desde las zonas de apatía o indiferencia hacia zonas de activismo. Se han producido miles de mini 11J desde 2021 hasta el presente, por lo que la probabilidad de un nuevo evento macro a nivel nacional es cada vez más cercana. Una nueva tormenta, posiblemente más perfecta, se está gestando a diario dentro de la Isla.

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Imagen principal: Sasha

Omar López Montenegro

Fundador del Movimiento Pro Derechos Humanos en Cuba y presidente del Centro Latinoamericano para la Noviolencia.

https://www.facebook.com/omar.lopez.montenegro
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