Aula tiñosa
Los alumnos de la escuela primaria Batalla de Hídeas hemos estado atentos al llamado del Estado, el Partido y la Revolución para que el curso que se avecina se avecine de la mejor manera partiendo del estado en que se encuentra la Revolución. Incluso aquellos que no hemos estado atentos, recibimos los rumores de que algo grande se trae entre manos la ministra con ese recorrido por todo el país en momentos en que no hay combustible ni para andaduras menos extensas.
De ahí que nos comprometamos a prestar atención a las pocas clases presenciales que se nos impartan a ver si entendemos antes de que termine el curso qué quiere decir que «se constaten las estrategias implementadas para atender las necesidades identificadas y asegurar, dentro de las posibilidades existentes, las condiciones indispensables para recibir a los estudiantes y trabajadores», y nos quede claro que vale la pena «intercambiar con autoridades y representantes del sector sobre las principales prioridades para la etapa, con énfasis en la búsqueda de soluciones ante las dificultades y en el compromiso de garantizar la continuidad del proceso educativo».
A las puertas de un nuevo período lectivo, y sin puertas en algunas de nuestras aulas, asumimos «el reto de avanzar en su preparación, conscientes de que, aun en circunstancias adversas, la educación continúa siendo una responsabilidad esencial» hasta para los irresponsables esenciales que nos gobiernan.
Si «compleja era también la situación en los años sesenta del siglo pasado y, sin embargo, a pura llama de farol o de candiles, unos 300 000 cubanos, muy jóvenes en su mayoría, llevaron luz de conocimiento, por medio de la alfabetización, a más de 700 000 personas, tras convertir en aulas infinidad de locales, así como el interior de viviendas, incluyendo humildísimas casas de madera o yagua con techo de guano y piso de tierra», lo de hoy no tiene comparación: ya quisiéramos en nuestros humildísimos contenedores con techo y piso de material ferroso contar con un farol o un candil recargable para cuando se vaya por treinta o más horas la luz… del conocimiento.
Tomamos nota de que «la alimentación constituye otra de las preocupaciones principales. En las instituciones seminternas e internas que iniciarán sus actividades están aseguradas las condiciones básicas, aunque las coberturas varían entre territorios. Hay centros con recursos para quince días, otros para veinte y otros donde todavía se trasladan suministros». Hemos consultado con nuestros padres y declaran con absoluta responsabilidad que también para ellos la alimentación constituye la principal preocupación, pues no hay cobertura de las condiciones básicas ni para una semana.
Ya que «las medidas adoptadas tienen un denominador común: preservar la continuidad de la educación mediante una mayor flexibilidad y aprovechamiento de los recursos disponibles, sin aplicar soluciones uniformes allí donde las condiciones son diferentes», nos preguntamos: ¿se aplicará alguna solución al tema de los uniformes? Aplaudimos que «los estudiantes puedan asistir con su pañoleta aunque no tengan el uniforme», y que «las escuelas deberán ser flexibles y no podrán imponer determinadas combinaciones de colores o vestimenta a quienes no dispongan de las prendas reglamentarias», pero pedimos que se sea más tolerante y se apruebe la iniciativa de confeccionar pañoletas a cuadros, con flores o con personajes de mangas y cuentos infantiles. En definitiva, tal y como dice Yudelkis Ortiz Barceló, primera secretaria del Partido Comunista de Cuba en Granma, «el diseño del nuevo curso debe aplicarse con el concepto de “traje a la medida”».
Nos ha dado una felicidad tremenda el anuncio de que «se continuará trabajando en un soporte digital junto con el Ministerio de Comunicaciones», sobre todo porque sabemos que aun en medio de tantas dificultades, y de la reciente caída en Pilón de un presunto meteorito, los especialistas de Etecsa hacen un esfuerzo mancomunado por mantenernos al tanto de los terremotos.
La ministra ha insistido en que «el principio de que nadie quede atrás debe convertirse en una respuesta concreta». La concreta, compañera Naima Trujillo Barreto, es que va a ser bien difícil quedarnos más atrás de lo que estamos. Usted asegura que «pese a las circunstancias complejas, se trabaja para garantizar un curso digno y sostenible». Si alcanzar la dignidad se torna bien complejo, imagínese sostenerla.
«Este no es el curso escolar de Educación ni del Ministerio de Educación. Este es el curso escolar de todos». Buena esa. Como «entre el primero y el siete de septiembre, el calendario escolar contempla jornadas de reflexión sobre el proyecto educativo, con participación de las familias y de las organizaciones pioneriles, con la intención de que cada institución pueda construir y compartir una propuesta acorde con sus condiciones», que estas «tendrán efectos sobre la calidad integral de los servicios educativos que tradicionalmente ha ofrecido el país», y que «el propósito es reducir al mínimo ese impacto mediante decisiones flexibles, respuestas diferenciadas y una evaluación permanente», nosotros, veladores del futuro de la nación, conscientes de que nuestro futuro no está en la nación, y reflexionando profundamente sobre el proyecto educativo, proponemos cerrar la escuela y quedarnos en nuestras casas. Total…
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Imagen principal: Wimar Verdecia / CXC.