—¿Te acuerdas del que fue dueño de la bodega hasta que se la expropiaron en el 68 cuando la «ofensiva revolucionaria»? Hay un runrún de que a su nieto le arrendarán próximamente esa esquina a raíz de la «necesidad de modernizar, de actualizar el comercio minorista del país».

—Ya oí a la vecina ironizando con que son síntomas de la «ofensiva contrarrevolucionaria». «La desinformación a menudo se presenta como rumores verosímiles que explotan miedos concretos de la población».

—Tengo el miedo concreto de que estés hablando como un recién graduado de la Escuela Superior del Partido.

—La frase no es mía, es del periódico superior del Partido, en un artículo titulado «Fabricación de tendencias: elementos para la simulación del consenso», escrito por un tal Capote.

—¿Truman?

—No. Este se llama Raúl Antonio. Enuncia las cosas «a sangre fría». Según él, «modelos de IA generativa como Chatgpt, Midjourney, dall-e, etc., permiten producir texto, imágenes y video en cantidades masivas y a bajo costo, lo que posibilita la saturación del ecosistema informativo con contenido sintético. Esa saturación permite crear realidades alternativas mediante narrativas fabricadas desde cero, sin necesidad de hechos reales y sobre todo, fatigar al público. Está demostrado que la sobreabundancia de información contradictoria genera fatiga cognitiva y desalienta la búsqueda de la verdad».

—¿No es precisamente la saturación de nuestro ecosistema informativo con contenido demasiado sintético el que lleva a que la gente se fatigue, se sofoque, con solo prender el televisor y constatar que nos ofrecen una realidad alternativa fabricada desde cero?

—«La repetición sistemática de narrativas que presentan al gobierno, los medios públicos y las instituciones científicas como incompetentes o mentirosos, genera un déficit de credibilidad que no siempre puede contrarrestarse con información veraz».

—¿Y cuál es la información veraz que debo consumir en aras de contrarrestar lo que nos repiten sistemáticamente?

—La que suministra el Ministerio de Comercio Interior. En un diálogo televisivo sobre el comercio, la gastronomía, los servicios y su transformación a partir del nuevo marco normativo, un asesor del organismo fue claro al ilustrar que «el funcionamiento normal del sistema ha sido impactado por esas medidas».

—¿Alguna vez el sistema ha tenido un funcionamiento normal?

—No se refiere al sistema como sistema, sino al de comercio y la gastronomía.

—Uno no funciona, el otro menos.

—Y viceversa, pero no vamos a filosofar sobre eso. El compañero quiso quedar bien con todo el mundo, oye lo que comenta: «No es un secreto para nadie que el sector padece de un grupo de irregularidades en su funcionamiento, asociadas a indisciplinas, a chapucerías, a malas prácticas, que están ahí, que son evidentes, aunque me parece también importante reconocer el esfuerzo, el trabajo que muchos trabajadores a lo largo y ancho del país realizan para que en todos estos años se haya hecho lo que se hizo».

—Destimbalar el comercio y la gastronomía.

—«Eso no niega (repitió) que no reconozcamos que hay irregularidades de ese tipo, aunque también hay buenas prácticas».

—Ah.

—«El sector, históricamente, ha tenido que adaptarse, reinventarse».

—Imagino que hable de que es difícil encontrar un administrador que no se haya comprado un carro, una moto, una casa. Son muchos los que, como «buena práctica», viven del reinvento.

—Se refiere a otras prácticas. La vicepresidenta del Grupo de Alimentos del Mincin explica: «Cuando se aperturó a los nuevos actores, empezamos a crear estructuras. Nosotros, por ejemplo, en el 2019 aperturamos las tiendas “mercabales”». Menudo plural se manda ella del nombre que le espantaron al mercado mayorista.

—Debes aperturar el grupo de alimentos de tus neuronas para entenderla.

—«Hay una transformación esencial en el caso del comercio, que es aquella que se refiere a la modificación de la gestión administrativa estatal, priorizando la forma de gestión no estatal y la inversión extranjera», salió en su defensa el otro. «Reconocemos que el mercado esta ahí, tiene sus reglas, pero no podemos olvidarnos de la brújula de la política».

—Me priva esa definición. Me privatiza, vaya.

—«Estamos hablando de gestión, no de propiedad. Parece lo mismo, pero no lo es».

—El mismo collar con diferente perro.

—Ese pesimismo tuyo lo explica el periodista del Granma: «Un elemento importante es la construcción de la “desesperanza” mediante la narrativa de que “nada va a cambiar”, lo que induce una actitud de pasividad y resignación que desmoviliza políticamente».

—Me declaro políticamente desmovilizado.

***

Imagen principal: Wimar Verdecia / CXC.

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