La Letra del año, una mirada desde la antropología
El ceremonial conocido como Letra del año, propio del complejo Ocha-Ifá o santería, más que un suceso únicamente religioso, se convierte en fenómeno de relevancia sociocultural en Cuba, tanto para practicantes como para personas en general. En dicha ceremonia se devela, a través de la interpretación de los oddu, el consejo que da Orula en el orden conductual y en el proceder de acciones de tipo ritual. Además, se predicen o vaticinan sucesos que podrían ocurrir colectiva e individualmente.
La secuencia ceremonial de La letra del año «habla» acerca del destino de los seres humanos para nuestro país y el resto del mundo en un lapso temporal de 365 días. En la actualidad, en la Isla se sacan fundamentalmente dos letras: la de la Casona (lugar donde se realiza la ceremonia, sita en Calzada de 10 de octubre # 1519, entre Josefina y Gertrudis, en La Habana) y la de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba (ACYC); aunque es conocido que, por ejemplo, en la Sociedad El Cristo, de Palmira, también se ha dado a conocer una letra para este año.
El nacimiento de la ceremonia se enmarca, según la tradición y la historia oral, a fines del siglo XIX por Remigio Herrera; fue continuada por Tata Gaitán a inicios del XX, y seguida en los ’50 por Bernardo Rojas, cuya muerte, acaecida en 1959, profetizaba el fin y comienzo de otro ciclo. El contexto socio-político posterior, hostil a toda práctica religiosa, conllevó la pérdida de la ceremonia hasta el año 1986, en que se recupera por el esfuerzo de varios olúos. Así se instituye la Comisión de la Letra del año Miguel Febles Padrón (Awó Oddi Ka, uno de los babalawos más famosos de Cuba), que ha llegado a conocerse como La Letra de la Casona.
La Casona de 10 de octubre, sede de la Comisión de la Letra del Año Miguel Febles Padrón. (Foto: Tomada de Facebook)
Dos letras: la Asociación Cultural Yoruba de Cuba vs La Casona
En los años ’90, cuando fue creada la Asociación Cultural Yoruba de Cuba (ACYC), dicha institución inició su propio ceremonial de la letra del año. Esto resultó confuso para algunos, aunque la diversidad y la polisemia son rasgos característicos del complejo Ocha-Ifá, y es ahí donde está su vitalidad. No obstante, la inmensa mayoría de las personas suele regirse por la letra de la Casona; mientras que su homóloga es percibida como «dictada desde el gobierno» y representativa de la oficialidad religiosa institucional.
A pesar de ello, en el año 2015 se unieron ambas letras en una. De tal modo prometían conciliar las diferencias, pues la ACYC, en su mayoría, está regida por el Ifá criollo, mientras la de la Casona, en general, tiende al Ifá africanista. Esa divergencia fue el origen de contradicciones que condujeron, en 2019, al cisma entre las referidas instituciones.
Tabla con resumen de las letras. Confeccionado por la Comisión de la Letra del Año Miguel Febles Padrón.
La letra de la Casona es hoy reconocida como la letra «del pueblo», pues casi todos los practicantes son de la opinión de que es «donde Ifá habla la verdad». Al respecto, el Awó Lázaro Cuesta, quien preside la comisión, empezó este año la conferencia de prensa con las siguientes palabras:
«La Comisión organizadora Miguel Febles no tiene compromiso de ningún tipo con nadie, solo con Ifá. Nosotros no estamos respaldados por ninguna institución del Estado porque todos los gastos de esta ceremonia salen del bolsillo de cada uno de los miembros. (…). Nuestro objetivo es salvar desde la verdad de Ifá a los que nos escuchan, no es agradarle el oído a nadie, sino develar lo que dice Ifá».
Pasado, presente y futuro en las letras del año
El ritual de «atefar» es una práctica geomántica contentiva de numerosas ceremonias y ritos previos. Los oddu, signos del acto interpretativo, son cuatro, como es usual en cualquier otra lectura a través del sistema Ifá. Un primer oddu, regente y que centra la problemática; el segundo oddu, que cuenta la causa de la problemática; y el tercero, que es la consecuencia. Luego hay un cuarto oddu, que dictamina la sentencia de Olofi y es el que cierra el «toyale» o consulta; el mismo está conformado por la primera pata del primer oddu y la segunda pata del último. De todos, obviamente, el más relevante es el primero.
Babalawo atefando. Ilé ocha de Matanzas. (Foto: Jenny Pantoja)
Unido a ello está la oración profética, que determina el estado en que nos encontramos frente al problema: «iré» (bien) u «osogbo» (mal). Aunque el oddu regente es sumamente importante, el que cierra el toyale puede inclinar, en un sentido u otro, la balanza de lo que sobrevendrá.
Al respecto, tanto en el año 2024 como en el 2025 se percibe similar comportamiento: se repite el oddu 1 (regente) igual que el 4 (cierre). Al inquirir a los babalawos acerca de esta repetición del regente, advirtieron que conllevaría una fuerza mayor de tipo negativa para la predicción, ya definida desde el osogbo. En ambas, además, el último signo es el mayor de todos, vaticinando la imposibilidad de vencer el problema.
Año 2024
El año 2024 se caracterizó por una agudización de la pobreza, tal como habla Iroso Umbo, fundamentalmente por impagos, pues el protagonista de la historia no paga sus deudas. La desarmonía generada por la pobreza en aquel momento fue explicada como aumento de los indigentes, de los sectores vulnerables y de otras calamidades. Se insistió en la higienización de la ciudad o nos veríamos expuestos a epidemias. Hablaba del aumento de problemas sociales y del aplastamiento de los débiles por los poderosos.
Año 2025
Para el 2025, al cerrar el toyale con Eyiogbe, similar al 2024, vuelve a estar la lectura en desarmonía y es indicativa de la falta de organización del gobierno y de todo el país. Además, se repite el signo regente: Eddibere. Se vaticinó que el apego al pasado o a la negación de la transformación y el cambio nos llevaría a una propagación de los males sociales y expansión creciente de la pobreza. Asimismo, se insistió en que la falta de higiene produciría la propagación de epidemias y numerosas muertes.
El pasado año y a propósito de ser Eddibere, el regente, el signo de la suerte, el Olúo Lázaro Cuesta indicaba: «Cuba era un país con suerte, era un país próspero. A pesar de los males políticos y sociales de determinados momentos, éramos uno de los países más ricos del continente, siempre se avanzaba. Esta se perdió por hacer las cosas mal y hay que rehacerlas, pero de diferente manera porque si la persona no cumple, tiene pobreza y esclavización».
El cierre del toyale, similar al signo regente, fortalece la parte negativa del mismo. El año finalizado confirma lo vaticinado en Ifá: sin cambios, tendremos iguales resultados.
Profecías para el 2026
Ifá habla de sucesos desencadenados en forma de proceso, concatenados unos a otros. Como sistema mágico-religioso, nos habla en parábolas y por analogías; con historias cuyos protagonistas son seres humanos, vivos o muertos, y otros seres: animales, plantas, cosas o elementos de la naturaleza. Todo «nos habla» en Ifá. Los babalawos descifran «los númenes del destino» conjugando todos los elementos. Visto así, habría que tener esperanzas.
Conferencia de prensa en La Casona, 2 de enero de 2026. (Foto: Jenny Pantoja)
Año 2026
Como puede verse en el diagrama, sucede lo mismo que con las letras de los dos años anteriores. Es decir, el oddu que cierra el toyale es el mismo primer oddu o regente, por tanto, al estar osogbo, habrá un incremento de las condicionantes negativas de que habla el signo.
Ofún Nagbe, el oddu regente, es signo de disputa por dinero, de guerra y enfrentamiento y de grandes desastres, no solo para Cuba sino para el mundo. En general, es un oddu de grandes pérdidas, de todo tipo: de la estabilidad social, de propiedades, económicas, de salud. Al respecto, Cuesta dice: «Hace más de cinco años que estamos hablando de sanear la ciudad y el país, sin embargo, no ocurre».
También los babalawos alertan sobre guerras entre personas o países. Estamos en presencia de un oddu violento, y Oggun, el oricha regente, también lo es. Mandan a tener paciencia y diplomacia. No obstante, vaticinan el aumento de guerras, violencias sociales, robos y atracos.
Esta interpretación, llevada desde la lectura como proceso, indica que no podemos recoger frutos si en años anteriores no se ha realizado lo prescrito por Ifá. Como en 2024 y 2025, también en 2026 cierra el toyale Eyiogbe, el oddu mayor de los 256 oddu de Ifá. Este plantea la resolución de las problemáticas desde «las cabezas», desde los rectores de cualquier estructura. Es el oddu que dirige y nos alerta de la falta de organización a todos los niveles de la vida social. Esto es aplicable a cualquier nivel existencial: el ser humano, la familia, una institución, el gobierno, la sociedad; porque sin cabeza es el caos y eso no rinde frutos. Una sociedad o país cuyo gobierno no sepa dónde se dirige ni cómo solucionar los problemas, lleva a toda la nación a la crisis, al caos.
La presencia de Eyiogbe cataliza la negatividad de Ofún Nagbe, por lo que deberán esperarse desastres sociales en Cuba y el mundo. Todo es consecuencia de uno de los mayores actos de prevaricación en nuestro país: todo se deja para después, y el oddu viene anunciando que no hay tiempo. «La solución de muchos problemas está en los mandatarios, de Cuba y de otros países», nos dice el Awó Víctor Betancourt. Y Cuesta lo reafirma:
«La letra del año tiene la capacidad de advertirnos, pero los dirigentes, que son los que tienen la capacidad de resolver los problemas, no le prestan atención a lo que expone o le prestan atención a aquello que les conviene (…) Llevamos advirtiendo y hoy, más de un 50 % de la población padece enfermedades que no pueden ser tratadas».
Conjuntamente el signo «habla» de accidentes, incendios, mayores problemas de viviendas y, por lo tanto, con el hacinamiento y la pésima higienización aumentarán las enfermedades y las pérdidas de vidas humanas. Igualmente «habla» de inundaciones y pérdidas por viaje a través del mar.
Una de las cuestiones que llama la atención en la oración profética, es la pérdida (ofo) laitoshu otonoguá; es decir, por incumplimiento o falta de disciplina. En el mundo de Ocha-Ifá, Otonoguá está enmarcado muchas veces en la comprensión de los practicantes como: por mandato divino o por la mano de Dios. Al respecto, Lázaro Cuesta explica que Dios no es quien genera el mal o la pérdida; sino que el incumplimiento de todo lo que se ha venido diciendo a lo largo de años por parte de todas las personas, es la causa de que tengamos que enfrentar este año grandes pérdidas. Es la consecuencia ―digamos causa-efecto―, de un proceso acumulativo de males en todo sentido.
«No podemos echarle la culpa a Dios, sino a las malas acciones de los seres humanos (…) cuando hace años, recomendamos que venía el diablo, nadie hizo nada, ni el gobierno, ni las personas, nadie hizo nada. (…) Y no tenemos miedo a decir la palabra gobierno porque este va formado por individuos que desde las altas esferas debieron hacer lo que tocaba. Entonces, ellos también son responsables. No estamos atacando a nadie; sino que cada quien debe asumir el desastre que el pueblo está viviendo. (…) y por eso había que explicar lo que es otonoguá; porque entonces todos saldrían de aquí diciendo que la desgracia y la pérdida es culpa de Dios».
Cuesta enfatizó en la importancia del equilibrio, la mesura y la no imposición de criterios de unos sobre otros, porque de esa manera estamos condenados al fracaso. La diplomacia, la unión, el escucharse unos a otros desde la diferencia, es lo que puede traer soluciones. «Dios manda a cada persona a la tierra a cumplir una función, desde su espacio, desde su lugar y en la comunidad de todos los criterios diferentes es que está la solución de los problemas», reiteró, afirmando así la relevancia del diálogo.
Integrantes de la comisión de la letra del año Miguel Febles Padrón. (Foto: Jenny Pantoja)
En la conferencia de La Casona se insistió en el refrán «Asegura bien la cerca por si halan el bejuco». Según Lázaro Cuesta, podemos caer o perder a manos de otro más poderoso. «La razón de la fuerza está en el criterio de todos», afirmó Cuesta, quien plantea que habrá disputas entre poderosos que perjudiquen a un tercero, y cada cual debe acomodarlo a su situación o lugar social.
El Awó Víctor Betancourt, por su parte, apuntó la presencia de Eyiogbe, que llama al orden, la razón, la verdad y que es el oddu que más ha salido en la Letra del año, lo cual se explica en gran medida por el caos actual.
Sabiamente Cuesta finalizó:
«En un combate, la verdad y la mentira fueron encerradas en un cuarto oscuro, combatieron y se decapitaron. Entonces cada una tomó erradamente la cabeza de la otra. Y desde entonces, la verdad y la mentira están hermanadas en cada uno de nosotros. Por ende, debemos reflexionar. Mientras no camines por el lugar que debes no vas a llegar a tu destino (…) Y esta es la verdad de Ifá y la verdad debe prevalecer por encima de todas las cosas».
Pudiéramos vaticinar que la guerra y el desastre del primer oddu, Ofún Nagbe, solo pueden ser resueltos desde la aceptación de la responsabilidad individual a todos los niveles. La urgencia planteada desde Oggunda Masá es clara como necesidad común frente a la exclusión política y social en el país. La claridad e inteligencia de Eyiogbe deberán prevalecer a través del diálogo entre todos. Como dice Oggunda Masá: «en la unión está la fuerza». La responsabilidad es de todos; los derechos y los deberes también.
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Imagen principal: CiberCuba.