La boca agua

—¿Se puede recuperar la agricultura en Cuba?

—¿Me lo preguntas a mí?

—Es la interrogante que hicieron el otro día en la televisión. Me resulta interesante que la utilización del verbo «recuperar» dé por sentado que en algún momento el campo se hizo improductivo y se fue a bolina el concepto de que la tierra, si se utiliza bien, premia con frutos.

—Si se utiliza para sembrar. Pero aquí se han hecho tierra tantos planes… Nada más hay que recordar uno de los últimos que se le ocurrió al Comandante: el de los plátanos microjet. Pensó que iban a florecer los racimos como el verbo encendido con que anunciaba que íbamos a convertirnos en exportadores solo por caer una gotica de agua, otra gota y muchas más sobre esa planta musácea.

—Se le fue la musa tan musáceamente…

—O yendo más atrás, cuando paralizó el país, cerró fábricas y oficinas en función de cortar caña para sacarle diez millones de toneladas de azúcar a todos los cogollos, solo porque le salió de sus cogollos.

—A partir de entonces nos fuimos yendo cada vez más para atrás.

—Íbamos a superar al resto del mundo en consumo per cápita. Íbamos a comer tanto, tanto, tanto…

—Mira que comimos, sí.

—…que se me hace la boca agua.

—Sentí envidia por esos especialistas cuando los vi disertar sobre el tema ante las cámaras. Fueron tan entusiastas con lo que se avecina tras el «desate de las fuerzas productivas» que ya está ahí, al doblar de la esquina, tras transformaciones que «vienen de un proceso de construcción participativo desde la base desde hace varios años», que oye lo que dijo uno de ellos para explicar que «no se está improvisando»: «Una norma jurídica tiene un carácter de regulación y también de control. Por lo general nos concentramos más en que la norma dice “esto no se puede hacer, esto se limita hasta aquí, esto llega de esta manera”, y eso es lo que usamos después a la hora de controlar. Si hay un carácter regulador de la norma, mi criterio es que siempre nos hemos concentrado más en ese carácter que en el otro, que también caracteriza las normas jurídicas, y en este caso, cuando usted las lee, respira más ese carácter, que es el de incentivar».

—Clarísimo: lo que hemos sufrido hasta hoy son problemas de carácter.

—«Este es el camino, esta puerta se abre, esta vía nueva existe. Tú no podías participar, ahora puedes participar. Todas las normas que implementan las transformaciones son muy motivadoras, son muy incentivantes y rompen todos los muros para que los diversos actores de la economía puedan hacer».

—¿Y quién tenía cerradas las puertas? ¿Quién impedía que los diversos actores de la economía pudieran participar?

—Imagino que Batista.

—Es una suerte que no esperaran al centenario de la Revolución para darse cuenta.

—Es incentivante constatar todo lo que ha avanzado el pensamiento cubano en los últimos años. Cuando fui a la transcripción ofrecida en Cubadebate de la susodicha perorata, me enteré de que uno de los ponentes, demostrando su sabiduría, alegó que ya se hablaba de socialización de la producción «no recuerdo si en el tomo III de El Capital de Carlos Márquez».

—«Un fantasma recorre Europa: el de los correctores de Randy», hubieran escrito en su momento Engels y… Márquez.

—Y Canel. Se ha sumado al debate declarando ante la FAO que «Cuba ha convertido cada desafío en una oportunidad para acelerar transformaciones estructurales que fortalezcan nuestra resiliencia. Estamos impulsando cambios profundos para fortalecer la producción nacional de alimentos. Pocas naciones enfrentan retos tan complejos. Y pocas demuestran, como Cuba, que es posible seguir avanzando aún bajo condiciones extraordinariamente adversas».

—Porque seguimos avanzando, que no te quepan dudas.

—Lo único comparable con la velocidad con que avanzamos hacia el futuro es la nave Voyager 1.

—¿Te refieres a «Voyacoger los mandados», esa que venimos utilizando desde que se instaló la libreta de abastecimiento?

—Hablo de la lanzada en 1977 por la NASA. Según sus cálculos, el próximo 18 de noviembre estará a unos 25 900 millones de kilómetros de la Tierra.

—Cien millones de veces la distancia entre La Habana y la entrada a Santa Clara por la Autopista.

—El equivalente a un día luz.

—Todavía muy lejos de nosotros: Cuba ha logrado que cada uno de sus habitantes disponga al mes de dos días luz.

* * *

Imagen principal: Wimar Verdecia / CXC.

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